francisco brines
a punto de un viaje en cocheLas ventanas reflejan / el fuego de poniente / y flota una luz gris / que ha venido del mar. / En mí quiere quedarse / el día, que se muere, / como si yo, al mirarle, / l
aceptaciónSaliste a la terraza / pensando que la brisa de la noche / podría devolverte al que eres siempre. / Mas la tibieza que en tu cuarto había / era un ámbito ,allí, baj
aceptación en la terrazaSaliste a la terraza / pensando que la brisa de la noche / podría devolverte al que eres siempre. / Mas la tibieza que en tu cuarto había / era un ámbito allí, bajo
alocución pagana¿Es que, acaso, estimáis que por creer / en la inmortalidad, / os tendrá que ser dada? / Es obra de la fe, del egoísmo / o la desolación. / Y si existe, no importa no
amor en agriento(Empedócles en Akragas) / Es la hora del regreso de las cosas, / cuando el campo y el mar se cubren de una sombra lenta / y los templos se desvanecen, foscos, en
amor en agrigentoEs la hora del regreso de las cosas, / cuando el campo y el mar se cubren de una sombra lenta / y los templos se desvanecen, foscos, en el espacio; / tiemblan mis
aquel verano de mi juventudY qué es lo que quedó de aquel viejo verano / en las costas de Grecia? / ¿Qué resta en mí del único verano de mi vida? / Si pudiera elegir de todo lo vivido / algún
balcón en sombraPudo ser un repentino brillo de los ojos, / el casi imperceptible movimiento de una mano, / o el dulce quiebro de la voz, advirtiendo / que ha llegado a los labio
causa del amorCuando me han preguntado la causa de mi amor / yo nunca he respondido: Ya conocéis su gran belleza. / (Y aún es posible que existan rostros más hermosos.) / Ni ta
con fríoCuando he llegado a casa, desde el cielo / iba cayendo mucha lluvia, suaves / son las primeras lluvias del otoño. / Largo tiempo he asistido a su caída / sobre la t
con los ojos serenosEn esta hora lívida de la primavera, al caer la tarde, / después de una reciente lluvia, las flores / brotan en el jardín / claras y misteriosas, / y oigo carreras
con quién haré el amorEn este vaso de ginebra bebo / los tapiados minutos de la noche, / la aridez de la música, y el ácido / deseo de la carne. Sólo existe, / donde el hielo se ausenta,
conversación con un amigoSe me ha quemado el pecho, como un horno / Por el dolor de tus palabras / Y también de las mías. / Hablamos del mundo, y desde el cielo / Descendía su paz a nuestro
cuando yo aún soy la vidaLa vida me rodea, como en aquellos años / ya perdidos, con el mismo esplendor / de un mundo eterno. La rosa cuchillada / de la mar, las derribadas luces / de los hu
de «el barranco de los pájaros»I / Delante estaba el monte, la mañana / buscaba con su luz el acto viejo / de hallar el mundo en ella, más arriba / la cumbre. Se verían los lejanos / caminos y las
dentro de la mortaja de esta casa…Dentro de la mortaja de esta casa / en esta noche yerma con tanta soledad, / mirando sin nostalgia lo que en mi vida es ido, / lo que no pudo ser, / esta ruina exte
despedida al pie de un rosalSi no hay conocimientos en las cenizas / dejémoslas caer en la belleza frágil / de este rosal que tiembla en el otoño. / ¿Amar, qué significa, si nada significa? /
despedida de un cuerpoLa ciudad se confunde con el campo / bajo la luz de las estrellas. Andas, / penetras en el frío descampado, / y aún flameas la mano. Muy oscuro / es el silencio que
después de la infanciaI / Al terminar los juegos / nos quedábamos todos tan cansados / que se olvidaban de mi corto nombre. / Me retiraba entonces de la casa / al secreto lugar. / Allí se os
el ángel del poemaA César Simón / Dentro de la mortaja de esta casa / en esta noche yerma con tanta soledad, / mirando sin nostalgia lo que en mi vida es ido, / lo que no pudo ser, / e
el ciego deseoso recorre con los dedos…El ciego deseoso recorre con los dedos / las líneas venturosas que hacen feliz su tacto, / y nada le apresura. El roce se hace lento / en el vigor curvado de unos
el curso de la luzTrajo el aire la luz, / y nadie vigilaba, pues la robó en el sueño, / se originó en las sombras, / la luz que rodó negra debajo de los astros. / Casa desnuda, seno
el dolorLa niña, / con los ojos dichosos, / iba -rodeada / de luz, su sombra por las viñas- / a la mar. / Le cantaban los labios, / su corazón pequeño le batía. / Los aires de la
el más hermoso territorioEl ciego deseoso recorre con los dedos / las líneas venturosas que hacen feliz su tacto, / y nada le apresura. El roce se hace lento / en el vigor curvado de unos
el porqué de las palabrasNo tuve amor a las palabras; / si las usé con desnudez, si sufrí en esa busca, / fue por necesidad de no perder la vida, / y envejecer con algo de memoria / y algun
el reloj y la muerteLento voy con la tarde / meditando un recuerdo / de mi vida, ya solo / y para siempre mío. / Y en el ciprés, que es muerte, / reclino el cuerpo, miro / la superficie bl
elcaYa todo es flor: las rosas / aroman el camino. / Y allí pasea el aire, / se estaciona la luz, / y roza mi mirada / la luz, la flor, el aire. / Porque todo va al mar: / y
elegía a m. b.No salvo tu continuidad, / la unidad de tu ser / que fue tan vigorosa. / Y me esfuerzo. / Salvo, en la red, algún pecio / informe, / fragmentario, / aunque no más que el
en el cansancio de la nocheEn el cansancio de la noche, / penetrando la más oscura música, / he recobrado tras mis ojos ciegos / el frágil testimonio de una escena remota. / Olía el mar, y el
en la república de platónRecuerdo que aquel día la luz caía envejecida / en los fértiles valles extranjeros, / contemplada, desde la cumbre del mediano monte, / por mis ojos cansados. / Los
en un mismo espejoLa luz se ha retirado del espacio, / y en la nieve se queda. Las montañas / dejan caer sus fatigadas sombras / en los valles. Y alguna llama late, / tan lejana y ta
encuentro en la plazaEstaban en la plaza, rodeados / por la luz inclinada de la tarde, / cerca de las estatuas. / Los jóvenes, tendidos junto al muro, / sumíanse en el tiempo. / Y él se s
epitafio romano«No fui nada, y ahora nada soy. / Pero tú, que aún existes, bebe, goza / de la vida…, y luego ven.» / Eres un buen amigo. / Ya sé que hablas en serio, porque la ama
es la hora del regreso de las cosas…Es la hora del regreso de las cosas, / cuando el campo y el mar se cubren de una sombra lenta / y los templos se desvanecen, foscos, en el espacio; / tiemblan mis
esplendor negroSólo una vez pudiste conocer aquel Esplendor negro / e intermitentemente recuerdas la experiencia con vaguedad, / aproximaciones difusas, inminencias, / y así, de
este reino, la tierraNo importa que el amor / ya esté caído, / con tanto daño encima. / Ni que el tiempo, ese fuego, / se te quede / detrás de ti humeando. / Sabes que este es su reino. / Tam
junto a la mesa se ha quedado soloJunto a la mesa se ha quedado solo, / debajo de las vigas, en penumbra / los muros. Los naranjos arden fuera / de luz, y el mar de velas blancas, suben / encendidos
la cerradura del amorSoluciona la noche con monedas: / pagas así la cama. / Mas aquello por lo que tanto dieras / (o quizás dieras poco): / la promesa del cielo (que es lo eterno) / o est
la mano del poeta (cernuda)I / Y recordé la mano muerta de la muchacha egipcia, / tras el cristal expuesta, en el vario y caótico museo de la ciudad, / contemplada por los turbados ojos de
la piedad del tiempo¿En qué oscuro rincón del tiempo que ya ha muerto / viven aún, / ardiendo, aquellos muslos? / Le dan luz todavía / a estos ojos tan viejos y engañados, / que ahora vu
la rendija en la sombraYa está todo dispuesto, / hay un reloj que marca detenidas / las doce no solares, / la casa está vacía y no hay valija ya que prevenir; / en la estación la niebla a
la sombra de la tierra va creciendoLa sombra de la tierra va creciendo, / sube los aires, y la noche queda / sobre el alto tejado de la casa. / Se ensombrece el naranjo, y azahares / huelen por el de
la sombra rasgada¿Pero cómo saber, sin la mirada, / la hermosura del bosque, la grandeza del mar? / El bosque estaba tras de mí; lo conocían / mis oídos: el rumor de sus hojas, / la
la última costaHabía una barcaza, con personajes torvos, / en la orilla dispuesta. La noche de la tierra, / sepultada. / Y más allá aquel barco, de luces mortecinas, / en donde se
la vieja leyAma la tierra el hombre / con gran fuerza, / por una ciega ley del corazón. / Todos los hombres saben / que un día han de llorar / de amor por ella. / La ley del corazó
ladridos jadeantes en el céspedLadridos jadeantes en el césped / le hacen mirar, con el calor el día / va rodando a su fin, y de las rosas / sube un olor y una inquietud constantes. / En el silen
lamento en elcaEstos momentos breves de la tarde, / con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés, / o el súbito posarse en el laurel dichoso / para ver, desde allí, su mundo cot
las últimas preguntasEn el acabamiento de la tarde, / cuando hacía el camino, / he llegado de pronto ¿a dónde? / La noche que ha caído, / tan repentina y negra, me impide ver, / y sólo sé
lastimoso enamoradoQuejoso, lastimero, en la lívida / luz del día, me topas. De la noche / tú regresas cadáver, y apresuras / tu inanidad: tiemblas, lloras, maúllas. / Anegados están
le detuvo la nocheLe detuvo la noche, / la transparente oscuridad del cielo / caía en la colina. / Sintió en el pecho el bosque, / la fuerza incontenible de su altura, / y el paso de l
los actosRubores, rostros, movimientos, cuerpos, / la línea transparente que desune / la piel y el aire; los sedientos humos / que aniquilan los labios, las mejillas, / y en
madrigal nocturnoTus nocturnos cabellos de oro, racimillos de uva, / vericuetos de la paciencia y asombros del espejo, / ¿cómo usar de ellos, pues que sin pensamiento, aún vano,
mere roadTodos los días pasan, / y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura, / con su calzado y ropa deportivos, / yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras sube
mi resumen«Como si nada hubiera sucedido.» / Es ése mi resumen / y está en él mi epitafio. / Habla mi nada al vivo / y él se asoma a un espejo / que no refleja a nadie.
mis dos realidadesEra un pequeño dios: nací inmortal. / Un emisario de oro / dejó eternas y vivas las aguas de la mar, / y quise recluir el cuerpo en su frescura; / pobló de un son d
muros de arezzoDentro de aquella descarnada iglesia / la nave era una sombra, cuyo aliento / era un vaho de siglos, y en la hondura / vimos la luz sesgando el alto muro. / Y el su
museo de la academiaAtan sus manos, con un lienzo de hilo / le cubren la cintura; torso de oro, / feliz, hermoso, para quienes miran. / Está flechado el cuerpo, huele a rosas / la sala
no es vano andar por el camino inciertoNo es vano andar por el camino incierto / de un extraño país, si con la tarde / se acercan las muchachas para verte / pasar, y se enamoran. Oh, tú escoge / la que d
no hagas como aquelDivinizó a Antinoos. / y así, ayudado en la plegaria ajena, / lo pudo retener en el recuerdo, / mantuvo su dolor. / Al fin, sólo mendigo y hombre. / Sé más pagano tú,
nocturno del jovenEl hombre, entre los árboles, medita / con pasión sus recuerdos. Le rodean / sombras profundas, silenciosas alas / oscuras, más arriba los viejísimos / astros. Pien
oscureciendo el bosqueToda esta hermosa tarde, de poca luz, / caída sobre los grises bosques de Inglaterra, / es tiempo. / Tiempo que está muriendo / dentro de mis tranquilos ojos, / mezcl
otoño inglésNo para ver la luz que baja de los cielos, / incierta en estos campos, / sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra, / a las hojas asciende y las abr
palabras para una despedidaA Juan Gil-Albert / Está la luz despierta, / y se adentra en los ojos el contorno del monte, / y el grito de los pájaros desvanece el oído / al venir de los húmedos
palabras para una miradaMiras, con ojos luminosos, / mientras hablo, los míos. Los cabellos / son fuego y seda, / y el rosa laberinto del oído / desvaría en la noche, / acepta las razones qu
palacio del otoñoHablar de esta ciudad, en la que alojo / mi espíritu y mi cuerpo, / sería hablar de soledad y de pobreza. / Y hay un rumor de viento que levanta, / sin luz, oleadas
plaza en veneciaEs vasta la alegría, / y fresca, y ruidosa; / pero cuando el dolor / abre sus alas, / se agita más la vida. / Cuando nacemos, alguien, / al repartir los dones, / la semil
reencuentroHe bajado del coche / y el olor de azahar, que tenía olvidado, / me invade suave, denso. / He regresado a Elca / y corro, / no sé en qué año estoy / y han salido mis pa
se me ha quemado el pecho, como un horno…Se me ha quemado el pecho, como un horno / Por el dolor de tus palabras / Y también de las mías. / Hablamos del mundo, y desde el cielo / Descendía su paz a nuestro
solo de trompetaCuando ya las miradas de todos se conocían vagamente, / a través de las pupilas nubladas por el alcohol, / de aquella música confusa, de la penumbra de aquel hu
sombrío ardorNo como las estrellas, que dan luz, / mas también incontables cual los átomos / que habitan negros en las hondas cuevas, / los encuentros del cuerpo, sin amor, / só
sucesión de mí mismoEs ardiente el pasado, e imposible: / breve noche de amor conmigo mismo. / F. B. / Al aire del jardín / la cama está revuelta de sábanas y luna, / y en ellas está el
todavía el tiempoOyendo aquí los pinos, miro el cielo; / mis ojos, inocentes; soy el niño / que se esconde a mirar y oír el mundo, / a sorprender la noche cómo roba. / Sigo oyendo l
todos los días pasan…Todos los días pasan, / y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura, / con su calzado y ropa deportivos, / yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras sube
tránsito de la alegríaSube, cae tu voz, / se mueve el sol, nos besa. / Y en la vida del aire / se renuevan las hojas, / cantan pequeños picos / desde las ramas altas. / Es la luz, es la vida
un aire en la terrazaPaseo en la terraza / y es un mayo de sol, de azul / sosiego, de cantos en las ramas / y de súbitos vuelos, / agua que suena en mis oídos / porque cae en el agua, / y h
un rastro de felicidadEn esta hora lívida de primavera, cuando cae la tarde, / después de una reciente lluvia, las flores / brotan en el jardín / claras y misteriosas, / y oigo carreras
una sonrisa en bellagioAquella travesía / del lago me incitaba / pensamientos adustos / que iban, desde mis ojos, / a las ramas del bosque / oscuro. Escarpadas / eran las dos riberas, / el ciel
vísperas y memoriasAl hostil corazón se le ha poblado / de designios felices su latir, / en la ajena ciudad donde ahora vive. / He querido volverlo a la memoria / de estaciones pasada
¿es que, acaso, estimáis que por creer?…¿Es que, acaso, estimáis que por creer / en la inmortalidad, / os tendrá que ser dada? / Es obra de la fe, del egoísmo / o la desolación. / Y si existe, no importa no