PAIS POEMA

Libros de josé de diego

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josé de diego

a españa
I / A través del Atlántico desierto, / veo tu imagen, que la niebla esfuma, / rígida hundirse entre la blanca espuma, / Cristo yacente en el sepulcro abierto. / ¿Has muerto? — Sí. — Como Jesús has muerto, / p
a laura
Laura mía: ya sé que no lo eres; / mas este amor, que ha sido flor de un día, / se olvida a solas de que no me quieres / y, en medio de mi bárbara agonía, / ¡te llama a gritos, con el mismo grito / de aquel
a un perseguido
¡Ah, desgraciado si el dolor te abate, / si el cansancio tus miembros entumece: / Haz como el árbol seco: reverdece; / y como el germen enterrado: late! / Resurge, alienta, grita, anda, combate, / vibra, on
a una coqueta
Una leyenda, tu azarosa vida; / tu espíritu voluble, una dolora; / tu boca un madrigal es que atesora / la dulzura en sus frases escondida. / Es de tu frente la risueña aurora / idilio tierno que al amor co
abre la palma sus verdes banderas…
Abre la palma sus verdes banderas / y en el ambiente de paz de la altura, / como una araña de fúlgido oro, / sube a través del ramaje la luna. / Bajo el dosel de la noche florida, / Sirio en la sombra palpi
aguadilla
De las selvas y las ondas / se alza el pueblo en el regazo, / junto a las arenas blondas, / bajo las oscuras frondas, / como en un perpetuo abrazo / de las selvas y las ondas. / Coronadas de banderas, / erigen
al guaraguao
Guaraguao, que giras en círculos negros de hondas espirales. / Guaraguao largo y obscuro, / guaraguao largo y obscuro de garras de corvos puñales, / y pico azuloso y duro / de sierra, / guaraguao largo y ob
aleluyas
Caballeros del Norte mirífico y fecundo, / también el centro es parte de la bola del mundo. / Por una loca audacia de la extensión esférica, / estas pobres Antillas son un poco de América. / En el princip
amor niño
Hay muchos que se figuran / que el amor no más existe / para los hombres de veinte / y las mujeres de quince; / pero tendrán por sabido, / los que su infancia analicen, / que hay Abelardos de doce / y Eloísas d
amor rimado
¿Cartitas a mi en verso? ¡Vade retro! / Es forzado el amor en verso escrito / y no estaría bien que el dios chiquito / del viejo Apolo pretendiera el cetro. / Si en buena prosa tu cariño impetro, / no en ma
antiguas consejas…
Antiguas consejas / dicen el trabajo / que cortó do un tajo / al pueblo de Tejas. / ¡Con qué desparpajo / las costumbres viejas / promueven hoy quejas, / de Tejas abajo! / El caso es jocundo, / pero todo tiene / fuer
anverso y reverso
¡Quién sabe, Blanca María, / lo que hay detrás de esta página, / si epitafio de un sepulcro / o inscripción de una esperanza; / si el nacimiento de un pueblo, / o la muerte de una raza!… / Ya por campos y por
aquí tienes ¡oh, patria! lo que no se pierde…
Aquí tienes ¡oh, Patria! lo que no se pierde, / porque está por el cielo con tu nombre estampado / en tu insignia primera: / «un escudo verde / e dentro del un Cordero plateado, / encima de un libro colorad
arbor day
¡Plantad el germen, niños portorriqueños! / En el valle profundo y en la alta sierra, / de sus nobles entrañas la madre tierra / hará surgir el árbol de los ensueños. / No busquéis el aroma, bravos pequeñ
arte poética
Una leyenda, tu azarosa vida; / tu espíritu voluble, una dolora; / tu boca un madrigal es que atesora / la dulzura en sus frases escondida. / Es de tu frente la risueña aurora / idilio tierno que al amor co
avatar
I / Palidece el sol latino… / y un eco de angustia suena, / como en desierto que atruena / y levanta el torbellino. / Cierra el mar todo camino, / la ola se desencadena,
bandera
De la fantasía, / no es una quimera / la noble bandera / de la Patria mía. / El pueblo que ansía, / el pueblo que espera, / de un siglo cualquiera / se ufana y se guía. / Un pañuelo al cielo / se despliega y arde, /
bandera antillana
La santa bandera de Santo Domingo / tiene una cruz, / una cruz blanca, que parte en cuarteles / la enseña divina de rojo y azul, / y graba en los vientos el «hoc signo vincis» / que vio Constantino en el ci
bandera de flores
Me enviáis, gran señora, / vuestra radiante enseña, / trece rígidas franjas, / cuarenta y siete estrellas. / Me decís noblemente / que por mía la tenga: / Señora, perdonadme, / la mía es más pequeña… / * / Os vi la
cosas divinas
Según dicen, de Dios son las esposas / las castísimas sores del convento, / y, se lo digo a Dios como lo siento: / ¡tiene algunas esposas muy hermosas! / Pero suceden por desgracia cosas / en tal o cual div
cuando el planeta se abre en pedazos…
Cuando el Planeta se abre en pedazos / y se derrumban montes y sierras / a cañonazos; / cuando entre cielos, mares y tierras / Satán agita sobre los pueblos enloquecidos sus rojos brazos / vos, en la cumbre
de la cuna en que la vida su primer fulgor prolífico…
De la cuna en que la Vida su primer fulgor prolífico / irradió sobre las olas resonantes en un cántico, / ya las madres aguas vienen por la cumbre del Pacifico, / ya las madres aguas vienen por la cumbr
de mi vida
Prendido lo vi cuando estaba el carpintero / el nido trabajando con su agudo puñal / y era un ronco y constante picotear de acero / en el tronco astillante de la palma real. / Mecientes de las auras el so
de tu pueblo en los azares
De tu pueblo en los azares, / ora, Carmelita, ora / y escuche Nuestra Señora / esta voz en sus altares: / —Santa Virgen de los mares, / aquí muere una Isla bella; / revívela y alza en ella, / como bandera celes
desde la noche en que fue por tu mano
Desde la noche en que fue por tu mano / nuestra bandera agitada gloriosa, / en el coro del «Himno Antillano», / viene acercándose el lucero lejano / y trae un perfume, que parece una rosa…
dios provee
I / De un buque trasatlántico velero, / que hendía el mar con su tajante quilla, / cantaba amargamente, en la toldilla, / un zorzal de mi tierra, prisionero. / El áureo pico traspasó el acero, / cedió al dolo
dios y satán
Hace algún tiempo que Satán impío / riñe con Dios en portentosa brega, / y a cada instante oscila la refriega / entre el uno y el otro poderío. / ¡El globo -dice Dios- el globo es mío! / y al globo el diabl
donde quiera que mires ¡oh poeta! al azar…
Donde quiera que mires ¡oh Poeta! al azar, / de la vida recoge la figura más bella, / en el río una onda, en el cielo una estrella, / una rosa en el campo y una perla en el mar. / Donde quiera que escuche
el cañón más grande alcanza trece millas…
El cañón más grande alcanza trece millas… / disparadlo vertical hacia la altura, / y en el fondo del espacio sin orillas / brillará la Eternidad indemne y pura. / Allí está la única fuerza que dirige / de l
el pueblo inerme que sumiso calla…
El pueblo inerme que sumiso calla, / lanza, al fin, su protesta poderosa, / como la oscura nube silenciosa, / llena de estruendo y luz, se abre y estalla. / Surge el blanco adalid: rompe la valla: / sus pla
el toque primero…
El toque primero / suena en la campana, / de la escuela emana / coro vocinglero. / Un himno extranjero / vibra en la mañana: / sobre una ventana / párase un jilguero. / Quédase escuchando, / juzga desatinos / las not
el “canto de las piedras”
Hay un sitio en las costas de Aguadilla / al pie de una montaña de granito / y a poco trecho del lugar bendito / en que duermen los muertos de la Villa / un sitio entre las rocas, do se humilla / la onda qu
el “ojo de agua”
Con los rumores de su eterno coro, / brota la fuente de la peña dura … / ¡el “Ojo de Agua” que, en su cuenca oscura, / de un cíclope en prisión derrama el lloro! / en tanto salta el surtidor sonoro / por la
en el pecho clamoroso del profundo bombardino…
I / «¡Tierra!» / En el pecho clamoroso del profundo bombardino / hay acentos modulados de la lengua castellana / y en la flauta y en la lira vibradora y en el trino / y en el bronce palpitante de la cóncava
en la cumbre
Estoy en pie en la cumbre: absorta queda, / fija en el precipicio la mirada… / ¡Qué años negros ofrece esta jornada, / a los treinta malditos de Espronceda! / Cuando este día ante la noche ceda, / ¿quién di
en las orillas de los viejos ríos…
En las orillas de los viejos ríos, / que llevan sus corrientes rumorosas / por los bosques recónditos y umbríos, / nacen las pomarrosas / pálidas, escondidas, aromosas, / lejos del sol, como los versos míos
en opuestas direcciones
En opuestas direcciones / nos lleva el destino, Herminia… / tú, en el sepulcro de Washington, / ruega a Dios por nuestra Isla. / Que yo, como peregrino, / voy a otra tierra bendita, / ¡a orar a Dios por mi Pa
en un cataclismo…
En un cataclismo / terrible y violento / una Isla su asiento / clavó en el abismo. / Y fue que Dios mismo / realizó el portento… / sin consentimiento / del Imperialismo. / Esto pasó un día / y lo han contemplado / mu
flores moradas me envías
Flores moradas me envías / con sus cuatro hojas en cruz… / ¡Qué hermosas para los días, / para estos días sin luz, / en que por el aire zumba / la tormenta que nos hiere! / ¡qué hermosas para la tumba / de la P
fuerzas irresistibles
Cantando va la Musa de la Tierra, / cantando va la audaz locomotora, / que difunde, con voz atronadora, / todo el poder que el Universo encierra, / si oscura masa el horizonte cierra, / sus entrañas graníti
gozoso iría al martirio
Gozoso iría al martirio / y a la muerte, / por que tus manos de lirio / tuvieran la dulce suerte / de agitar sonora y fuerte, / triunfante, fuerte y sonora / como el ala de un cóndor / ¡la bandera redentora / de
julio
El César contigo rigió el Calendario: / y abriste las alas en pos del Planeta, / la cumbre escalaste del gran Sagitario / y en lo hondo del tiempo vibró tu saeta. / Pasó oscurecida por un milenario, / brill
la bandera cubana
Tu insignia es el reflejo de tu historia / de dolor y de luz: tienes en ella / los dorados fulgores de la Estrella, / los azules caminos de la gloria. / Pero tienes también, como en memoria / de la terrible
la borinqueña
¿Qué alma, llorando su infeliz destino / dentro del himno popular se agita, / al ascender la música infinita / en el fondo del aire cristalino? / Vibra en la flauta el prolongado trino, / la tempestad en el
la canción del múcaro
Múcaro, múcaro, múcaro / tu carcajada profunda / va resonando en la noche / como un rosario de angustia. / órgano de los crepúsculos / que en el follaje te ocultas, / te estoy oyendo sin verte, / pero estás en
la confesión
Llegó Purita, y al mirarse ufana / junto al confesionario de rodillas, / besó del armatoste las rejillas / y los pliegues también de una sotana. / Aunque el frío tenaz de la mañana / le dejó las mejillas am
la epopeya del cordero
Mas no fue en la penumbra del otero… / en una Isla alumbrada / por el sol tropical, gime el cordero, / con una cruz al cielo levantada… / Y un león extenuado, viejo y fiero, / que le guardaba, en desigual c
la fuerza nunca extinta de los seres…
La fuerza nunca extinta de los seres / que en el silencio del sepulcro yacen, / emerge por los tallos de las flores / y sube por las venas de los árboles. / Por eso tiemblo ante las blancas rosas, / y aspir
lanzó el cacique belicoso grito…
I / Lanzó el cacique belicoso grito, / al avanzar de la española quilla, / pero dobló indefenso la rodilla / ante la Cruz del Redentor bendito. / Y en las propias murallas de granito / que alzó a su ilustre p
magnis vocibus
Trágicamente bella, en pie sobre una roca, / de un rictus doloroso contraída la boca, / tiende hacia el mar los brazos, trémula y delirante, / y al mundo de su raza en su clamor invoca / ¡una pobre Isla i
maría de pacheco
Aun flotaba, en la atmósfera sangrienta / de los batidos campos de Castilla, / el último suspiro de Padilla / el último rumor de la tormenta. / De muerte herida, la viuda alienta / y a los verdugos de la pa
me enviáis, gran señora…
Me enviáis, gran señora, / vuestra radiante enseña, / trece rígidas franjas, / cuarenta y siete estrellas. / Me decís noblemente / que por mía la tonga: / Señora, perdonadme, / la mía es más pequeña… / * / Os vi la
ni una sola vez doblegué la frente…
Ni una sola vez doblegué la frente, / en ningún trance me amparó la huida, / y me batí caballerosamente / con todos los dolores de la vida. / Con mi bandera en lo alto de mi lanza, / decidido y tenaz, como
no tengo, don alonso, tu rígida armadura…
No tengo, don Alonso, tu rígida armadura, / tu resistente escudo, tu poderosa lanza, / pero voy a buscarlos por la escondida altura, / en un secreto rumbo que ignore Sancho Panza. / Ofrézcote el prodigio
octavas de corneta
¿Esta es la hora de tañer amores, / al suspirar de flautas y violines, / o la hora del tronar de los tambores / y el rígido rugir de los clarines? / Sed como los heraldos, trovadores, / que llamen a los fue
pájaro verde
Había en España un convento rural, / donde un fraile estuvo, en éxtasis santo, / diez años oyendo la gloria del canto / de un ave escondida en un robledal. / Desde que en mis ojos brotó el primer llanto / y
pan y vino
Surge, a un replique modulado en trino, / del misterio floral en que reposa, / la blanca Eucaristía, blanca rosa / emergente del Cáliz purpurino. / La espiga recibió el Cuerpo Divino, / pero la vid su sangr
patria
¡Oh, Patria! Eva sublime, / hostia del alma, cáliz de la vida, / ¡quien olvida de ti, de Dios se olvida! / ¡quien comulga en tu templo, se relime! / * / Llamad en el abismo más oscuro: / si la fe no responde,
perseguida en el aire cristalino…
Perseguida en el aire cristalino, / huye el ave del bosque a la espesura; / desciende al fondo de la mar oscura / el pez, que siente arriba el torbellino. / Hunde en la carne su aguijón más fino / la víbora
plácida cantilena…
Plácida cantilena / que fluyes, como la onda cristalina / sobre la blanda arena, / como la onda divina / de la oración del alma campesina! / Ni el gorjeo del ave, / ni el bramar de la fiera en ti se siente, / s
political status
Un Águila cerníase, de los espacios dueña, / con el pico de acero y de oro el corazón, / el rayo entre las garras y en el pecho la enseña / del símbolo magnánimo de una constelación. / Fascina desde lejos
póstuma
Austeramente vengo, ¡Oh, noble y pura / sombra!… / A una distancia inconcebible / del punto de la vida y del espacio / que nos unió en la tierra, en veinte giros / con que avanzó en la eternidad, ahora / aust
profecías
Amaba las repúblicas pequeñas, / con el amor de la ciudad nativa, / Rousseau inmortal, el hijo de las ondas / del lago azul y de las selvas líricas / que bajan de los Alpes, donde triunfa / cumbre de libert
pueden, sin verse, las palmas
Pueden, sin verse, las palmas / amarse en el viento: igual / pueden, sin verse, las almas / amarse en el ideal.
rayos de luna
Aquí, en el mar insomne, cual mi anhelo, / busco la paz, el sueño busco en vano… / su fulgor lanza lívido y lejano / a luna muerta… ¡oh soledad del cielo! / Tiembla en la onda, que ilumina, el rielo, / el r
renacimiento
¡Tal vez de aquellas noches tan oscuras, / de aquellos días de tremenda saña, / vendrá el renacimiento, que acompaña / a todas las inmensas desventuras! / En el fondo de aquellas sepulturas / en pueblo tien
roja y amarilla…
Roja y amarilla / la hispana bandera, / parece una hoguera / que cambia y que brilla. / ¿ Por qué maravilla, / si se hunde guerrera, / nace otra altanera / donde ella se humilla? / Sublime es su duelo / que deja en
sendas
¡Caminos desiertos, / humildes caminos, / que abrieron cansinos / los pies de los muertos! / Senderos inciertos / de los campesinos… / ¡sendas de destinos / aún no descubiertos! / Bajan a los llanos, / desde los al
si como tenemos mujeres hermosas
Si como tenemos mujeres hermosas, / tuviéramos hombres de almas valerosas, / divina Raquel, / podría escribirte rimas victoriosas, / no en este papel; / en una bandera tejida con rosas, / teñida con rosas / ¡co
sol eterno
Tenían una cueva los indios quisqueyanos, / tan profunda que iba del Globo a las entrañas, / y sus rudos criptogramas de leyendas extrañas / dicen que el Sol glorioso nació de sus arcanos. / ¿No era el So
sombra lejana de un frenesí…
Sombra lejana de un frenesí, / antigua sombra que viene y va, / pensaba en ella, cuando la vi, / pálida y triste como ahora…. / Cerca del lecho, fijos en mí / aquellos ojos marchitos ya, / era la misma que es
sueños y «volantines»
«El Cerro de las Animas benditas» / se llama un montecillo de mi pueblo; / extraño nombre que le dio la gente / – según afirman los que saben de ello – / porque, como se eleva en grácil curva / precisamente
tu nombre
Dulce es tu nombre en nuestro dulce idioma; / suena en las preces del fervor cristiano, / y es verso en el lenguaje soberano / con que aun nos habla en su sepulcro Roma. / De un pie latino la cadencia tom
tú serás, hija mía
Tú serás, hija mía, / la Musa de la brava poesía / del ideal ibero americano; / Tu serás la Hipatía / del verbo castellano. / Yo conozco tu numen; todavía, / todavía es temprano; / pero en la cumbre de tu excel
tus rimas son brillantes y sonoras
Tus rimas son brillantes y sonoras, / como el agua que viene de los cielos… / ¡Cantas la dulce libertad que adoras / y de tu Patria lloráis / la suerte impía y los injustos duelos! / ¡Consuélate, mujer! La
viejo estandarte de la tierra mía…
I / Viejo estandarte de la tierra mía, / noble bandera de tendidas llamas, / en cuyo centro luminoso indemnes / los feudales castillos se levantan; / tú que, en gloriosas luchas, estampaste / sobre tu escudo
ya viene
La desterrada vuelve, porque anhelan / dar música solemne a sus oídos / las tórtolas que vuelen de sus nidos / y las ideas que del alma vuelan. / Las muchedumbres fieras se rebelan, / despiertan a su voz lo
ya ¿quién las glorias del pasado aprecia…
Ya ¿quién las glorias del pasado aprecia, / cuando ha podido, en vergonzoso día, / con planta innoble profanar Turquía / los sagrados montículos de Grecia?… / ¿De qué sirve el valor? Cándida y necia / es la
yo he besado a una rosa que besó a una bandera cubana
Yo he besado a una rosa que besó a una bandera cubana… / En la fiesta gloriosa / de jurar la bandera que el cielo de Cuba engalana, / una niña preciosa / puso en la bandera cuatro besos en cruz y una rosa
yo te he soñado, hermana
Yo te he soñado, hermana, / en un corcel de guerra, como Juana… / ¡y, escudero valiente, / me he sentido morir una mañana / por mi patria y por ti gloriosamente!
yo traje del fondo del mundo una lira curvada…
Yo traje del fondo del mundo una lira curvada, / una lira curvada en un arco de flecha, / brillante, flexible, como hecha / de una hoja acerada / que puso en la lira su atávico instinto, / porque es del ace
¡ah, desgraciado, si el dolor te abate…
¡Ah, desgraciado, si el dolor te abate, / si el cansancio tus miembros entumece! / Haz como el árbol seco: reverdece / y como el germen enterrado: late. / Resurge, alienta, grita, anda, combate, / vibra, on
¡allá va la nave!
Un sol de oro detrás de la cumbre / del montículo enhiesto en las olas, / y el reflejo de pálida lumbre / en las aguas tranquilas y solas. / Trece franjas de plata y de gules, / como chorros de sangre y de
¡dios guarde al ideal!
I / Después de cuatro siglos, / se alzó, por vez primera, / al cielo de la Patria, / su nombre en su bandera… / ¡Dios guarde al ideal! / * / En la honda lejanía / ¿oís una armonía?… / ¡El himno angelical, / que enton
¡pitirre!
Una cruz negra en el fondo del cielo sus brazos extiende / y en círculos lentos / desciende. / Estrechan al monte, de cumbre a cimientos, / las raíces torcidas / de una ceiba fecunda y pomposa, / que esparce
¡tu luz es la luz de un sueño!
¡Tu luz es la luz de un sueño, / oh dulce estrella lejana! / ¡y un sollozo el canto isleño / del laúd portorriqueño / a la libertad cubana!
¡vae victis!
Huye de aquí la ingenua poesía, / como de los desiertos la paloma; / huye el verbo sagrado del idioma, / como el Verbo de Dios, de la herejía. / ¡Ay, del pueblo vencido! En solo un día / muere el derecho se
¿qué puedo ofrecerte, belleza o encanto?
¿Qué puedo ofrecerte, belleza o encanto, / que en tu hogar y en ti misma no lo hayas mejor? / Ya tienes la gracia, ya tienes el canto, / ya tienes la perla, ya tienes la flor. / ¿Podría buscarte / el hálito
¿te acuerdas, isabel? es un consuelo
¿Te acuerdas, Isabel? Es un consuelo / recordar hoy la edificante vida / y la alta gloria de tu insigne abuelo. / ¡Oh, edad, edad querida / de santa lucha y de febril desvelo! / Pudo gemir la Patria adolori