¡Plantad el germen, niños portorriqueños!
En el valle profundo y en la alta sierra,
de sus nobles entrañas la madre tierra
hará surgir el árbol de los ensueños.
No busquéis el aroma, bravos pequeños,
ni apetezcáis las mieles que el fruto encierra…
¡la raíz que en la Patria se hunde y aferra!
¡los rígidos! ¡los duros! ¡los fuertes leños!
Erigid, como en triunfo, por todas partes,
el laurel, que es el signo de la pujanza,
el árbol de las ciencias y de las artes.
Y abrid el palio verde de la esperanza,
la palma real que agita sus estandartes…
¡único árbol que tiene bandera y lanza!