Un Águila cerníase, de los espacios dueña,
con el pico de acero y de oro el corazón,
el rayo entre las garras y en el pecho la enseña
del símbolo magnánimo de una constelación.
Fascina desde lejos con su iluminación
y nubla con sus alas la zona que domeña;
evita a sus iguales, pero la lid empeña,
si alcanza por las nubes a un mísero gorrión.
Así, al ver al Cordero de la Isla borinqueña,
desciende a devorarlo, como una exhalación…
mas quédase en suspenso el Águila norteña…
¡Rompen las bravas olas en súbita erupción
y saltan del abismo, que circunda a la peña,
la Loba latina y el Gallo de Francia y el ibero León!