La fuerza nunca extinta de los seres
que en el silencio del sepulcro yacen,
emerge por los tallos de las flores
y sube por las venas de los árboles.
Por eso tiemblo ante las blancas rosas,
y aspiro con afán los rojos cálices,
y amo tanto las flores… ¡porque siento
que en su perfume hay algo de mi madre!