No importa que el amor
ya esté caído,
con tanto daño encima.
Ni que el tiempo, ese fuego,
se te quede
detrás de ti humeando.
Sabes que este es su reino.
Tampoco lo amas más
si, a veces, dudas
la existencia del otro.
La alegría, el dolor,
toda tu vida,
se hizo a su semejanza.
Por eso amas la tierra.
Si callas su voz oyes,
con acento
que tendrás cuando mueras.
Quieres ser fiel, decir
en tus palabras
su verdad, y no sabes.
Ahora vives, espera.