¿Te acuerdas, Isabel? Es un consuelo
recordar hoy la edificante vida
y la alta gloria de tu insigne abuelo.
¡Oh, edad, edad querida
de santa lucha y de febril desvelo!
Pudo gemir la Patria adolorida;
pudo llorar… ¡pero lloró su duelo,
inmácula de sangre fratricida!