PAIS POEMA

Libros de pablo neruda

Autores

pablo neruda

a miguel hernández, asesinado en los presidios de españa
LLEGASTE a mí directamente del Levante. Me traías, / pastor de cabras, tu inocencia arrugada, / la escolástica de viejas páginas, un olor / a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado / sobre los montes
a mis obligaciones
Cumpliendo con mi oficio / piedra con piedra, pluma a pluma, / pasa el invierno y deja / sitios abandonados, / habitaciones muertas: / yo trabajo y trabajo, / debo substituir / tantos olvidos, / llenar de pan las
a rafael alberti
(Puerto de Santa María, España). / RAFAEL, antes de llegar a España me salió al / camino / tu poesía, rosa literal, racimo biselado, / y ella hasta ahora ha sido no para mí un recuerdo, / sino luz olorosa,
a todos, a vosotros
A TODOS, a vosotros, / los silenciosos seres de la noche / que tomaron mi mano en las tinieblas, a vosotros, / lámparas / de la luz inmortal, líneas de estrella, / pan de las vidas, hermanos secretos, / a tod
a un escarabajo…
También llegué al escarabajo / y le pregunté por la vida: / por sus costumbres de otoño, / por su armadura lineal. / Lo busqué en los lagos perdidos / en el Sur negro de mi patria, / lo encontré entre la ceni
a una estatua de proa (elegía)
EN las arenas de Magallanes te recogimos cansada / navegante, inmóvil / bajo la tempestad que tantas veces tu pecho dulce / y doble / desafió dividiendo en sus pezones. / Te levantamos otra vez sobre los ma
a veces te hundes, caes…
A veces te hundes, caes / en tu agujero de silencio, / en tu abismo de cólera orgullosa, / y apenas puedes / volver, aún con jirones / de lo que hallaste / en la profundidad de tu existencia. / Amor mío, qué en
abeja blanca zumbas –ebria de miel en mi alma…
Abeja blanca zumbas –ebria de miel en mi alma / y te tuerces en lentas espirales de humo. / Soy el desesperado, la palabra sin ecos, / el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. / Última amarra, cruje
adiós, pero conmigo…
Adiós, pero conmigo / serás, irás adentro / de una gota de sangre que circule en mis venas / o fuera, beso que me abrasa el rostro / o cinturón de fuego en mi cintura. / Dulce mía, recibe / el gran amor que s
agua sexual
Rodando a goterones solos, / a gotas como dientes, / a espesos goterones de mermelada y sangre, / rodando a goterones, / cae el agua, / como una espada en gotas, / como un desgarrador río de vidrio, / cae mordi
ahora es cuba
AHORA ES CUBA / Y luego fue la sangre y la ceniza. / Después quedaron las palmeras solas. / Cuba, mi amor, te amarraron al potro, / te cortaron la cara, / te apartaron las piernas de oro pálido, / te rompiero
al pie desde su niño
El pie del niño aún no sabe que es pie, / y quiere ser mariposa o manzana. / Pero luego los vidrios y las piedras, / las calles, las escaleras, / y los caminos de la tierra dura / van enseñando al pie que n
alberto rojas giménez viene volando
ENTRE plumas que asustan, entre noches, / entre magnolias, entre telegramas, / entre el viento del Sur y el Oeste marino, / vienes volando. / Bajo las tumbas, bajo las cenizas, / bajo los caracoles congelad
alguien
Se movía, era un hombre, / el primer hombre. / Se hizo los ojos para defenderse. / Se hizo las manos para defenderse. / Se hizo el cráneo para defenderse. / Luego se hizo las tripas / para conservarse. / Tembló
algunas amistades son eternas
Algunas veces encuentras en la vida / una amistad especial: / ese alguien que al entrar en tu vida / la cambia por completo. / Ese alguien que te hace reír sin cesar; / ese alguien que te hace creer que en
algunas bestias
Era el crepúsculo de la iguana. / Desde la arcoirisada crestería / su lengua como un dardo / se hundía en la verdura, / el hormiguero monacal pisaba / con melodioso pie la selva, / el guanaco fino como el oxí
alianza (sonata)
Ni el corazón cortado por un vidrio / en un erial de espinas, / ni las aguas atroces vistas en los rincones / de ciertas casas, aguas como párpados y ojos, / podrían sujetar tu cintura en mis manos / cuando
allá voy, allá voy, piedras, esperen
ALLÁ voy, allá voy, piedras, esperen! / Alguna vez o voz o tiempo / podemos estar juntos o ser juntos, / vivir, morir en ese gran silencio / de la dureza, madre del fulgor. / Alguna vez corriendo / por fuego
alturas de macchu picchu
I / Del aire al aire, como una red vacía, / iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo, / en el advenimiento del otoño la moneda extendida / de las hojas, y entre la primavera y las es
américa insurrecta (1800)
NUESTRA tierra, ancha tierra, soledades, / se pobló de rumores, brazos, bocas. / Una callada sílaba iba ardiendo, / congregando la rosa clandestina, / hasta que las praderas trepidaron / cubiertas de metale
américa, no invoco tu nombre en vano
AMÉRICA, no invoco tu nombre en vano. / Cuando sujeto al corazón la espada, / cuando aguanto en el alma la gotera, / cuando por las ventanas / un nuevo día tuyo me penetra, / soy y estoy en la luz que me pr
amiga, no te mueras
AMIGA, no te mueras. / Óyeme estas palabras que me salen ardiendo, / y que nadie diría si yo no las dijera. / Amiga, no te mueras. / Yo soy el que te espera en la estrellada noche. / El que bajo el sangrien
amigo
Amigo, llévate lo que tú quieras, / penetra tu mirada en los rincones / y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera / con sus blancas avenidas y sus canciones. / Amigo -con la tarde haz que se vaya / este
amo, valparaíso, cuanto encierras
AMO, Valparaíso, cuanto encierras, / y cuanto irradias, novia del océano, / hasta más lejos de tu nimbo sordo. / Amo la luz violeta con que acudes / al marinero en la noche del mar, / y entonces eres -rosa
amor
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte / la leche de los senos como de un manantial, / por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte / en la risa de oro y la voz de cristal. / Por sentirte en mis venas
amor américa
Antes de la peluca y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales, / fueron las cordilleras, en cuya onda raida / el cóndor o la nieve parecían inmóviles: / fue la humedad y la espesura, el trueno / sin nom
amor para este libro
En estas soledades he sido poderoso / de la misma manera que una herramienta alegre / o como hierba impune que suelta sus espigas / o como un perro que se revuelca en el rocío. / Matilde, el tiempo pasará
amor, una pregunta…
Amor, una pregunta / te ha destrozado. / Yo he regresado a ti / desde la incertidumbre con espinas. / Te quiero recta como / la espada o el camino. / Pero te empeñas / en guardar un recodo / de sombra que no quie
andando en las arenas…
Andando en las arenas / yo decidí dejarte. / Pisaba un barro oscuro / que temblaba, / y hundiéndome y saliendo / decidí que salieras / de mí, que me pesabas / como piedra cortante, / y elaboré tu pérdida / paso a p
ángela adónica
Hoy me he tendido junto a una joven pura / como a la orilla de un océano blanco, / como en el centro de una ardiente estrella / de lento espacio. / De su mirada largamente verde / la luz caía como un agua s
antes de amarte, amor, nada era mío…
Antes de amarte, amor, nada era mío: / vacilé por las calles y las cosas: / nada contaba ni tenía nombre: / el mundo era del aire que esperaba. / Yo conocí salones cenicientos, / túneles habitados por la lu
antes de la peluca y la casaca…
Antes de la peluca y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales: / fueron las cordilleras, en cuya onda raída / el cóndor o la nieve parecían inmóviles: / fue la humedad y la espesura, el trueno / sin nom
antes de mí…
Antes de mí / no tengo celos. / Ven con un hombre / a la espalda, / ven con cien hombres en tu cabellera, / ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies, / ven como un río / lleno de ahogados / que encuentra el
apenas te he dejado…
Apenas te he dejado, / vas en mí, cristalina / o temblorosa, / o inquieta, herida por mí mismo / o colmada de amor, como cuando tus ojos / se cierran sobre el don de la vida / que sin cesar te entrego. / Amor m
apogeo del apio
Del centro puro que los ruidos nunca / atravesaron, de la intacta cera, / salen claros relámpagos lineales, / palomas con destino de volutas, / hacia tardías calles con olor / a sombra y a pescado. / Son las
aquí te amo…
Aquí te amo. / En los oscuros pinos se desenreda el viento. / Fosforece la luna sobre las aguas errantes. / Andan días iguales persiguiéndose. / Se descine la niebla en danzantes figuras. / Una gaviota de p
aquí viene nazim hikmet
NAZIM, de las prisiones / recién salido, / me regaló su camisa bordada / con hilos de oro rojo / como su poesía. / Hilos de sangre turca / son sus versos, / fábulas verdaderas / con antigua inflexión, curvas o re
araucanía, rosa mojada, diviso
ARAUCANÍA, rosa mojada, diviso / adentro de mí mismo o en las provincias del agua / tus raíces, las copas de los desenterrados, / con los alerces rotos, las araucarias muertas, / y tu nombre reluce en mis
araucaria
TODO el invierno, toda la batalla, / todos los nidos del mojado hierro, / en tu firmeza atravesada de aire, / en tu ciudad silvestre se levantan. / La cárcel renegada de las piedras, / los hilos sumergidos
arena americana, solemne
ARENA americana, solemne / plantación, roja cordillera, / hijos, hermanos desgranados / por las viejas tormentas, / juntemos todo el grano vivo / antes de que vuelva a la tierra, / y que el nuevo maíz que nac
arte magnética
DE tanto amar y andar salen los libros. / Y si no tienen besos o regiones / y si no tienen hombre a manos llenas, / si no tienen mujer en cada gota, / hambre, deseo, cólera, caminos, / no sirven para escudo
arte poética
ENTRE sombra y espacio, entre guarniciones y doncellas, / dotado de corazón singular y sueños funestos, / precipitadamente pálido, marchito en la frente / y con luto de viudo furioso por cada día de vid
así salen
Era bueno el hombre, seguro / Con el azadón y el arado. / No tuvo tiempo siquiera / Para soñar mientras dormía. / Fue sudorosamente pobre. / Valía un solo caballo. / Su hijo es hoy muy orgulloso / Y vale varios
ay hijo, sabes, sabes…
Ay hijo, sabes, sabes / de dónde vienes? / De un lago con gaviotas / blancas y hambrientas. / Junto al agua de invierno / ella y yo levantamos / una fogata roja / gastándonos los labios / de besarnos el alma, / ech
ay no quieres…
Ay no quieres, / te asusta / la pobreza, / no quieres / ir con zapatos rotos al mercado / y volver con el viejo vestido. / Amor, no amamos, / como quieren los ricos, / la miseria. Nosotros / la extirparemos como di
ay qué incómoda a veces…
Ay qué incómoda a veces / te siento / conmigo, vencedor entre los hombres! / Porque no sabes / que conmigo vencieron / miles de rostros que no puedes ver, / miles de pies y pechos que marcharon conmigo, / que n
ay qué sábados más profundos
Ay qué sábados más profundos! / Es interesante el planeta / con tanta gente en movimiento: / olas de pies en los hoteles, / urgentes motociclistas, / ferrocarriles hacia el mar / y cuántas muchachas inmóviles
ay sí, recuerdo…
Ay sí, recuerdo, / ay tus ojos cerrados / como llenos por dentro de luz negra, / todo tu cuerpo como una mano abierta, / como un racimo blanco de la luna, / y el éxtasis, / cuando nos mata un rayo, / cuando un
ayer sentí que la oda…
Ayer sentí que la oda / no subía del suelo. / Era hora, debía / por lo menos / mostrar una hoja verde. / Rasqué la tierra: “Sube, / hermana oda / -le dije- / te tengo prometida, / no me tengas miedo, / no voy a
barcarola
Si solamente me tocaras el corazón, / si solamente pusieras tu boca en mi corazón, / tu fina boca, tus dientes, / si pusieras tu lengua como una flecha roja / allí donde mi corazón polvoriento golpea, / si
barrio sin luz
¿Se va la poesía de las cosas / o no la puede condensar mi vida? / Ayer -mirando el último crepúsculo- / yo era un manchón de musgo entre unas ruinas. / Las ciudades -hollines y venganzas-, / la cochinada g
bella
Bella, / como en la piedra fresca / del manantial, el agua / abre un ancho relámpago de espuma, / así es la sonrisa en tu rostro, / bella. / Bella, / de finas manos y delgados pies / como un caballito de plata, / a
bernardo o'higgins riquelme (1810)
O´HIGGINS, para celebrarte / a media luz hay que alumbrar la sala. / A media luz del sur en otoño / con temblor infinito de álamos. / Eres Chile, entre patriarca y huaso, / eres un poncho de provincia
caballero solo
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, / y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, / y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, / y los roncos gatos que cruzan mi jardín
caballo de los sueños
Innecesario, viéndome en los espejos / con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles, / arranco de mi corazón al capitán del infierno, / establezco cláusulas indefinidamente tristes. / Vago de un punto a
cabeza a pájaros
El caballero Marcenac / vino a verme al final del día / con más blancura en la cabeza / llena de pájaros aún. / Tiene palomas amarillas / adentro de su noble cráneo, / estas palomas le circulan / durmiendo en e
canción
Mi prima Isabela… Yo no la conocí a mi prima Isabela. He atravesado, años después, el patio ajardinado en que, me dicen, nos vimos y nos amamos en la infancia. Es un sitio de sombra: como en los c
cantares
La parracial rosa devora / y sube a la cima del santo: / con espesas garras sujeta / el tiempo al fatigado ser: / hincha y sopla en las venas duras, / ata el cordel pulmonar, etonces / llargamente escucha y r
casi fuera del cielo ancla entre dos montañas…
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas / la mitad de la luna. / Girante, errante noche, la cavadora de ojos. / A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. / Hace una cruz de luto entre mis cejas
cebolla…
Cebolla, / luminosa redoma, / pétalo a pétalo / se formó tu hermosura, / escamas de cristal te acrecentaron / y en el secreto de la tierra oscura / se redondeó tu vientre de rocío. / Bajo la tierra / fue el milag
ceilán espeso
Litoral feliz! Una barrera de coral se alarga, paralela a la playa; y el océano interrumpe allí sus azules en una gorguera rizada y blanca y perpetua de plumas y espumas; las triangulares velas ro
celebración
Pongámonos los zapatos, la camisa listada, / el traje azul aunque ya brillen los codos, / pongámonos los fuegos de bengala y de / artificio, / pongámonos vino y cerveza entre el cuello / y los pies, / porque
cien sonetos de amor - noche
LXXIX / De noche, amada, amarra tu corazón al mío / y que ellos en el sueño derroten las tinieblas / como un doble tambor combatiendo en el bosque / contra el espeso muro de las hojas mojadas. / Nocturna tr
cien sonetos de amor – c
Soneto C / En medio de la tierra apartaré / las esmeraldas para divisarte / y tú estarás copiando las espigas / con una pluma de agua mensajera. / Qué mundo! Qué profundo perejil! / Qué nave navegando en la d
cien sonetos de amor – i
Soneto I / Matilde, nombre de planta o piedra o vino, / de lo que nace de la tierra y dura, / palabra en cuyo crecimiento amanece, / en cuyo estío estalla la luz de los limones. / En ese nombre corren navío
cien sonetos de amor – ii
Soneto II / Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, / qué soledad errante hasta tu compañía! / Siguen los trenes solos rodando con la lluvia. / En Taltal no amanece aún la primavera. / Pero tú y yo, a
cien sonetos de amor – iii
Soneto III / Áspero amor, violeta coronada de espinas, / matorral entre tantas pasiones erizado, / lanza de los dolores, corola de la cólera, / por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma? / Por qué preci
cien sonetos de amor – iv
Soneto IV / Recordarás aquella quebrada caprichosa / a donde los aromas palpitantes treparon, / de cuando en cuando un pájaro vestido / con agua y lentitud: traje de invierno. / Recordarás los dones de la t
cien sonetos de amor – ix
Soneto IX / Al golpe de la ola contra la piedra indócil / la claridad estalla y establece su rosa / y el círculo del mar se reduce a un racimo, / a una sola gota de sal azul que cae. / Oh radiante magnolia
cien sonetos de amor – l
Soneto L / Cotapos dice que tu risa cae / como un halcón desde una brusca torre / y, es verdad, atraviesas el follaje del mundo / con un solo relámpago de tu estirpe celeste / que cae, y corta, y saltan las
cien sonetos de amor – li
Soneto LI / Tu risa pertenece a un árbol entreabierto / por un rayo, por un relámpago plateado / que desde el cielo cae quebrándose en la copa, / partiendo en dos el árbol con una sola espada. / Sólo en las
cien sonetos de amor – lii
Soneto LII / Cantas y a sol y a cielo con tu canto / tu voz desgrana el cereal del día, / hablan los pinos con su lengua verde: / trinan todas las aves del invierno. / El mar llena sus sótanos de pasos, / de
cien sonetos de amor – liii
Soneto LIII / Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada: / el menester del hombre, la mujer y la vida: / a este sitio corría la paz vertiginosa, / por esta luz ardió la común quemadura. / Honor a tus do
cien sonetos de amor – liv
Soneto LIV / Espléndida razón, demonio claro / del racimo absoluto, del recto mediodía, / aquí estamos al fin, sin soledad y solos, / lejos del desvarío de la ciudad salvaje. / Cuando la línea pura rodea su
cien sonetos de amor – lix
Soneto LIX / (G.M.) / Pobres poetas a quienes la vida y la muerte / persiguieron con la misma tenacidad sombría / y luego son cubiertos por impasible pompa / entregados al rito y al diente funerario. / Ellos
cien sonetos de amor – lv
Soneto LV / Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto / asedian día y noche la miel de los felices / y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros: / la desdicha atraviesa la paz de los dormidos, / el d
cien sonetos de amor – lvi
Soneto LVI / Acostúmbrate a ver detrás de mí la sombra / y que tus manos salgan del rencor, transparentes, / como si en la mañana del mar fueran creadas: / la sal te dio, amor mío, proporción cristalina. /
cien sonetos de amor – lvii
Soneto LVII / Mienten los que dijeron que yo perdí la luna, / los que profetizaron mi porvenir de arena, / aseveraron tantas cosas con lenguas frías: / quisieron prohibir la flor del universo. / «Ya no cant
cien sonetos de amor – lviii
Soneto LVIII / Entre los espadones de fierro literario / paso yo como un marinero remoto / que no conoce las esquinas y que canta / porque sí, porque cómo si no fuera por eso. / De los atormentados archipié
cien sonetos de amor – lx
Soneto LX / A ti te hiere aquel que quiso hacerme daño, / y el golpe del veneno contra mí dirigido / como por una red pasa entre mis trabajos / y en ti deja una mancha de óxido y desvelo. / No quiero ver, a
cien sonetos de amor – lxi
Soneto LXI / Trajo el amor su cola de dolores, / su largo rayo estático de espinas / y cerramos los ojos porque nada, / porque ninguna herida nos separe. / No es culpa de tus ojos este llanto: / tus manos no
cien sonetos de amor – lxii
Soneto LXII / Ay de mí, ay de nosotros, bienamada, / sólo quisimos sólo amor, amarnos, / y entre tantos dolores se dispuso / sólo nosotros dos ser malheridos. / Quisimos el tú y yo para nosotros, / el tú del
cien sonetos de amor – lxiii
Soneto LXIII / No sólo por las tierras desiertas donde la piedra salina / es como la única rosa, la flor por el mar enterrada, / anduve, sino por la orilla de ríos que cortan la nieve. / Las amargas altur
cien sonetos de amor – lxiv
Soneto LXIV / De tanto amor mi vida se tiñó de violeta / y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas / hasta llegar a tu ventana, amiga mía: / tú sentiste un rumor de corazón quebrado / y allí de la tinieb
cien sonetos de amor – lxix
Soneto LXIX / Tal vez no ser es ser sin que tú seas, / sin que vayas cortando el mediodía / como una flor azul, sin que camines / más tarde por la niebla y los ladrillos, / sin esa luz que llevas en la mano
cien sonetos de amor – lxv
Soneto LXV / Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo, / entre corbata y corazón, arriba, / cierta melancolía intercostal: / era que tú de pronto eras ausente. / Me hizo falta la luz de tu energía / y miré dev
cien sonetos de amor – lxvi
Soneto LXVI / No te quiero sino porque te quiero / y de quererte a no quererte llego / y de esperarte cuando no te espero / pasa mi corazón del frío al fuego. / Te quiero solo porque a ti te quiero, / te odio
cien sonetos de amor – lxvii
Soneto LXVII / La gran lluvia del sur cae sobre Isla Negra / como una sola gota transparente y pesada, / el mar abre sus hojas frías y la recibe, / la tierra aprende el húmedo destino de una copa. / Alma mí
cien sonetos de amor – lxviii
Soneto LXVIII / (Mascarón de Proa) / La niña de madera no llegó caminando: / allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos, / viejas flores del mar cubrían su cabeza, / su mirada tenía tristeza de raíces. /
cien sonetos de amor – lxx
Soneto LXX / Tal vez herido voy sin ir sangriento / por uno de los rayos de tu vida / y a media selva me detiene el agua: / la lluvia que se cae con su cielo. / Entonces toco el corazón llovido: / allí sé que
cien sonetos de amor – lxxi
Soneto LXXI / De pena en pena cruza sus islas el amor / y establece raíces que luego riega el llanto, / y nadie puede, nadie puede evadir los pasos / del corazón que corre callado y carnicero. / Así tú y yo
cien sonetos de amor – lxxii
Soneto LXXII / Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles, / establece la tierra sus dones amarillos / y pasamos la mano sobre un país remoto, / sobre la cabellera de la geografía. / Irnos! Hoy! Adelante
cien sonetos de amor – lxxiii
Soneto LXXIII / Recordarás tal vez aquel hombre afilado / que de la oscuridad salió como un cuchillo / y antes de que supiéramos, sabía: / vio el humo y decidió que venía del fuego. / La pálida mujer de cab
cien sonetos de amor – lxxiv
Soneto LXXIV / El camino mojado por el agua de Agosto / brilla como si fuera cortado en plena luna, / en plena claridad de la manzana, / en mitad de la fruta del otoño. / Neblina, espacio o cielo, la vaga r
cien sonetos de amor – lxxv
Soneto LXXV / Ésta es la casa, el mar y la bandera. / Errábamos por otros largos muros. / No hallábamos la puerta ni el sonido / desde la ausencia, como desde muertos. / Y al fin la casa abre su silencio, / e
cien sonetos de amor – lxxvi
Soneto LXXVI / Diego Rivera con la paciencia del oso / buscaba la esmeralda del bosque en la pintura / o el bermellón, la flor súbita de la sangre / recogía la luz del mundo en tu retrato. / Pintaba el impe
cien sonetos de amor – lxxvii
Soneto LXXVII / Hoy es hoy con el peso de todo el tiempo ido, / con las alas de todo lo que será mañana, / hoy es el Sur del mar, la vieja edad del agua / y la composición de un nuevo día. / A tu boca eleva
cien sonetos de amor – lxxviii
Soneto LXXVIII / No tengo nunca más, no tengo siempre. En la arena / la victoria dejó sus pies perdidos. / Soy un pobre hombre dispuesto a amar a sus semejantes. / No sé quién eres. Te amo. No doy, no ven
cien sonetos de amor – lxxx
Soneto LXXX / De viajes y dolores yo regresé, amor mío, / a tu voz, a tu mano volando en la guitarra, / al fuego que interrumpe con besos el otoño, / a la circulación de la noche en el cielo. / Para todos l
cien sonetos de amor – lxxxi
Soneto LXXXI / Ya eres mía. Reposa con tu sueño en mi sueño. / Amor, dolor, trabajos, deben dormir ahora. / Gira la noche sobre sus invisibles ruedas / y junto a mí eres pura como el ámbar dormido. / Ningun
cien sonetos de amor – lxxxii
Soneto LXXXII / Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna / te pido, amor, un viaje por oscuro recinto: / cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos, / extiéndete en mi sangre como en un ancho río. /
cien sonetos de amor – lxxxiii
Soneto LXXXIII / Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche, / invisible en tu sueño, seriamente nocturna, / mientras yo desenredo mis preocupaciones / como si fueran redes confundidas. / Ausente, por
cien sonetos de amor – lxxxiv
Soneto LXXXIV / Una vez más, amor, la red del día extingue / trabajos, ruedas, fuegos, estertores, adioses, / y a la noche entregamos el trigo vacilante / que el mediodía obtuvo de la luz y la tierra. / Sól
cien sonetos de amor – lxxxix
Soneto LXXXIX / Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos: / quiero la luz y el trigo de tus manos amadas / pasar una vez más sobre mí su frescura: / sentir la suavidad que cambió mi destino. / Quiero qu
cien sonetos de amor – lxxxv
Soneto LXXXV / Del mar hacia las calles corre la vaga niebla / como el vapor de un buey enterrado en el frío, / y largas lenguas de agua se acumulan cubriendo / el mes que a nuestras vidas prometió ser ce
cien sonetos de amor – lxxxvi
Soneto LXXXVI / Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante, / con cuatro besos hoy penetró tu hermosura / y atravesó la sombra y mi sombrero: / la luna iba redonda por el frío. / Entonces con mi amor, c
cien sonetos de amor – lxxxvii
Soneto LXXXVII / Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijeras / cruzaron por el cielo frío hacia Antofagasta, / por eso quedó el aire tembloroso, / todo tembló como bandera herida. / Soledad, dame el sig
cien sonetos de amor – lxxxviii
Soneto LXXXVIII / El mes de Marzo vuelve con su luz escondida / y se deslizan peces inmensos por el cielo, / vago vapor terrestre progresa sigiloso, / una por una caen al silencio las cosas. / Por suerte en
cien sonetos de amor – v
Soneto V / No te toque la noche ni el aire ni la aurora, / sólo la tierra, la virtud de los racimos, / las manzanas que crecen oyendo el agua pura, / el barro y las resinas de tu país fragante. / Desde Quin
cien sonetos de amor – vi
Soneto VI / En los bosques, perdido, corté una rama oscura / y a los labios, sediento, levanté su susurro: / era tal vez la voz de la lluvia llorando, / una campana rota o un corazón cortado. / Algo que des
cien sonetos de amor – vii
Soneto VII / “Vendrás conmigo” dije -sin que nadie supiera / dónde y cómo latía mi estado doloroso, / y para mí no había clavel ni barcarola, / nada sino una herida por el amor abierta. / Repetí: ven conmig
cien sonetos de amor – viii
Soneto VIII / Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna, / de día con arcilla, con trabajo, con fuego, / y aprisionada tienes la agilidad del aire, / si no fuera porque eres una semana de ámbar, / si
cien sonetos de amor – x
Soneto X / Suave es la bella como si música y madera, / ágata, telas, trigo, duraznos transparentes, / hubieran erigido la fugitiva estatua. / Hacia la ola dirige su contraria frescura. / El mar moja bruñid
cien sonetos de amor – xc
Soneto XC / Pensé morir, sentí de cerca el frío, / y de cuanto viví sólo a ti te dejaba: / tu boca eran mi día y mi noche terrestres / y tu piel la república fundada por mis besos. / En ese instante se term
cien sonetos de amor – xci
Soneto XCI / La edad nos cubre como la llovizna, / interminable y árido es el tiempo, / una pluma de sal toca tu rostro, / una gotera carcomió mi traje: / el tiempo no distingue entre mis manos / o un vuelo d
cien sonetos de amor – xcii
Soneto XCII / Amor mío, si muero y tú no mueres, / no demos al dolor más territorio: / amor mío, si mueres y no muero, / no hay extensión como la que vivimos. / Polvo en el trigo, arena en las arenas / el tie
cien sonetos de amor – xciii
Soneto XCIII / Si alguna vez tu pecho se detiene, / si algo deja de andar ardiendo por tus venas, / si tu voz en tu boca se va sin ser palabra, / si tus manos se olvidan de volar y se duermen, / Matilde, am
cien sonetos de amor – xcix
Soneto XCIX / Otros días vendrán, será entendido / el silencio de plantas y planetas / y cuántas cosas puras pasarán! / Tendrán olor a luna los violines! / El pan será tal vez como tú eres: / tendrá tu voz, t
cien sonetos de amor – xcv
Soneto XCV / Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos / las antiguas cenizas del corazón quemado / y allí que caigan uno por uno nuestros besos / hasta que resucite la flor deshabitada. / Amemos el amor q
cien sonetos de amor – xcvi
Soneto XCVI / Pienso, esta época en que tú me amaste / se irá por otra azul sustituida, / será otra piel sobre los mismos huesos, / otros ojos verán la primavera. / Nadie de los que ataron esta hora, / de los
cien sonetos de amor – xcvii
Soneto XCVII / Hay que volar en este tiempo, a dónde? / Sin alas, sin avión, volar sin duda: / ya los pasos pasaron sin remedio, / no elevaron los pies del pasajero. / Hay que volar a cada instante como / las
cien sonetos de amor – xcviii
Soneto XCVIII / Y esta palabra, este papel escrito / por las mil manos de una sola mano, / no queda en ti, no sirve para sueños, / cae a la tierra: allí se continúa. / No importa que la luz o la alabanza / se
cien sonetos de amor – xi
Soneto XI / Suave es la bella como si música y madera, / ágata, telas, trigo, duraznos transparentes, / hubieran erigido la fugitiva estatua. / Hacia la ola dirige su contraria frescura. / El mar moja bruñi
cien sonetos de amor – xii
Soneto XII / Plena mujer, manzana carnal, luna caliente, / espeso aroma de algas, lodo y luz machacados, / qué oscura claridad se abre entre tus columnas? / Qué antigua noche el hombre toca con sus sentid
cien sonetos de amor – xiii
Soneto XIII / La luz que de tus pies sube a tu cabellera, / la turgencia que envuelve tu forma delicada, / no es de nácar marino, nunca de plata fría: / eres de pan, de pan amado por el fuego. / La harina l
cien sonetos de amor – xiv
Soneto XIV / Me falta tiempo para celebrar tus cabellos. / Uno por uno debo contarlos y alabarlos: / otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, / yo sólo quiero ser tu peluquero. / En Italia te bautizaro
cien sonetos de amor – xix
Soneto XIX / Mientras la magna espuma de Isla Negra, / la sal azul, el sol en las olas te mojan, / yo miro los trabajos de la avispa / empeñada en la miel de su universo. / Va y viene equilibrando su recto
cien sonetos de amor – xl
Soneto XL / Era verde el silencio, mojada era la luz, / temblaba el mes de Junio como una mariposa / y en el austral dominio, desde el mar y las piedras, / Matilde, atravesaste el mediodía. / Ibas cargada d
cien sonetos de amor – xli
Soneto XLI / Desdichas del mes de Enero cuando el indiferente / mediodía establece su ecuación en el cielo, / un oro duro como el vino de una copa colmada / llena la tierra hasta sus límites azules. / Desdi
cien sonetos de amor – xlii
Soneto XLII / Radiantes días balanceados por el agua marina, / concentrados como el interior de una piedra amarilla / cuyo esplendor de miel no derribó el desorden: / preservó su pureza de rectángulo. / Cre
cien sonetos de amor – xliii
Soneto XLIII / Un signo tuyo busco en todas las otras, / en el brusco, ondulante río de las mujeres, / trenzas, ojos apenas sumergidos, / pies claros que resbalan navegando en la espuma. / De pronto me pare
cien sonetos de amor – xliv
Soneto XLIV / Sabrás que no te amo y que te amo / puesto que de dos modos es la vida, / la palabra es un ala del silencio, / el fuego tiene una mitad de frío. / Yo te amo para comenzar a amarte, / para recome
cien sonetos de amor – xlix
Soneto XLIX / Es hoy: todo el ayer se fue cayendo / entre dedos de luz y ojos de sueño, / mañana llegará con pasos verdes: / nadie detiene el río de la aurora. / Nadie detiene el río de tus manos, / los ojos
cien sonetos de amor – xlv
Soneto XLV / No estés lejos de mí un solo día, porque cómo, / porque, no sé decirlo, es largo el día, / y te estaré esperando como en las estaciones / cuando en alguna parte se durmieron los trenes. / No te
cien sonetos de amor – xlvi
Soneto XLVI / De las estrellas que admiré, mojadas / por ríos y rocíos diferentes, / yo no escogí sino la que yo amaba / y desde entonces duermo con la noche. / De la ola, una ola y otra ola, / verde mar, ver
cien sonetos de amor – xlvii
Soneto XLVII / Detrás de mí en la rama quiero verte. / Poco a poco te convertiste en fruto. / No te costó subir de las raíces / cantando con tu sílaba de savia. / Y aquí estarás primero en flor fragante, / en
cien sonetos de amor – xlviii
Soneto XLVIII / Dos amantes dichosos hacen un solo pan, / una sola gota de luna en la hierba, / dejan andando dos sombras que se reúnen, / dejan un solo sol vacío en una cama. / De todas las verdades escogi
cien sonetos de amor – xv
Soneto XV / Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce: / eres compacta como el pan o la madera, / eres cuerpo, racimo de segura substancia, / tienes peso de acacia, de legumbre dorada. / Sé que existes no
cien sonetos de amor – xvi
Soneto XVI / Amo el trozo de tierra que tú eres, / porque de las praderas planetarias / otra estrella no tengo. Tú repites / la multiplicación del universo. / Tus anchos ojos son la luz que tengo / de las con
cien sonetos de amor – xvii
Soneto XVII / No te amo como si fueras rosa de sal, topacio / o flecha de claveles que propagan el fuego: / te amo como se aman ciertas cosas oscuras, / secretamente, entre la sombra y el alma. / Te amo com
cien sonetos de amor – xviii
Soneto XVIII / Por las montañas vas como viene la brisa / o la corriente brusca que baja de la nieve / o bien tu cabellera palpitante confirma / los altos ornamentos del sol en la espesura. / Toda la luz de
cien sonetos de amor – xx
Soneto XX / Mi fea, eres una castaña despeinada, / mi bella, eres hermosa como el viento, / mi fea, de tu boca se pueden hacer dos, / mi bella, son tus besos frescos como sandías. / Mi fea, dónde están esco
cien sonetos de amor – xxi
Soneto XXI / Oh que todo el amor propague en mí su boca, / que no sufra un momento más sin primavera, / yo no vendí sino mis manos al dolor, / ahora, bienamada, déjame con tus besos. / Cubre la luz del mes
cien sonetos de amor – xxiii
Soneto XXIII / Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa, / el jazmín duplicó su estrellado secreto, / y del terrible amor las suaves manos puras / dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos. / Oh amor, cómo
cien sonetos de amor – xxiv
Soneto XXIV / Amor, amor, las nubes a la torre del cielo / subieron como triunfantes lavanderas, / y todo ardió en azul, todo fue estrella: / el mar, la nave, el día se desterraron juntos. / Ven a ver los c
cien sonetos de amor – xxix
Soneto XXIX / Vienes de la pobreza de las casas del Sur, / de las regiones duras con frío y terremoto / que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte / nos dieron la lección de la vida en la greda. / Eres
cien sonetos de amor – xxv
Soneto XXV / Antes de amarte, amor, nada era mío: / vacilé por las calles y las cosas: / nada contaba ni tenía nombre: / el mundo era del aire que esperaba. / Yo conocí salones cenicientos, / túneles habitado
cien sonetos de amor – xxvi
Soneto XXVI / Ni el color de las dunas terribles en Iquique, / ni el estuario del Río Dulce de Guatemala, / cambiaron tu perfil conquistado en el trigo, / tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra. / Oh
cien sonetos de amor – xxvii
Soneto XXVII / Desnuda eres tan simple como una de tus manos, / lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, / tienes líneas de luna, caminos de manzana, / desnuda eres delgada como el trigo desnudo. / D
cien sonetos de amor – xxviii
Soneto XXVIII / Amor, de grano a grano, de planeta a planeta, / la red del viento con sus países sombríos, / la guerra con sus zapatos de sangre, / o bien el día y la noche de la espiga. / Por donde fuimos,
cien sonetos de amor – xxx
Soneto XXX / Tienes del archipiélago las hebras del alerce, / la carne trabajada por los siglos del tiempo, / venas que conocieron el mar de las maderas, / sangre verde caída del cielo a la memoria. / Nadie
cien sonetos de amor – xxxi
Soneto XXXI / Con laureles del Sur y orégano de Lota / te corono, pequeña monarca de mis huesos, / y no puede faltarte esa corona / que elabora la tierra con bálsamo y follaje. / Eres, como el que te ama, d
cien sonetos de amor – xxxii
Soneto XXXII / La casa en la mañana con la verdad revuelta / de sábanas y plumas, el origen del día / sin dirección, errante como una pobre barca, / entre los horizontes del orden y del sueño. / Las cosas q
cien sonetos de amor – xxxiii
Soneto XXXIII / Amor, ahora nos vamos a la casa / donde la enredadera sube por las escalas: / antes que llegues tú llegó a tu dormitorio / el verano desnudo con pies de madreselva. / Nuestros besos errantes
cien sonetos de amor – xxxiv
Soneto XXXIV / Eres hija del mar y prima del orégano, / nadadora, tu cuerpo es de agua pura, / cocinera, tu sangre es tierra viva / y tus costumbres son floridas y terrestres. / Al agua van tus ojos y levan
cien sonetos de amor – xxxix
Soneto XXXIX / Pero olvidé que tus manos satisfacían / las raíces, regando rosas enmarañadas, / hasta que florecieron tus huellas digitales / en la plenaria paz de la naturaleza. / El azadón y el agua como
cien sonetos de amor – xxxv
Soneto XXXV / Tu mano fue volando de mis ojos al día. / Entró la luz como un rosal abierto. / Arena y cielo palpitaban como una / culminante colmena cortada en las turquesas. / Tu mano tocó sílabas que tint
cien sonetos de amor – xxxvi
Soneto XXXVI / Corazón mío, reina del apio y de la artesa: / pequeña leoparda del hilo y la cebolla: / me gusta ver brillar tu imperio diminuto, / las armas de la cera, del vino, del aceite, / del ajo, de l
cien sonetos de amor – xxxvii
Soneto XXXVII / Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea, / me visitas y subes por tu fresca escalera / el castillo que el tiempo coronó de neblinas, / las pálidas paredes del corazón cerrado. / Nadie sabrá
cien sonetos de amor – xxxviii
Soneto XXXVIII / Tu casa suena como un tren a mediodía, / zumban las avispas, cantan las cacerolas, / la cascada enumera los hechos del rocío, / tu risa desarrolla su trino de palmera. / La luz azul del mur
cien sonetos de amor- xxii
Soneto XXII / Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, / sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, / en regiones contrarias, en un mediodía quemante: / eras sólo el aroma de los
colección nocturna
He vencido al ángel del sueño, el funesto alegórico: / su gestión insistía, su denso paso llega / envuelto en caracoles y cigarras, / marino, perfumado de frutos agudos. / Es el viento que agita los meses
colombo dormido y despierto
Después de las diez de la noche (hora inglesa), Colombo fallece. Estuve en Colombo a las 10.05 P. M., ansioso de alcanzar aún un estertor. Aquello había muerto de golpe, aquello era una ciudad sin
cómo nacen las banderas
Están así hasta hoy nuestras banderas. / El pueblo las bordó con su ternura, / cosió los trapos con su sufrimiento. / Clavó la estrella con su mano ardiente. / Y cortó, de camisa o firmamento, / azul para l
con quevedo, en primavera
Todo ha florecido en / estos campos, manzanos, / azules titubeantes, malezas amarillas, / y entre la hierba verde viven las amapolas. / El cielo inextinguible, el aire nuevo / de cada día, el tácito fulgor,
conducta y poesía
Cuando el tiempo nos va comiendo con su cotidiano decisivo relámpago, y las actitudes fundadas, las confianzas, la fe ciega se precipitan y la elevación del poeta tiende a caer como el más triste
contribución al dominio de los trajes
Hay fronteras del planeta en que los trajes florecen. Hay una estación para ellos: una primavera detenida, un verano fantástico. El vestido, compañero gris de la acción, ángel cotidiano, sonríe. E
cuándo de chile
OH Chile, largo pétalo / de mar y vino y nieve, / ay cuándo / ay cuándo y cuándo / ay cuándo / me encontraré contigo, / enrollarás tu cinta / de espuma blanca y negra en mi cintura, / desencadenaré mi poesía / sobr
cuando miro la forma…
Cuando miro la forma / de América en el mapa, / amor, a ti te veo: / las alturas del cobre en tu cabeza, / tus pechos, trigo y nieve, / tu cintura delgada, / veloces ríos que palpitan, dulces / colinas y prader
cuando no puedo mirar tu cara…
Cuando no puedo mirar tu cara / miro tus pies. / Tus pies de hueso arqueado, / tus pequeños pies duros. / Yo sé que te sostienen, / y que tu dulce peso / sobre ellos se levanta. / Tu cintura y tus pechos, / la du
cuando tus manos salen…
Cuando tus manos salen, / y amor, hacia las mías, / qué me traen volando? / Por qué se detuvieron en mi boca, / de pronto, / por qué las reconozco / como si entonces antes, / las hubiera tocado, / como si antes d
cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos…
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega. / Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. / Fui solo como
danza de áfrica
Debo escribir este pasaje con mi mano izquierda, mientras con mi derecha me resguardo del sol. Del agudo sol africano que, uno a uno, hace pasar mis dedos del rojo al blanco. Entonces los sumerjo
de endurecer la tierra
DE endurecer la tierra / se encargaron las piedras: / pronto / tuvieron alas: / las piedras / que volaron: / las que sobrevivieron / subieron / el relámpago, / dieron un grito en la noche, / un signo de agua, / una esp
de tus caderas a tus pies…
De tus caderas a tus pies / quiero hacer un largo viaje. / Soy más pequeño que un insecto. / Voy por estas colinas, / son de color de avena, / tienen delgadas huellas / que sólo yo conozco, / centímetros quemad
déjame sueltas las manos
DÉJAME sueltas las manos / y el corazón, déjame libre! / Deja que mis dedos corran / por los caminos de tu cuerpo. / La pasión sangre, fuego, besos / me incendia a llamaradas trémulas. / Ay, tú no sabes lo qu
descubridores de chile
DEL Norte trajo Almagro su arrugada / centella. / Y sobre el territorio, entre explosión y / ocaso, / se inclinó día y noche como sobre una / carta. / Sombra de espinas, sombra de cardo y cera, / el español reu
desde el fondo de ti, y arrodillado…
1 / Desde el fondo de ti, y arrodillado, / un niño triste, como yo, nos mira. / Por esa vida que arderá en sus venas / tendrían que amarrarse nuestras vidas. / Por esas manos, hijas de tus manos, / tendrían q
desde hace mucho tiempo la tierra te conoce…
Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce: / eres compacta como el pan o la madera, / eres cuerpo, racimo de segura substancia, / tienes peso de acacia, de legumbre dorada. / Sé que existes no sólo porq
desespediente
La paloma está llena de papeles caídos, / su pecho está manchado por gomas y semanas, / por secantes más blancos que un cadáver / y tintas asustadas de su color siniestro. / Ven conmigo a la sombra de las
detrás de mí en la rama quiero verte…
Detrás de mí en la rama quiero verte. / Poco a poco te convertiste en fruto. / No te costó subir de las raíces / cantando con tu sílaba de savia. / Y aquí estarás primero en flor fragante, / en la estatua d
disposiciones
Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco, a cada área rugosa / de piedras y de olas que mis ojos perdidos / no volverán a ver. / Cada día de océano / me trajo niebla o puros derrumb
diurno de singapur
Despierto: pero entro yo, y la naturaleza aún queda; un velo, un tejido sutil es el mosquitero de mi casa. Detrás de él, las cosas han tomado el lugar que les corresponde en el mundo; las novias r
diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza / un pálido palio llevo, un cortejo evidente, / un viento de metal que vive solo, / un sirviente mortal vestido de hambre, / y en lo fresco que baja del árbol, en la
dónde estará la guillermina
Dónde estará la Guillermina? / Cuando mi hermana la invitó / y yo salí a abrirle la puerta, / entró el sol, entraron estrellas, / entraron dos trenzas de trigo / y dos ojos interminables. / Yo tenía catorce a
ebrio de trementina y largos besos…
Ebrio de trementina y largos besos, / estival, el velero de las rosas dirijo, / torcido hacia la muerte del delgado día, / cimentado en el solido frenesí marino. / Pálido y amarrado a mi agua devorante / cr
educación del cacique
LAUTARO era una flecha delgada. / Elástico y azul fue nuestro padre. / Fue su primera edad sólo silencio. / Su adolescencia fue dominio. / Su juventud fue un viento dirigido. / Se preparó como una larga lan
el amor
XI / El firme amor, me diste con tus dones. / Vino a mí la ternura que esperaba / y me acompaña la que lleva el beso / más profundo a mi boca. / No pudieron / apartarla de mí las tempestades / ni las distancias
el amor del soldado
En plena guerra te llevó la vida / a ser el amor del soldado. / Con tu pobre vestido de seda, / tus uñas de piedra falsa / te tocó caminar por el fuego. / Ven acá, vagabunda, / ven a beber sobre mi pecho / rojo
el barco
Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo / por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? / Queremos mirar las nubes, / queremos tomar el sol y oler la sal, / francamente no se trata de molesta
el barco de los adioses
Desde la eternidad navegantes invisibles vienen llevándome a través de atmósferas extrañas, surcando mares desconocidos. El espacio profundo ha cobijado mis viajes que nunca acaban. Mi quilla ha r
el cazador en el bosque
AL bosque mío entro con raíces, / con mi fecundidad: De dónde / vienes?, me pregunta / una hoja verde y ancha como un mapa. / Yo no respondo. Allí / es húmedo el terreno / y mis botas se clavan, buscan algo, /
el daño
Te he hecho daño, alma mía, / he desgarrado tu alma. / Entiéndeme. / Todos saben quién soy, / pero ese Soy / es además un hombre / para ti. / En ti vacilo, caigo / y me levanto ardiendo. / Tú entre todos los seres /
el desenterrado
Cuando la tierra llena de párpados mojados / se haga ceniza y duro aire cernido, / y los terrones secos y las aguas, / los pozos, los metales, / por fin devuelvan sus gastados muertos, / quiero una oreja, u
el deshabitado
Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido / e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida e
el fantasma del buque de carga
Distancia refugiada sobre tubos de espuma, / sal en rituales olas y órdenes definidos, / y un olor y rumor de buque viejo, / de podridas maderas y hierros averiados, / y fatigadas máquinas que aúllan y ll
el fuego cruel
AQUELLA guerra! El tiempo / un año y otro y otro / deja caer como si fueran tierra / para enterrar / aquello / que no quiere morir: claveles, / agua, / cielo, / la España, a cuya puerta / toqué, para que abrieran, /
el futuro es espacio
EL futuro es espacio, / espacio color de tierra, / color de nube, / color de agua, de aire, / espacio negro para muchos sueños, / espacio blanco para toda la nieve, / para toda la música. / Atrás quedó el amor
el gran mantel
Cuando llamaron a comer / se abalanzaron los tiranos / y sus cocotas pasajeras, / y era hermoso verlas pasar / como avispas de busto grueso / seguidas por aquellos pálidos / y desdichados tigres públicos. / Su
el gran océano
SI de tus dones y de tus destrucciones, Océano / a mis manos / pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, / escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, / tu extensión vigilada por el a
el humo
A veces me alcanza el deseo de hablar un poco, sin poema, con las frases mediocres en que existe esta realidad, del rincón de calle, horizonte y cielo que avizoro al atardecer, desde la alta venta
el mar
NECESITO del mar porque me enseña: / no sé si aprendo música o conciencia: / no sé si es ola sola o ser profundo / o sólo ronca voz o deslumbrante / suposición de peces y navios. / El hecho es que hasta cua
el miedo
Todos me piden que dé saltos, / que tonifique y que futbole, / que corra, que nade y que vuele. / Muy bien. / Todos me aconsejan reposo, / todos me destinan doctores, / mirándome de cierta manera. / Qué pasa? / T
el monte y el río
EN mi patria hay un monte. / En mi patria hay un río. / Ven conmigo. / La noche al monte sube. / El hambre baja al río. / Ven conmigo. / Quiénes son los que sufren? / No sé, pero son míos. / Ven conmigo. / No sé, p
el olvido
Todo el amor en una copa / ancha como la tierra, todo / el amor con estrellas y espinas / te di, pero anduviste / con pies pequeños, con tacones sucios / sobre el fuego, apagándolo. / Ay gran amor, pequeña am
el pájaro yo
(Pablo Insulidae Nigra) / ME llamo pájaro Pablo, / ave de una sola pluma, / volador de sombra clara / y de claridad confusa, / las alas no se me ven, / los oídos me retumban / cuando paso entre los árboles / o de
el pastor perdido
SE llamaba Miguel. Era un pequeño / pastor de las orillas / de Orihuela. / Lo amé y puse en su pecho / mi masculina mano, / y creció su estatura poderosa / hasta que en la aspereza / de la tierra española / se de
el poeta se despide de los pájaros
Poeta provinciano, / pajarero, / vengo y voy por el mundo, / desarmado, / sin otrosí, silbando, / sometido / al sol y su certeza, / a la lluvia, a su idioma de violín, / a la sílaba fría de la ráfaga. / Sí sí sí sí
el reloj caído en el mar
Hay tanta luz sombría en el espacio / y tantas dimensiones de súbito amarillas, / porque no cae el viento / ni respiran las hojas. / Es un día domingo detenido en el mar, / un día como un buque sumergido, / u
el río
YO entré en Florencia. Era / de noche. Temblé escuchando / casi dormido lo que el dulce río / me contaba. Yo no sé / lo que dicen los cuadros ni los libros / (no todos los cuadros ni todos los libros, / sólo
el sobreviviente saluda a los pájaros
Fundé con pájaros y gritos de sol la morada: / temprano a la hora del manantial, salí al frío / a ver los materiales del crecimiento: olores / de lodo y sombra, medallas que la noche dejó / sobre los temb
el sol
A plena luz de sol sucede el día, / el día sol, el silencioso sello / extendido en los campos del camino. / Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, / con tanta claridad destinada / que llegaré a morirme de fu
el sueño de la tripulación
El barco cruza insensible su camino. Qué busca? Pronto tocaremos Sumatra. Eso disminuye su marcha, y a poco se torna imperceptible, de pavor de hundirse repentinamente en los blandos boscajes de l
el sur del océano
De consumida sal y garganta en peligro / están hechas las rosas del océano solo, / el agua rota sin embargo, / y pájaros temibles, / y no hay sino la noche acompañada / del día, y el día acompañado / de un re
el tigre
Soy el tigre. / Te acecho entre las hojas / anchas como lingotes / de mineral mojado. / El río blanco crece / bajo la niebla. Llegas. / Desnuda te sumerges. / Espero. / Entonces en un salto / de fuego, sangre, dien
el viento en la isla
El viento es un caballo: / óyelo cómo corre / por el mar, por el cielo. / Quiere llevarme: escucha / cómo recorre el mundo / para llevarme lejos. / Escóndeme en tus brazos / por esta noche sola, / mientras la llu
el viento es un caballo…
El viento es un caballo: / óyelo cómo corre / por el mar, por el cielo. / Quiere llevarme: escucha / cómo recorre el mundo / para llevarme lejos. / Escóndeme en tus brazos / por esta noche sola, / mientras la llu
el vuelo
El alto vuelo sigo / con mis manos: / honor del cielo, el pájaro / atraviesa / la transparencia, sin manchar el día. / Cruza el oeste palpitando y sube / por cada grada hasta el desnudo azul / todo el cielo es
emerge tu recuerdo de la noche en que estoy…
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. / El río anuda al mar su lamento obstinado. / Abandonado como los muelles en el alba. / Es la hora de partir, oh abandonado! / Sobre mi corazón llueven frías c
en mi cielo al crepúsculo eres como una nube…
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube / y tu color y forma son como yo los quiero / Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces / y viven en tu vida mis infinitos sueños. / La lámpara de mi alma te
en mi patria hay un monte…
En mi patria hay un monte. / En mi patria hay un río. / Ven conmigo. / La noche al monte sube. / El hambre baja al río. / Ven conmigo. / Quiénes son los que sufren? / No sé, pero son míos. / Ven conmigo. / No sé, p
en su llama mortal la luz te envuelve…
En su llama mortal la luz te envuelve. / Absorta, pálida doliente, así situada / contra las viejas hélices del crepúsculo / que en torno a ti da vueltas. / Muda, mi amiga, / sola en lo solitario de esta hor
en ti la tierra
PEQUEÑA / rosa, / rosa pequeña, / a veces, / diminuta y desnuda, / parece / que en una mano mía / cabes, / que así voy a cerrarte / y a llevarte a mi boca, / pero / de pronto / mis pies tocan tus pies y mi boca tus labio
en vano te buscamos
No, nadie reunirá tu firme forma, / ni resucitará tu arena ardiente, / no volverá tu boca a abrir su doble pétalo, / ni se hinchará en tus senos la blanca vestidura. / La soledad dispuso sal, silencio, sa
enfermedades en mi casa
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa / escarba los azufres caídos durante muchos meses / y su red natural, sus cabellos sonando / a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, / allí
entierro en el este
YO trabajo de noche, rodeado de ciudad, / de pescadores, de alfareros, de difuntos quemados / con azafrán y frutas, envueltos en muselina escarlata: / bajo mi balcón esos muertos terribles / pasan sonando
entrada a la madera
Con mi razón apenas, con mis dedos, / con lentas aguas lentas inundadas, / caigo al imperio de los nomeolvides, / a una tenaz atmósfera de luto, / a una olvidada sala decaída, / a un racimo de tréboles amar
envío (1949)
Recabarren, en estos días / de persecución, en la angustia / de mis hermanos relegados, / combatidos por un traidor, / y con la patria envuelta en odio, / herida por la tiranía, / recuerdo la lucha terrible / d
epitalamio
RECUERDAS cuando / en invierno / llegamos a la isla? / El mar hacia nosotros levantaba / una copa de frío. / En las paredes las enredaderas / susurraban dejando / caer hojas oscuras / a nuestro paso. / Tú eras tamb
era mi corazón un ala viva y turbia
Era mi corazón un ala viva y turbia… / un ala pavorosa llena de luz y anhelo. / Era la primavera sobre los campos verdes. / Azul era la altura y era esmeralda el suelo. / Ella -la que me amaba- se murió e
eres hija del mar y prima del orégano…
Eres hija del mar y prima del orégano, / nadadora, tu cuerpo es de agua pura, / cocinera, tu sangre es tierra viva / y tus costumbres son floridas y terrestres. / Al agua van tus ojos y levantan las olas,
eres toda de espumas delgadas y ligeras
Eres toda de espumas delgadas y ligeras / y te cruzan los besos y te riegan los días. / Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada. / Vaso de resonancias y de estrellas cautivas. / Estoy cansado, todas la
es la mañana llena de tempestad…
Es la mañana llena de tempestad / en el corazón del verano. / Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, / el viento las sacude con sus viajeras manos. / Innumerable corazón del viento / latiendo sobr
es muy temprano
Grave inmovilidad del silencio. La raya el cacareo de un gallo. También la pisada de un hombre de labor. Pero continúa el silencio. / Luego, una mano distraída sobre mi pecho ha sentido el latido de
esclava mía
ESCLAVA mía, témeme. Ámame. Esclava mía! / Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo, / y en él despunta mi alma como una estrella fría. / Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos. / Mi propio latig
esta campana rota
Esta campana rota / quiere sin embargo cantar: / el metal ahora es verde, / color de selva tiene la campana, / color de agua de estanques en el bosque, / color del día en las hojas. / El bronce roto y verde, /
están aquí
He de llamar aquí como si aquí estuvieran. / Hermanos: sabed que nuestra lucha / continuará en la tierra. / Continuará en la fábrica, en el campo, / en la calle, en la salitrera. / En el cráter del cobre ve
estatuto del vino
Cuando a regiones, cuando a sacrificios / manchas moradas como lluvias caen, / el vino abre las puertas con asombro, / y en el refugio de los meses vuela / su cuerpo de empapadas alas rojas. / Sus pies toca
exégesis y soledad
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriendo iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expres
explico algunas cosas
PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas? / Y la metafísica cubierta de amapolas? / Y la lluvia que a menudo golpeaba / sus palabras llenándolas / de agujeros y pájaros? / Os voy a contar todo lo que me pasa. /
farewell
1 / Desde el fondo de ti, y arrodillado, / un niño triste, como yo, nos mira. / Por esa vida que arderá en sus venas / tendrían que amarrarse nuestras vidas. / Por esas manos, hijas de tus manos, / tendrían q
feliz año para mi patria en tinieblas
FELIZ año, este año, para ti, para todos / los hombres, y las tierras, Araucanía amada. / Entre tú y mi existencia hay esta noche nueva / que nos separa, y bosques y ríos y caminos. / Pero hacia ti, peque
final
Matilde, años o días / dormidos, afiebrados, / aquí o allá, / clavando / rompiendo el espinazo, / sangrando sangre verdadera, / despertando tal vez / o perdido, dormido: / camas clínicas, ventanas extranjeras, / ve
g. a. b. (1836-1936)
Esa mano de madreselva ardiendo inunda el crepúsculo con humo lleno de lluvia, con nieve llena de lluvia, con flores que la lluvia ha tocado. / Grande voz, dulce corazón herido! / Qué enredaderas desa
galope muerto
Como cenizas, como mares poblándose, / en la sumergida lentitud, en lo informe, / o como se oyen desde el alto de los caminos / cruzar las campanadas en cruz, / teniendo ese sonido ya parte del metal, / con
guayaquil (1822)
CUANDO entró San Martín, algo nocturno / de camino impalpable, sombra, cuero, / entró en la sala. / Bolívar esperaba. / Bolívar olfateó lo que llegaba. / Él era aéreo, rápido, metálico, / todo anticipación, c
hago girar mis brazos
HAGO girar mis brazos como dos aspas locas… / en la noche toda ella de metales azules. / Hacia donde las piedras no alcanzan y retornan. / Hacia donde los fuegos oscuros se confunden. / Al pie de las mura
hay que volar en este tiempo, a dónde?…
Hay que volar en este tiempo, a dónde? / Sin alas, sin avión, volar sin duda: / ya los pasos pasaron sin remedio, / no elevaron los pies del pasajero. / Hay que volar a cada instante como / las águilas, las
himno y regreso (1939)
PATRIA, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre. / Pero te pido, como a la madre el niño / lleno de llanto. / Acoge / esta guitarra ciega / y esta frente perdida. / Salí a encontrarte hijos por la tierra, / salí a
homenaje a balboa
DESCUBRIDOR, el ancho mar, mi espuma, / latitud de la luna, imperio del agua, / después de siglos te habla por boca mía. / Tu plenitud llegó antes de la muerte. / Elevaste hasta el cielo la fatiga, / y de l
hoy, este día fue una copa plena…
Hoy, este día fue una copa plena, / hoy, este día fue la inmensa ola, / hoy, fue toda la tierra. / Hoy el mar tempestuoso / nos levantó en un beso tan alto que temblamos / a la luz de un relámpago / y, atados
hoy, que es el cumpleaños de mi hermana
HOY que es el cumpleaños de mi hermana, no tengo / nada que darle, nada. No tengo nada, hermana. / Todo lo que poseo siempre lo llevo lejos. / A veces hasta mi alma me parece lejana. / Pobre como una hoja
imagen viajera
De esto hace algunos días. El inmenso Brasil saltó encima del barco. / Desde temprano, la bahía de Santos fue cenicienta, y luego, las cosas emanaron su luz natural, el cielo se hizo azul. Entonces,
inclinado en las tardes tiro mis tristes redes…
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes / a tus ojos oceánicos. / Allí se estira y arde en la más alta hoguera / mi soledad que da vueltas los brazos como un / náufrago. / Hago rojas señales sobre tu
invierno en los puertos
Es triste dejar atrás la tierra indochina de dulces nombres: Battambang, Berembeng, Saigón. De toda esta península —no en flor, sino en frutos— emana un consistente aroma, una tenaz impregnación d
jardín de invierno
Llega el invierno. Espléndido dictado / me dan las lentas hojas / vestidas de silencio y amarillo. / Soy un libro de nieve, / una espaciosa mano, una pradera, / un círculo que espera, / pertenezco a la tierra
josé miguel carrera (1810)
E P I S O D I O / DIJISTE Libertad antes que nadie, / cuando el susurro iba de piedra en piedra, / escondido en los patios, humillado. / Dijiste Libertad antes que nadie. / Liberaste al hijo del esclavo. / Ib
josie bliss
Color azul de exterminadas fotografías, / color azul con pétalos y paseos al mar, / nombre definitivo que cae en las semanas / con un golpe de acero que las mata. / Qué vestido, qué primavera cruza, / qué m
juegas todos los días con la luz del universo…
Juegas todos los días con la luz del universo. / Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. / Eres más que esta blanca cabecita que aprieto / como un racimo entre mis manos cada día. / A nadie te p
juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, / qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, / y tu pecho de pan, alto de clima, / tu corona de árboles negros, bienamada, / y tu nariz de animal solitario, de ovej
la ahogada del cielo
Tejida mariposa, vestidura / colgada de los árboles, / ahogada en cielo, derivada / entre rachas y lluvias, sola, sola, compacta, / con ropa y cabellera hecha jirones / y centros corroídos por el aire. / Inmó
la bandera
Levántate conmigo. / Nadie quisiera / como yo quedarse / sobre la almohada en que tus párpados / quieren cerrar el mundo para mí. / Allí también quisiera / dejar dormir mi sangre / rodeando tu dulzura. / Pero lev
la bondad
Endurezcamos la bondad, amigos. Ella es también bondadosa, la cuchillada que hace saltar la roedumbre y los gusanos: es también bondadosa la llama en las selvas incendiándose para que rajen la tie
la calle destruida
Por el hierro injuriado, por los ojos del yeso / pasa una lengua de años diferentes / del tiempo. Es una cola / de ásperas crines, unas manos de piedra llenas de ira, / y el color de las casa enmudece, y
la canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. / El río anuda al mar su lamento obstinado. / Abandonado como los muelles en el alba. / Es la hora de partir, oh abandonado! / Sobre mi corazón llueven frías c
la carpa
Arreglábamos entonces un pilotaje derrumbado, en pleno campo austral. Era el estío. En las noches se recogían las cuadrillas y, fatigados, nos tirábamos sobre el pasto o las mantas extendidas. El
la carta en el camino
ADIÓS, pero conmigo / serás, irás adentro / de una gota de sangre que circule en mis venas / o fuera, beso que me abrasa el rostro / o cinturón de fuego en mi cintura. / Dulce mía, recibe / el gran amor que s
la casa de las odas
Escribiendo / estas / odas / en / este / año mil / novecientos / cincuenta y cinco, / desplegando y tañendo / mi lira obligatoria y rumorosa / sé lo que soy / y adonde va mi canto. / Comprendo / que el comprador de mitos / y
la casa en la mañana con la verdad revuelta…
La casa en la mañana con la verdad revuelta / de sábanas y plumas, el origen del día / sin dirección, errante como una pobre barca, / entre los horizontes del orden y del sueño. / Las cosas quieren arrast
la copa de sangre
Cuando remotamente regreso y en el extraordinario azar de los trenes, como los antepasados sobre las cabalgaduras, me quedo sobredormido y enredado en mis exclusivas propiedades, veo a través de l
la estudiante
Oh tú, más dulce, más interminable / que la dulzura, carnal enamorada / entre las sombras: de otros días / surges llenando de pesado polen / tu copa, en la delicia. / Desde la noche llena / de ultrajes, noche
la gran alegría
LA sombra que indagué ya no me pertenece. / Yo tengo la alegría duradera del mástil, / la herencia de los bosques, el viento del camino / y un día decidido bajo la luz terrestre. / No escribo para que otr
la infinita
Ves estas manos? Han medido / la tierra, han separado / los minerales y los cereales, / han hecho la paz y la guerra, / han derribado las distancias / de todos los mares y ríos, / y sin embargo / cuando te reco
la leprosa
He visto llegar a la leprosa. Quedó tendida junto a la mata de azaleas que sonríe en el abandono del hospital. / Cuando llegue la noche se irá la leprosa. Se irá la leprosa porque el hospital no la
la línea colorada
MÁS tarde levantó la fatigada / mano el monarca, y más arriba / de las frentes de los bandidos, / tocó los muros. / Allí trazaron / la línea colorada. / Tres cámaras / había que llenar de oro y de plata, / hasta
la lluvia (rapa nui)
NO, que la reina no reconozca / tu rostro, es más dulce / así, amor mío, lejos de las efigies, el peso / de tu cabellera en mis manos, recuerdas / el árbol de Mangareva cuyas flores caían / sobre tu pelo? E
la lucha por el recuerdo
Mis pensamientos se han ido alejando de mí, pero llegado a un sendero acogedor rechazo los tumultuosos pesares presentes y me detengo, los ojos cerrados, enervado en un aroma de lejanía que yo mis
la mamadre
La mamadre viene por ahí, / con zuecos de madera. Anoche / sopló el viento del polo, se rompieron / los tejados, se cayeron / los muros y los puentes, / aulló la noche entera con sus pumas, / y ahora, en la m
la muerta
Si de pronto no existes, / si de pronto no vives, / yo seguiré viviendo. / No me atrevo, / no me atrevo a escribirlo, / si te mueres. / Yo seguiré viviendo. / Porque donde no tiene voz un hombre / allí, mi voz. / D
la muerte
Pueblo, aquí decidiste dar tu mano / al perseguido obrero de la pampa, y llamaste, / llamaste al hombre, a la mujer, al niño, / hace un año, a esta Plaza. / Y aquí cayó tu sangre. / En medio de la patria fu
la niña de madera no llegó caminando…
(Mascarón de Proa) / La niña de madera no llegó caminando: / allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos, / viejas flores del mar cubrían su cabeza, / su mirada tenía tristeza de raíces. / Allí quedó mir
la noche en la isla
Toda la noche he dormido contigo / junto al mar, en la isla. / Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, / entre el fuego y el agua. / Tal vez muy tarde / nuestros sueños se unieron / en lo alto o en e
la poesía
Y FUE a esa edad… Llegó la poesía / a buscarme. No sé, no sé de dónde / salió, de invierno o río. / No sé cómo ni cuándo, / no, no eran voces, no eran / palabras, ni silencio, / pero desde una calle me llamab
la primavera
El pájaro ha venido / a dar la luz: / de cada trino suyo / nace el agua. / Y entre agua y luz que el aire desarrollan / ya está la primavera inaugurada, / ya sabe la semilla que ha crecido, / la raíz se retrata
la pródiga
Yo te escogí entre todas las mujeres / para que repitieras / sobre la tierra / mi corazón que baila con espigas / o lucha sin cuartel cuando hace falta. / Yo te pregunto, dónde está mi hijo? / No me esperaba
la rama robada
En la noche entraremos / a robar / una rama florida. / Pasaremos el muro, / en las tinieblas del jardín ajeno, / dos sombras en la sombra. / Aún no se fue el invierno, / y el manzano aparece / convertido de pront
la rosa del herbolario
Dejo en la nave de la rosa / la desición del herbolario: / si la estima por su virtud / o por la herida del aroma: / si es intacta como la quiere / o rígida como una muerta. / LA breve nave no dirá / cuál es la
la tarde sobre los tejados
(Lentísimo) / LA tarde sobre los tejados / cae / y cae… / Quién le dio para que viniera / alas de ave? / Y este silencio que lo llena / todo, / desde qué país de astros / se vino solo? / Y por qué esta brurna / -plúmul
la tierra
LA tierra verde se ha entregado / a todo lo amarillo, oro, cosechas, / terrones, hojas, grano, / pero cuando el otoño se levanta / con su estandarte extenso / eres tú la que veo, / es para mi tu cabellera / la
la tierra combatiente
PRIMERO resistió la tierra. / La nieve araucana quemó / como una hoguera de blancura / el paso de los invasores. / Caían de frío los dedos, / las manos, los pies de Almagro / y las garras que devoraron / y sepu
la tierra se llama juan
DETRÁS de los libertadores estaba Juan / trabajando, pescando y combatiendo, / en su trabajo de carpintería o en su mina mojada. / Sus manos han arado la tierra y han medido / los caminos. / Sus huesos está
la tierra verde se ha entregado…
La tierra verde se ha entregado / a todo lo amarillo, oro, cosechas, / terrones, hojas, grano, / pero cuando el otoño se levanta / con su estandarte extenso / eres tú la que veo, / es para mí tu cabellera / la
la tortuga
LA TORTUGA que / anduvo / tanto tiempo / y tanto vio / con / sus / antiguos / ojos, / la tortuga / que comió / aceitunas / del más profundo / mar, / la tortuga que nadó / siete siglos / y conoció / siete / mil / primaveras, / la tortu
la united fruit co.
Cuando sonó la trompeta, estuvo / todo preparado en la tierra / y Jehová repartió el mundo / a Coca-Cola Inc., Anaconda, / Ford Motors, y otras entidades: / la Compañía Frutera Inc. / se reservó lo más jugoso
la vulgar que pasó
No eras para mis sueños, ni eras para mi vida, / ni para mis cansancios aromados de rosas, / ni para la impotencia de mi rabia suicida, / no eras la bella y buena, la bella y dolorosa. / No eras para mis
lamento lento
En la noche del corazón / la gota de tu nombre lento / en silencio circula y cae / y rompe y desarrolla su agua. / Algo quiere su leve daño / y su estima infinita y corta, / como el paso de un ser perdido / de
las agonías
EN Cajamarca empezó la agonía. / El joven Atahualpa, estambre azul, / árbol insigne, escuchó al viento / traer rumor de acero. / Era un confuso / brillo y temblor desde la costa, / un galope increíble / -piafar
las bordadoras de isla negra
En Isla Negra todo florece. Se arrastran por el invierno pequeñísimas flores amarillas, que luego son azules y más tarde, con la primavera, toman un color amaranto. El mar florece todo el año. Su
las espigas
El sin cesar ha terminado en flores, / en largo tiempo que extiende su camino / en cinta, en la novedad del aire, / y si por fin hallamos bajo el polvo / el mecanismo del próximo futuro / simplemente recono
las flores de punitaqui
ERA dura la patria allí como antes. / Era una sal perdida el oro, / era / un pez enrojecido y en el terrón colérico / su pequeño minuto triturado / nacía, iba naciendo de las uñas sangrientas. / Entre el alba
las furias y las penas
…Hay en mi corazón furias y penas… / Quevedo / En el fondo del pecho estamos juntos, / en el cañaveral del pecho recorremos / un verano de tigres, / al acecho de un metro de piel fría, / al acecho de un ramo
las masacres
Pero entonces la sangre fue escondida / detrás de las raíces, fue lavada / y negada / (fue tan lejos), la lluvia del Sur la borró / de la tierra / (tan lejos fue), el salitre la devoró en la / pampa: / y la mue
llama el océano
No voy al mar en este ancho verano / cubierto de calor, no voy más lejos / de los muros, las puertas y las grietas / que circundan las vidas y mi vida. / En qué distancia, frente a cuál ventana, / en qué es
llegada a puerto picasso
DESEMBARQUÉ en Picasso a las seis de los días de / otoño, recién / el cielo anunciaba su desarrollo rosa, miré alrededor, / Picasso / se extendía y encendía como el fuego del amanecer. / Lejos atrás / quedaba
llegaste a mí directamente del levante. me traías…
Llegaste a mí directamente del Levante. Me traías, / pastor de cabras, tu inocencia arrugada, / la escolástica de viejas páginas, un olor / a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado / sobre los montes
llénate de mí
Llénate de mí. / Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame. / Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame. / Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora, / Soy el que pasó saltando sobre las cosas, / el fug
llueve
Llueve / sobre la arena, sobre el techo / el tema / de la lluvia: / las largas eles de la lluvia lenta / caen sobre las páginas / de mi amor sempiterno, / la sal de cada día: / regresa lluvia a tu nido anterior, /
locos amigos
SE abrió también la noche de repente, / la descubrí, y era una rosa oscura / entre un día amarillo y otro día. / Pero, para el que llega / del Sur, de las regiones / naturales, con fuego y ventisquero, / era
los constructores de estatuas (rapa nui)
YO soy el constructor de las estatuas. No tengo / nombre. / No tengo rostro. El mío se desvió hasta correr / sobre la zarza y subir impregnando las piedras. / Ellas tienen mi rostro petrificado, la grave /
los enemigos
Ellos aquí trajeron los fusiles repletos / de pólvora, ellos mandaron el acerbo / exterminio, / ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, / un pueblo por deber y por amor reunido, / y la delgada niña ca
los héroes
Como si los llevara dentro de mi ansiedad encuentro los héroes donde los busco. Al principio no supe distinguirles, pero ya enrielado en las artimañas de la vida, los veo pasar a mi lado y aprendo
los hombres del nitrato
Yo estaba en el salitre, con los héroes oscuros, / con el que cava nieve fertilizante y fina / en la corteza dura del planeta, / y estreché con orgullo sus manos de tierra. / Ellos me dijeron: «Mira, / herm
los hombres y las islas
LOS hombres oceánicos despertaron, cantaban / las aguas en las islas, de piedra en piedra verde: / las doncellas textiles cruzaban el recinto / en que el fuego y la lluvia entrelazados / procreaban diadem
los jugadores
Juegan, juegan. / Agachados, arrugados, decrépitos. / Este hombre torvo / junto a los mares de su patria, más lejana que el sol, / cantó bellas canciones. / Canción de la belleza de la tierra, / canción de la
los libertadores
AQUÍ viene el árbol, el árbol / de la tormenta, el árbol del pueblo. / De la tierra suben sus héroes / como las hojas por la savia, / y el viento estrella los follajes / de muchedumbre rumorosa, / hasta que c
los llamo
Uno a uno hablaré con ellos está tarde. / Uno a uno, llegáis en el recuerdo, / esta tarde, a esta plaza. / Manuel Antonio López, / camarada. / Lisboa Calderón, / otros te traicionaron, nosotros continuamos tu
los muertos de la plaza
(28 de enero de 1948. Santiago de Chile) / YO no vengo a llorar aquí donde cayeron: / vengo a vosotros, acudo a los que viven. / Acudo a ti y a mí y en tu pecho golpeo. / Cayeron otros antes. Recuerdas? S
los puentes
NUEVOS puentes de Praga, habéis nacido / en la vieja ciudad, rosa y ceniza, / para que el hombre nuevo / pase el río. / Mil años gastaron los ojos / de los dioses de piedra / que desde el viejo Puente Carlos /
los temas
Hacia el camino del nocturno extiende los dedos la grave estatua férrea de estatura implacable. Los cantos sin consulta, las manifestaciones del corazón corren con ansiedad a su dominio: la podero
los versos del capitán - el inconstante
Los ojos se me fueron / detrás de una morena que pasó. / Era de nácar negro, / era de uvas moradas, / y me azotó la sangre / con su cola de fuego. / Detrás de todas / me voy. / Pasó una clara rubia / como una plant
los versos del capitán- el desvío
EL DESVÍO / Si tu pie se desvía de nuevo, / será cortado. / Si tu mano te lleva / a otro camino / se caerá podrida. / Si me apartas tu vida / morirás / aunque vivas. / Seguirás muerta o sombra, / andando sin mí por l
los versos del capitán- en ti la tierra
EN TI LA TIERRA / Pequeña / rosa, / rosa pequeña, / a veces, / diminuta y desnuda, / parece / que en una mano mía / cabes, / que así voy a cerrarte / y llevarte a mi boca, / pero / de pronto / mis pies tocan tus pies y mi
los versos del capitán: 8 de septiembre
8 DE SEPTIEMBRE / Hoy, este día fue una copa plena, / hoy, este día fue la inmensa ola, / hoy, fue toda la tierra. / Hoy el mar tempestuoso / nos levantó en un beso tan alto que temblamos / a la luz de un rel
los versos del capitán: ausencia
AUSENCIA / Apenas te he dejado, / vas en mí, cristalina / o temblorosa, / o inquieta, herida por mí mismo / o colmada de amor, como cuando tus ojos / se cierran sobre el don de la vida / que sin cesar te entreg
los versos del capitán: bella
BELLA / Bella, / como en la piedra fresca / del manantial, el agua / abre un ancho relámpago de espuma, / así es la sonrisa en tu rostro, / bella. / Bella, / de finas manos y delgados pies / como un caballito de pl
los versos del capitán: el alfarero
EL ALFARERO / Todo tu cuerpo tiene / copa o dulzura destinada a mí. / Cuando subo la mano / encuentro en cada sitio una paloma / que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla / para mis propias
los versos del capitán: el amor
EL AMOR / Qué tienes, qué tenemos, / qué nos pasa? / Ay nuestro amor es una cuerda dura / que nos amarra hiriéndonos / y si queremos / salir de nuestra herida, / separarnos, / nos hace un nuevo nudo y nos condena
los versos del capitán: el amor del soldado
El Amor del Soldado / En plena guerra te llevó la vida / a ser el amor del soldado. / Con tu pobre vestido de seda, / tus uñas de piedra falsa / te tocó caminar por el fuego. / Ven acá, vagabunda, / ven a beber
los versos del capitán: el cóndor
EL CÓNDOR / Yo soy el cóndor, vuelo / sobre ti que caminas / y de pronto en un ruedo / de viento, pluma, garras, / te asalto y te levanto / en un ciclón silbante / de huracanado frío. / Y a mi torre de nieve, / a m
los versos del capitán: el daño
EL DAÑO / Te he hecho daño, alma mía, / he desgarrado tu alma. / Entiéndeme. / Todos saben quién soy, / pero ese Soy / es además un hombre / para ti. / En ti vacilo, caigo / y me levanto ardiendo. / Tú entre todos lo
los versos del capitán: el hijo
EL HIJO / Ay hijo, sabes, sabes / de dónde vienes? / De un lago con gaviotas / blancas y hambrientas. / Junto al agua de invierno / ella y yo levantamos / una fogata roja / gastándonos los labios / de besarnos el a
los versos del capitán: el insecto
EL INSECTO / De tus caderas a tus pies / quiero hacer un largo viaje. / Soy más pequeño que un insecto. / Voy por estas colinas, / son de color de avena, / tienen delgadas huellas / que sólo yo conozco, / centíme
los versos del capitán: el monte y el río
EL MONTE Y EL RÍO / En mi patria hay un monte. / En mi patria hay un río. / Ven conmigo. / La noche al monte sube. / El hambre baja al río. / Ven conmigo. / Quiénes son los que sufren? / No sé, pero son míos. / Ven
los versos del capitán: el olvido
EL OLVIDO / Todo el amor en una copa / ancha como la tierra, todo / el amor con estrellas y espinas / te di, pero anduviste / con pies pequeños, con tacones sucios / sobre el fuego, apagándolo. / Ay gran amor,
los versos del capitán: el pozo
EL POZO / A veces te hundes, caes / en tu agujero de silencio, / en tu abismo de cólera orgullosa, / y apenas puedes / volver, aún con jirones / de lo que hallaste / en la profundidad de tu existencia. / Amor mío
los versos del capitán: el sueño
EL SUEÑO / Andando en las arenas / yo decidí dejarte. / Pisaba un barro oscuro / que temblaba, / y hundiéndome y saliendo / decidí que salieras / de mí, que me pesabas / como piedra cortante, / y elaboré tu pérdida
los versos del capitán: el tigre
EL TIGRE / Soy el tigre. / Te acecho entre las hojas / anchas como lingotes / de mineral mojado. / El río blanco crece / bajo la niebla. Llegas. / Desnuda te sumerges. / Espero. / Entonces en un salto / de fuego, san
los versos del capitán: el viento en la isla
EL VIENTO EN LA ISLA / El viento es un caballo: / óyelo cómo corre / por el mar, por el cielo. / Quiere llevarme: escucha / cómo recorre el mundo / para llevarme lejos. / Escóndeme en tus brazos / por esta noche
los versos del capitán: epitalamio
EPITALAMIO / Recuerdas cuando / en invierno llegamos a la isla? / El mar hacia nosotros levantaba / una copa de frío. / En las paredes las enredaderas / susurraban dejando / caer hojas oscuras / a nuestro paso. / T
los versos del capitán: explicación
Explicación / Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la in
los versos del capitán: introducción
Introducción / Habana, 3 de octubre de 1951 / Estimado señor: / Me permito enviarle estos papeles que creo le interesarán y que no he podido dar a la publicidad hasta ahora. / Tengo todos los originales d
los versos del capitán: la bandera
LA BANDERA / Levántate conmigo. / Nadie quisiera / como yo quedarse / sobre la almohada en que tus párpados / quieren cerrar el mundo para mí. / Allí también quisiera / dejar dormir mi sangre / rodeando tu dulzur
los versos del capitán: la carta en el camino
La Carta en el Camino / Adiós, pero conmigo / serás, irás adentro / de una gota de sangre que circule en mis venas / o fuera, beso que me abrasa el rostro / o cinturón de fuego en mi cintura. / Dulce mía, rec
los versos del capitán: la infinita
LA INFINITA / Ves estas manos? Han medido / la tierra, han separado / los minerales y los cereales, / han hecho la paz y la guerra, / han derribado las distancias / de todos los mares y ríos, / y sin embargo / cu
los versos del capitán: la muerta
LA MUERTA / Si de pronto no existes, / si de pronto no vives, / yo seguiré viviendo. / No me atrevo, / no me atrevo a escribirlo, / si te mueres. / Yo seguiré viviendo. / Porque donde no tiene voz un hombre / allí,
los versos del capitán: la noche en la isla
LA NOCHE EN LA ISLA / Toda la noche he dormido contigo / junto al mar, en la isla. / Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, / entre el fuego y el agua. / Tal vez muy tarde / nuestros sueños se unier
los versos del capitán: la pobreza
LA POBREZA / Ay no quieres, / te asusta / la pobreza, / no quieres / ir con zapatos rotos al mercado / y volver con el viejo vestido. / Amor, no amamos, / como quieren los ricos, / la miseria. Nosotros / la extirpare
los versos del capitán: la pregunta
LA PREGUNTA / Amor, una pregunta / te ha destrozado. / Yo he regresado a ti / desde la incertidumbre con espinas. / Te quiero recta como / la espada o el camino. / Pero te empeñas / en guardar un recodo / de sombra
los versos del capitán: la pródiga
LA PRÓDIGA / Yo te escogí entre todas las mujeres / para que repitieras / sobre la tierra / mi corazón que baila con espigas / o lucha sin cuartel cuando hace falta. / Yo te pregunto, dónde está mi hijo? / No m
los versos del capitán: la rama robada
LA RAMA ROBADA / En la noche entraremos / a robar / una rama florida. / Pasaremos el muro, / en las tinieblas del jardín ajeno, / dos sombras en la sombra. / Aún no se fue el invierno, / y el manzano aparece / conv
los versos del capitán: la reina
LA REINA / Yo te he nombrado reina. / Hay más altas que tú, más altas. / Hay más puras que tú, más puras. / Hay más bellas que tú, hay más bellas. / Pero tú eres la reina. / Cuando vas por las calles / nadie te
los versos del capitán: la tierra
LA TIERRA / La tierra verde se ha entregado / a todo lo amarillo, oro, cosechas, / terrones, hojas, grano, / pero cuando el otoño se levanta / con su estandarte extenso / eres tú la que veo, / es para mí tu cab
los versos del capitán: las muchachas
LAS MUCHACHAS / Muchachas que buscabais / el gran amor, el gran amor terrible, / qué ha pasado, muchachas? / Tal vez / el tiempo, el tiempo! / Porque ahora, / aquí está, ved cómo pasa / arrastrando las piedras ce
los versos del capitán: las vidas
LAS VIDAS / Ay qué incómoda a veces / te siento / conmigo, vencedor entre los hombres! / Porque no sabes / que conmigo vencieron / miles de rostros que no puedes ver, / miles de pies y pechos que marcharon conm
los versos del capitán: no sólo el fuego
NO SOLO EL FUEGO / Ay sí, recuerdo, / ay tus ojos cerrados / como llenos por dentro de luz negra, / todo tu cuerpo como una mano abierta, / como un racimo blanco de la luna, / y el éxtasis, / cuando nos mata un
los versos del capitán: oda y germinaciones
Oda y Germinaciones / I / El sabor de tu boca y el color de tu piel, / piel, boca, fruta mía de estos días veloces, / dímelo, fueron sin cesar a tu lado / por años y por viajes y por lunas y soles / y tierra
los versos del capitán: pequeña américa
PEQUEÑA AMÉRICA / Cuando miro la forma / de América en el mapa, / amor, a ti te veo: / las alturas del cobre en tu cabeza, / tus pechos, trigo y nieve, / tu cintura delgada, / veloces ríos que palpitan, dulces /
los versos del capitán: si tú me olvidas
SI TÚ ME OLVIDAS / Quiero que sepas / una cosa. / Tú sabes cómo es esto: / si miro / la luna de cristal, la rama roja / del lento otoño en mi ventana, / si toco / junto al fuego / la impalpable ceniza / o el arrugado
los versos del capitán: siempre
SIEMPRE / Antes de mí / no tengo celos. / Ven con un hombre / a la espalda, / ven con cien hombres en tu cabellera, / ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies, / ven como un río / lleno de ahogados / que encue
los versos del capitán: tu risa
TU RISA / Quítame el pan si quieres, / quítame el aire, pero / no me quites tu risa. / No me quites la rosa, / la lanza que desgranas, / el agua que de pronto / estalla en tu alegría, / la repentina ola / de planta
los versos del capitán: tú venías
TÚ VENÍAS / No me has hecho sufrir / sino esperar. / Aquellas horas / enmarañadas, llenas / de serpientes, / cuando / se me caía el alma y me ahogaba, / tú venías andando, / tú venías desnuda y arañada, / tú llegabas
los versos del capitán: tus manos
TUS MANOS / Cuando tus manos salen, / y amor, hacia las mías, / qué me traen volando? / Por qué se detuvieron en mi boca, / de pronto, / por qué las reconozco / como si entonces antes, / las hubiera tocado, / como
los versos del capitán: tus pies
TUS PIES / Cuando no puedo mirar tu cara / miro tus pies. / Tus pies de hueso arqueado, / tus pequeños pies duros. / Yo sé que te sostienen, / y que tu dulce peso / sobre ellos se levanta. / Tu cintura y tus pech
luis muñoz marín
Hay un gordo gusano en estas aguas / en estas tierras un rapaz gusano; / se comió la bandera de la isla / izando la bandera de sus amos, / se nutrió de la sangre prisionera, / de los pobres patriotas enterr
madras, contemplaciones del acuario
Por la mañana se instala en el barco un juglar hindú y encantador de serpientes. Sopla una calabaza de sonido estridente, lúgubre; y como eco, se desarrolla desde un canastillo redondo, una cobra
madrid (1936)
MADRID sola y solemne, julio te sorprendió con tu alegría / de panal pobre: clara era tu calle, / claro era tu sueno. / Un hipo negro / de generales, una ola / de sotanas rabiosas / rompió entre tus rodillas /
madrid (1937)
EN esta hora recuerdo a todo y todos, / fibradamente, hundidamente en / las regiones que -sonido y pluma- / golpeando un poco, existen / más allá de la tierra, pero en la tierra. Hoy / comienza un nuevo inv
mariposa de otoño
LA mariposa volotea / y arde –con el sol– a veces. / Mancha volante y llamarada, / ahora se queda parada / sobre una hoja que la mece. / Me decían: –No tienes nada. / No estás enfermo. Te parece. / Yo tampoco d
material nupcial
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores, / especial, encendido, con venas y saliva, / y dedos y testículos, / miro una niña de papel y luna, / horizontal, temblando y respirando y blanca / y sus pezones
maternidad
Por qué te precipitas hacia la maternidad y verificas / tu ácido oscuro con gramos a menudo fatales? / El porvenir de las rosas ha llegado! El tiempo / de la red y el relámpago! Las suaves peticiones / de
me gustas cuando callas porque estás como ausente…
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado / y parece que un beso te cerrara la boca. / Como todas las cos
me llamo pájaro pablo…
Me llamo pájaro Pablo, / ave de una sola pluma, / volador de sombra clara / y de claridad confusa, / las alas no se me ven, / los oídos me retumban / cuando paso entre los árboles / o debajo de las tumbas / cual
me trajo mara mori…
Me trajo Mara Mori / un par de calcetines, / que tejió con sus manos de pastora, / dos calcetines suaves como liebres. / En ellos metí los pies / como en dos estuches / tejidos con hebras del / crepúsculo y pel
melancolía en las familias
Conservo un frasco azul, / dentro de él una oreja y un retrato: / cuando la noche obliga / a las plumas del búho, / cuando el ronco cerezo / se destroza los labios y amenaza / con cáscaras que el viento del o
méxico (1940)
MÉXICO, de mar a mar te viví, traspasado / por tu férreo color, trepando montes / sobre los que aparecen monasterios / llenos de espinas, / el ruido venenoso / de la ciudad, los dientes solapados / del pulula
mi muchacha salvaje
MI MUCHACHA salvaje, hemos tenido / que recobrar el tiempo / y marchar hacia atrás, en la distancia / de nuestras vidas, beso a beso, / recogiendo de un sitio lo que dimos / sin alegría, descubriendo en otr
mientras la magna espuma de isla negra…
Mientras la magna espuma de Isla Negra, / la sal azul, el sol en las olas te mojan, / yo miro los trabajos de la avispa / empeñada en la miel de su universo. / Va y viene equilibrando su recto y rubio vue
migración
TODO el día una línea y otra línea, / un escuadrón de plumas, / un navío / palpitaba en el aire, / atravesaba / el pequeño infinito / de la ventana desde donde busco, / interrogo, trabajo, acecho, aguardo. / La t
molusca gongorina
DE California traje un múrex espinoso, / la sílice en sus púas, ataviada con humo / su erizada apostura de rosa congelada, / y su interior rosado de paladar ardía / con una suave sombra de corola carnosa.
monzón de mayo
El viento de la estación, el viento verde, / cargado de espacio y agua, entendido en desdichas, / arrolla su bandera de lúgubre cuero, / y de una desvanecida substancia, como dinero de limosna: / así, pla
muchachas que buscabais…
Muchachas que buscabais / el gran amor, el gran amor terrible, / qué ha pasado, muchachas? / Tal vez / el tiempo, el tiempo! / Porque ahora, / aquí está, ved cómo pasa / arrastrando las piedras celestes, / destro
muchos somos
DE tantos hombres que soy, que somos, / no puedo encontrar a ninguno: / se me pierden bajo la ropa, / se fueron a otra ciudad. / Cuando todo está preparado / para mostrarme inteligente / el tonto que llevo es
mujer lejana
Esta mujer cabe en mis manos. Es blanca y rubia, y en mis manos la llevaría como a una cesta de magnolias. / Esta mujer cabe en mis ojos. La envuelven mis miradas, mis miradas que nada ven cuando la
niña morena y ágil, el sol que hace las frutas…
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, / el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, / hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos / y tu boca que tiene la sonrisa del agua. / Un sol negro y
no hay olvido (sonata)
Si me preguntáis en dónde he estado / debo decir «Sucede». / Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras, / del río que durando se destruye: / no sé sino las cosas que los pájaros pierden, / el mar d
no hay pura luz
NO hay pura luz / ni sombra en los recuerdos: / éstos se hicieron cárdena ceniza / o pavimento sucio / de calle atravesada por los pies de las gentes / que sin cesar salía y entraba en el mercado. / Y hay otr
no me has hecho sufrir…
No me has hecho sufrir / sino esperar. / Aquellas horas / enmarañadas, llenas / de serpientes, / cuando / se me caía el alma y me ahogaba, / tú venías andando, / tú venías desnuda y arañada, / tú llegabas sangrient
no me pregunten
Tengo el corazón pesado / con tantas cosas que conozco, / es como si llevara piedras / desmesuradas en un saco, / o la lluvia hubiera caído, / sin descansar, en mi memoria. / No me pregunten por aquello. / No s
no tan alto
De cuando en cuando y a lo lejos / hay que darse un baño de tumba. / Sin duda todo está muy bien / y todo está muy mal, sin duda. / Van y vienen los pasajeros, / crecen los niños y las calles, / por fin compr
no te toque la noche ni el aire ni la aurora…
No te toque la noche ni el aire ni la aurora, / sólo la tierra, la virtud de los racimos, / las manzanas que crecen oyendo el agua pura, / el barro y las resinas de tu país fragante. / Desde Quinchamalí d
nombre de un muerto
Yo lo conocí a Winter en su puerto, en su escondrijo de Bajo Imperial. Lo conocí de leyenda, lo conocí, luego, de vista y, al fin, de profundidad. Cómo asombrarse de que se haya muerto? Como no me
oda a federico garcía lorca
SI pudiera llorar de miedo en una casa sola, / si pudiera sacarme los ojos y comérmelos, / lo haría por tu voz de naranjo enlutado / y por tu poesía que sale dando gritos. / Porque por ti pintan de azul l
oda a la abeja
MULTITUD de la abeja! / Entra y sale / del carmín, del azul, / del amarillo, / de la más suave / suavidad del mundo: / entra en / una corola / precipitadamente, / por negocios, / sale / con traje de oro / y cantidad de b
oda a la alegría
ALEGRÍA / hoja verde / caída en la ventana, / minúscula / claridad / recién nacida, / elefante sonoro, / deslumbrante / moneda, / a veces / ráfaga quebradiza, / pero / más bien / pan permanente, / esperanza cumplida, / deber d
oda a la araucaria araucana
ALTA sobre la tierra / te pusieron, / dura, hermosa araucaria / de los australes / montes, / torre de Chile, punta / del territorio verde, / pabellón del invierno, / nave / de la fragancia. / Ahora, sin embargo, / no p
oda a la bella desnuda
Con casto corazón, con ojos / puros, / te celebro, belleza, / reteniendo la sangre / para que surja y siga / la línea, tu contorno, / para / que te acuestes a mi oda / como en tierra de bosques o de espuma, / en ar
oda a la casa abandonada
Casa, !hasta luego! / No / puedo decirte / cuándo / volveremos: / mañana o no mañana, / tarde o mucho más tarde. / Un viaje más, pero / esta vez / yo quiero / decirte / cuánto / amamos / tu corazón de piedra: / qué generosa
oda a la casa dormida
Hacia adentro, en Brasil, por las altas sierras / y desbocados ríos, / de noche, a plena luna… / las cigarras / llenaban / tierra y cielo / con su telegrafía / crepitante. / Ocupada la noche / por la redonda / estatu
oda a la cuchara
CUCHARA, / cuenca / de / la más antigua / mano del hombre, / aún / se ve en tu forma / de metal o madera / el molde / de la palma / primitiva, / en donde / el agua / trasladó / frescura / y la sangre / salvaje / palpitación / de fue
oda a la edad
Yo no creo en la edad. / Todos los viejos / llevan / en los ojos / un niño, / y los niños / a veces / nos observan / como ancianos profundos. / Mediremos / la vida / por metros o kilómetros / o meses? / Tanto desde que nac
oda a la envidia
Yo vine / del Sur, de la Frontera. / La vida era lluviosa. / Cuando llegué a Santiago / me costó mucho cambiar de traje. / Yo venía vestido / de riguroso invierno. / Flores de la intemperie / me cubrían. / Me desan
oda a la esperanza
Crepúsculo marino, / en medio / de mi vida, / las olas como uvas, / la soledad del cielo, / me llenas / y desbordas, / todo el mar, / todo el cielo, / movimiento / y espacio, / los batallones blancos / de la espuma, / la t
oda a la jardinera
Sí, yo sabía que tus manos eran / el alhelí florido, la azucena / de plata; / algo que ver tenías / con el suelo, / con el florecimiento de la tierra, / pero / cuando / te vi cavar, cavar, / apartar piedrecitas / y m
oda a la manzana
A ti, manzana, / quiero / celebrarte / llenándome / con tu nombre / la boca, / comiéndote. / Siempre / eres nueva como nada / o nadie, / siempre / recién caída / del Paraíso: / plena / y pura / mejilla arrebolada / de la aurora!
oda a la pereza
Ayer sentí que la oda / no subía del suelo. / Era hora, debía / por lo menos / mostrar una hoja verde. / Rasqué la tierra: –Sube, / hermana oda / -le dije- / te tengo prometida, / no me tengas miedo, / no voy a tritu
oda a la pobreza
Cuando nací, / pobreza, / me seguiste, / me mirabas / a través / de las tablas podridas / por el profundo invierno. / De pronto / eran tus ojos / los que miraban desde los agujeros. / Las goteras, / de noche, repetían /
oda a la poesía
Cerca de cincuenta años / caminando / contigo, Poesía. / Al principio / me enredabas los pies / y caía de bruces / sobre la tierra oscura / o enterraba los ojos / en la charca / para ver las estrellas. / Más tarde te
oda a la tristeza
Tristeza, escarabajo / de siete patas rotas, / huevo de telaraña, / rata descalabrada, / esqueleto de perra: / Aquí no entras. / No pasa. / Ándate. / Vuelve / al sur con tu paraguas, / vuelve / al norte con tus dientes
oda a la vida
La noche entera / con un hacha / me ha golpeado el dolor, / pero el sueño / pasó lavando como un agua oscura / piedras ensangrentadas. / Hoy de nuevo estoy vivo. / De nuevo / te levanto, / vida, / sobre mis hombros. /
oda a las algas del océano
No conocéis tal vez / las desgranadas / vertientes / del océano. / En mi patria / es la luz / de cada día. / Vivimos / en el filo / de la ola, / en el olor del mar, / en su estrellado vino. / A veces / las altas / olas / traen
oda a las cosas
AMO las cosas loca, / locamente. / Me gustan las tenazas, / las tijeras, / adoro / las tazas, / las argollas, / las soperas, / sin hablar, por supuesto, / del sombrero. / Amo / todas las cosas, / no sólo / las supremas, / si
oda a los calcetines
Me trajo Mara Mori / un par de calcetines, / que tejió con sus manos de pastora, / dos calcetines suaves como liebres. / En ellos metí los pies / como en dos estuches / tejidos con hebras del / crepúsculo y pel
oda a los números
Qué sed / de saber cuánto! / Qué hambre / de saber / cuántas / estrellas tiene el cielo! / Nos pasamos / la infancia / contando piedras, plantas, / dedos, arenas, dientes, / la juventud contando / pétalos, cabelleras. /
oda a los poetas populares
POETAS naturales de la tierra, / escondidos en surcos, / cantando en las esquinas, / ciegos de callejón, oh trovadores / de las praderas y los almacenes, / si al agua / comprendiéramos / tal vez corno vosotros
oda a los trenes del sur
TRENES del Sur, pequeños / entre / los volcanes, / deslizando / vagones / sobre / rieles / mojados / por la lluvia vitalicia, / entre montañas / crespas / y pesadumbre / de palos quemados. / Oh / frontera / de bosques goteante
oda a un reloj en la noche
En la noche, en tu mano / brilló como luciérnaga / mi reloj. / Oí / su cuerda: / como un susurro seco / salía / de tu mano invisible. / Tu mano entonces / volvió a mi pecho oscuro / a recoger mi sueño y su latido. / El
oda a una estrella
ASOMANDO a la noche / en la terraza / de un rascacielos altísimo y amargo / pude tocar la bóveda nocturna / y en un acto de amor extraordinario / me apoderé de una celeste estrella. / Negra estaba la noche / y
oda a una lavandera nocturna
Desde el jardín, en lo alto, / miré la lavandera / Era de noche. / Lavaba, refregaba, / sacudía, / un segundo sus manos / brillaban en la espuma, / luego / caían en la sombra / Desde arriba / a la luz de la vela / era
oda a valparaíso
VALPARAÍSO, / qué disparate / eres, / qué loco, / puerto loco, / qué cabeza / con cerros, / desgreñada, / no acabas / de peinarte, / nunca / tuviste / tiempo de vestirte, / siempre / te sorprendió / la vida, / te despertó la mue
oda a walt whitman
YO no recuerdo / a qué edad, / ni dónde, / si en el gran Sur mojado / o en la costa / temible, bajo el breve / grito de las gaviotas, / toqué una mano y era / la mano de Walt Whitman: / pisé la tierra / con los pies
oda al aceite
Cerca del rumoroso / cereal, de las olas / del viento en las avenas, / el olivo / de volumen plateado, / severo en su linaje, / en su torcido / corazón terrestre; / las gráciles / olivas / pulidas / por los dedos / que h
oda al amor
Amor, hagamos cuentas. / A mi edad / no es posible / engañar o engañarnos. / Fui ladrón de caminos, / tal vez, / no me arrepiento. / Un minuto profundo, / una magnolia rota / por mis dientes / y la luz de la luna / cel
oda al ancla
Estuvo allí, un pesado / fragmento fugitivo, / cuando murió la nave / la dejaron / allí, sobre la arena, / ella no tiene muerte: / polvo de sal en su esqueleto, / tiempo en la cruz de su esperanza, / se fue oxida
oda al átomo
Pequeñísima / estrella, / parecías / para siempre / enterrada / en el metal: oculto, / tu diabólico / fuego. / Un día / golpearon / en la puerta / minúscula: / era el hombre. / Con una / descarga / te desencadenaron, / viste el
oda al caldillo de congrio
EN el mar / tormentoso / de Chile / vive el rosado congrio, / gigante anguila / de nevada carne. / Y en las ollas / chilenas, / en la costa, / nació el caldillo / grávido y suculento, / provechoso. / Lleven a la cocina / e
oda al diccionario
LOMO de buey, pesado / cargador, sistemático / libro espeso: / de joven / te ignore, me vistió / la suficiencia / y me creí repleto, / y orondo como un / melancólico sapo / dictaminé: «Recibo / las palabras / directame
oda al gato
Los animales fueron / imperfectos, / largos de cola, tristes / de cabeza. / Poco a poco se fueron / componiendo, / haciéndose paisaje, / adquiriendo lunares, gracia, vuelo. / El gato, / sólo el gato / apareció comple
oda al libro (ii)
LIBRO / hermoso, / libro, / mínimo bosque, / hoja / tras hoja, / huele / tu papel / a elemento, / eres / matutino y nocturno, / cereal, / oceánico, / en tus antiguas páginas / cazadores de osos, / fogatas / cerca del Mississippi
oda al mal ciego
Oh ciego sin guitarra / y con envidia, / cocido / en / tu / veneno, / desdeñado / como / esos / zapatos / entreabiertos y raídos / que a veces / abren la boca como si quisieran / ladrar, ladrar desde la acequia sucia. / Oh a
oda al mar
AQUÍen la isla / el mar / y cuánto mar / se sale de sí mismo / a cada rato, / dice que sí, que no, / que no, que no, que no, / dice que si, en azul, / en espuma, en galope, / dice que no, que no. / No puede estarse q
oda al presente
ESTE / presente / liso / como una tabla, / fresco, / esta hora, / este día / limpio / como una copa nueva / –del pasado / no hay una / telaraña–, / tocamos / con los dedos / el presente, / cortamos / su medida, / dirigimos / su brot
oda al primer día del año
Lo distinguimos / como / si fuera / un caballito / diferente de todos / los caballos. / Adornamos / su frente / con una cinta, / le ponemos / al cuello cascabeles colorados, / y a medianoche / vamos a recibirlo / como si f
oda al secreto amor
Tú sabes / que adivinan / el misterio: / me ven, / nos ven, / y nada / se ha dicho, / ni tus ojos, / ni tu voz, ni tu pelo, / ni tu amor han hablado, / y lo saben / de pronto, / sin saberlo / lo saben: / me despido y camino /
oda al tiempo
Dentro de ti tu edad / creciendo, / dentro de mí mi edad / andando. / El tiempo es decidido, / no suena su campana, / se acrecienta, camina, / por dentro de nosotros, / aparece / como un agua profunda / en la mirada /
oda al vino
VINO color de día, / vino color de noche, / vino con pies de púrpura / o sangre de topacio, / vino, / estrellado hijo / de la tierra, / vino, liso / como una espada de oro, / suave / como un desordenado terciopelo, / v
oda con un lamento
Oh niña entre las rosas, oh presión de palomas, / oh presidio de peces y rosales, / tu alma es una botella llena de sal sedienta / y una campana llena de uvas es tu piel. / Por desgracia no tengo para dar
oda y germinaciones
I / El sabor de tu boca y el color de tu piel, / piel, boca, fruta mía de estos días veloces, / dímelo, fueron sin cesar a tu lado / por años y por viajes y por lunas y soles / y tierra y llanto y lluvia y
orégano
Cuando aprendí con lentitud / a hablar / creo que ya aprendí la incoherencia: / no me entendía nadie, ni yo mismo, / y odié aquellas palabras / que me volvían siempre / al mismo pozo, / al pozo de mi ser aún os
padre de chile
Recabarren, hijo de Chile, / padre de Chile, padre nuestro, / en tu construcción, en tu línea / fraguada en tierras y tormentos / nace la fuerza de los días / venideros y vencedores. / Tú eres la patria, pamp
para mi corazón basta tu pecho…
Para mi corazón basta tu pecho, / para tu libertad bastan mis alas. / Desde mi boca llegará hasta el cielo / lo que estaba dormido sobre tu alma. / Es en ti la ilusión de cada día. / Llegas como el rocío a
para que tú me oigas…
Para que tú me oigas / mis palabras / se adelgazan a veces / como las huellas de las gaviotas en las playas. / Collar, cascabel ebrio / para tus manos suaves como las uvas. / Y las miro lejanas mis palabras. /
paz para los crepúsculos que vienen
PAZ para los crepúsculos que vienen, / paz para el puente, paz para el vino, / paz para las letras que me buscan / y que en mi sangre suben enredando / el viejo canto con tierra y amores, / paz para la ciud
pensando, enredando sombras en la profunda soledad…
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. / Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie. / Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes, enterrando lámparas. / Campanario de brumas, q
pequeña américa
CUANDO miro la forma / de América en el mapa, / amor, a ti te veo: / las alturas del cobre en tu cabeza, / tus pechos, trigo y nieve, / tu cintura delgada, / veloces ríos que palpitan, dulces / colinas y prader
picaflor (ii)
(Sephanoides II) / EL COLIBRí de siete luces, / el picaflor de siete flores, / busca un dedal donde vivir: / son desgraciados sus amores / sin una casa donde ir / lejos del mundo y de las flores. / Es ilegal su
pido silencio
AHORA me dejen tranquilo. / Ahora se acostumbren sin mí. / Yo voy a cerrar los ojos / Y sólo quiero cinco cosas, / cinco raices preferidas. / Una es el amor sin fin. / Lo segundo es ver el otoño. / No puedo ser
piedras antárticas
ALLÍ termina todo / y no termina: / allí comienza todo: / se despiden los ríos en el hielo, / el aire se ha casado con la nieve, / no hay calles ni caballos / y el único edificio / lo construyó la piedra. / Nadie
piedras para maría
LAS piedrecitas puras, / olivas ovaladas / fueron antes / población / de las viñas / del océano, / racimos agrupados, / uvas de los panales / sumergidos: / la ola las desgranaba, / caían en el viento, / rodaban al abis
pobres poetas a quienes la vida y la muerte…
(G.M.) / Pobres poetas a quienes la vida y la muerte / persiguieron con la misma tenacidad sombría / y luego son cubiertos por impasible pompa / entregados al rito y al diente funerario. / Ellos -oscuros co
poema 1 de amor
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega. / Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. / Fui solo como
poema 10 de amor
Hemos perdido aun este crepúsculo. / Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas / mientras la noche azul caía sobre el mundo. / He visto desde mi ventana / la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
poema 11 de amor
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas / la mitad de la luna. / Girante, errante noche, la cavadora de ojos. / A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. / Hace una cruz de luto entre mis cejas
poema 12 de amor
Para mi corazón basta tu pecho, / para tu libertad bastan mis alas. / Desde mi boca llegará hasta el cielo / lo que estaba dormido sobre tu alma. / Es en ti la ilusión de cada día. / Llegas como el rocío a
poema 13 de amor
He ido marcando con cruces de fuego / el atlas blanco de tu cuerpo. / Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. / En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. / Historias que contarte a la orilla del c
poema 14 de amor
Juegas todos los días con la luz del universo. / Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. / Eres más que esta blanca cabecita que aprieto / como un racimo entre mis manos cada día. / A nadie te p
poema 15 de amor
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado / y parece que un beso te cerrara la boca. / Como todas las cos
poema 16 de amor
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube / y tu color y forma son como yo los quiero. / Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, / y viven en tu vida mis infinitos sueños. / La lámpara de mi alma t
poema 17 de amor
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. / Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie. / Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes, / enterrando lámparas. / Campanario de brumas, q
poema 18 de amor
Aquí te amo. / En los oscuros pinos se desenreda el viento. / Fosforece la luna sobre las aguas errantes. / Andan días iguales persiguiéndose. / Se desciñe la niebla en danzantes figuras. / Una gaviota de p
poema 19 de amor
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, / el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, / hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos / y tu boca que tiene la sonrisa del agua. / Un sol negro y
poema 2 de amor
En su llama mortal la luz te envuelve. / Absorta, pálida doliente, así situada / contra las viejas hélices del crepúsculo / que en torno a ti da vueltas. / Muda, mi amiga, / sola en lo solitario de esta hor
poema 20 de amor
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» / El viento de la noche gira en el cielo y canta. / Pued
poema 3 de amor
Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, / lento juego de luces, campana solitaria, / crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, / caracola terrestre, en ti la tierra canta! / En ti los ríos cantan y
poema 4 de amor
Es la mañana llena de tempestad / en el corazón del verano. / Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, / el viento las sacude con sus viajeras manos. / Innumerable corazón del viento / latiendo sobr
poema 5 de amor
Para que tú me oigas / mis palabras / se adelgazan a veces / como las huellas de las gaviotas en las playas. / Collar, cascabel ebrio / para tus manos suaves como las uvas. / Y las miro lejanas mis palabras. /
poema 6 de amor
Te recuerdo como eras en el último otoño. / Eras la boina gris y el corazón en calma. / En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. / Y las hojas caían en el agua de tu alma. / Apegada a mis brazos co
poema 7 de amor
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes / a tus ojos oceánicos. / Allí se estira y arde en la más alta hoguera / mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. / Hago rojas señales sobre tu
poema 8 de amor
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma / y te tuerces en lentas espirales de humo. / Soy el desesperado, la palabra sin ecos, / el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. / Última amarra, cruje
poema 9 de amor
Ebrio de trementina y largos besos, / estival, el velero de las rosas dirijo, / torcido hacia la muerte del delgado día, / cimentado en el sólido frenesí marino. / Pálido y amarrado a mi agua devorante / cr
por qué el sombrero de la noche
Por qué el sombrero de la noche / Vuela con tantos agujeros? / Qué dice la vieja ceniza / Cuando camina junto al fuego? / Por qué lloran tanto las nubes / Y cada vez son más alegres? / Para quién arden los pi
port-said
Comentar este pasar de cosas es adquirir un tono. Se rueda sobre el plano inclinado de una tendencia interior y van apareciendo presencias: el sentimental hallazgo, sus aspectos desgarradores de p
preguntaréis…
Preguntaréis / Y dónde están las lilas? / Y la metafísica cubierta de amapolas? / Y la lluvia que a menudo golpeaba / sus palabras llenándolas / de agujeros y pájaros? / Os voy a contar todo lo que me pasa. / Y
puedo escribir los versos más tristes esta noche…
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. / El viento de la noche gira en el cielo y canta. / Pued
qué tienes, qué tenemos…
Qué tienes, qué tenemos, / qué nos pasa? / Ay nuestro amor es una cuerda dura / que nos amarra hiriéndonos / y si queremos / salir de nuestra herida, / separarnos, / nos hace un nuevo nudo y nos condena / a desan
quiero que sepas…
Quiero que sepas / una cosa. / Tú sabes cómo es esto: / si miro / la luna de cristal, la rama roja / del lento otoño en mi ventana, / si toco / junto al fuego / la impalpable ceniza / o el arrugado cuerpo de la leñ
rafael, antes de llegar a españa me salió al…
Rafael, antes de llegar a España me salió al / camino / tu poesía, rosa literal, racimo biselado, / y ella hasta ahora ha sido no para mí un recuerdo, / sino luz olorosa, emanación de un mundo. / A tu tierr
rapa nui
TEPITO-TE-HENÚA, ombligo del mar grande, / taller del mar, extinguida diadema. / De tu lava escorial subió la frente / del hombre más arriba del Océano, / los ojos agrietados de la piedra / midieron el cicl
recabarren (1921)
TU nombre era Recabarren. / Bonachón, corpulento, espacioso, / clara mirada, frente firme, / su ancha compostura cubría, / como la arena numerosa, / los yacimientos de la fuerza. / Mirad en la pampa de Améric
recuerdas cuando…
Recuerdas cuando / en invierno llegamos a la isla? / El mar hacia nosotros levantaba / una copa de frío. / En las paredes las enredaderas / susurraban dejando / caer hojas oscuras / a nuestro paso. / Tú eras tamb
resurrección
Yo me disminuyo en cada día que corre y que cae, / como si naciera: es el alba de mi sangre: sacudo la ropa, / se enredan las ramas del roble, corona el rocío con siete / diademas mis recién nacidas ore
resurrecciones
Si alguna vez vivo otra vez / será de la misma manera / porque se puede repetir / mi nacimiento equivocado / y salir con otra corteza / cantando la misma tonada. / Y por eso, por si sucede, / si por un destino
ritual de mis piernas
Largamente he permanecido mirando mis largas piernas, / con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión, / como si hubieran sido las piernas de una mujer divina / profundamente sumida en el a
san martín (1810)
ANDUVE, San Martín, tanto y de sitio en sitio / que descarté tu traje, tus espuelas, sabía / que alguna vez, andando en los caminos / hechos para volver, en los finales / de cordillera, en la pureza / de la
se unen la tierra y el hombre
ARAUCANÍA, ramo de robles torrenciales, / oh Patria despiadada, amada oscura, / solitaria en tu reino lluvioso: / eras sólo gargantas minerales, / manos de frío, puños / acostumbrados a cortar peñascos: / era
sed de ti
Sed de ti me acosa en las noches hambrientas. / Trémula mano roja que hasta su vida se alza. / Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía. / Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas…… / Por eso ere
sensación de olor
FRAGANCIA / de lilas… / Claros atardeceres de mi lejana infancia / que fluyó como el cauce de unas aguas tranquilas. / Y después un pañuelo temblando en la distancia. / Bajo el cielo de seda la estrella que
sepan lo sepan lo sepan
AY la mentira que vivimos / fue el pan nuestro de cada día. / Señores del siglo veintiuno, / es necesario que se sepa / lo que nosotros no supimos, / que se vea el contra y el por, / porque no lo vimos nosotr
serenata
En tu frente descansa el color de las amapolas, / el luto de las viudas halla eco, oh apiadada: / cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos, / el delgado labrador te da la espalda, / de tus
si tú me olvidas
QUIERO que sepas / una cosa. / Tú sabes cómo es esto: / si miro / la luna de cristal, la rama roja / del lento otoño en mi ventana, / si toco / junto al fuego / la impalpable ceniza / o el arrugado cuerpo de la leñ
si tu pie se desvía de nuevo…
Si tu pie se desvía de nuevo, / será cortado. / Si tu mano te lleva / a otro camino / se caerá podrida. / Si me apartas tu vida / morirás / aunque vivas. / Seguirás muerta o sombra, / andando sin mí por la tierra.
siempre
Aunque los pasos toquen mil años este sitio, / no borrarán la sangre de los que aquí cayeron. / Y no se extinguirá la hora en que caísteis, / aunque miles de voces crucen este silencio. / La lluvia empapa
siento tu ternura allegarse a mi tierra
Siento tu ternura allegarse a mi tierra, / mirada de mis ojos, huir, / la veo interrumpirse para seguirme hasta la hora / de mi silencio absorto y de mi afán de ti. / Hela aquí tu ternura de ojos dulces q
significa sombras
QUÉ esperanza considerar, qué presagio puro, / qué definitivo beso enterrar en el corazón, / someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia, / suave y seguro sobre las aguas eternamente turbada
silencio
Yo que crecí dentro de un árbol / tendría mucho que decir, / pero aprendí tanto silencio / que tengo mucho que callar / y eso se conoce creciendo / sin otro goce que crecer, / sin más pasión que la substancia
sin embargo me muevo
De cuando en cuando soy feliz!, / opiné delante de un sabio / que me examinó sin pasión / y me demostró mis errores. / Tal vez no había salvación / para mis dientes averiados, / uno por uno se extraviaron / los
smoking room
Los mendigos ciegos anuncian su presencia a campanillazos. Los encantadores de serpientes arrullan sus cobras sonando su música triste, farmacéutica. Es un inmenso espectáculo de multitud, cambian
sobre mi mala educación
Cuál es cuál, cuál es el cómo? / Quién sabe cómo conducirse? / Qué naturales son los peces! / Nunca parecen inoportunos. / Están en el mar invitados / y se visten correctamente / sin una escama de menos, / cond
sobre una poesía sin pureza
Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: Las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas
sólo la muerte
Hay cementerios solos, / tumbas llenas de huesos sin sonido, / el corazón pasando un túnel / oscuro, oscuro, oscuro, / como un naufragio hacia adentro nos morimos, / como ahogarnos en el corazón, / como irnos
sonata con dolores
Cada vez resurrecto / entrando en agonía y alegría, / muriendo de una vez / y no muriendo, / así es, es así y es otra vez así. / El golpe que te dieron / lo repartiste alrededor de tu alma, / lo dejaste caer de
sonata y destrucciones
Después de mucho, después de vagas leguas, / confuso de dominios, incierto de territorios, / acompañado de pobres esperanzas / y compañías infieles y desconfiados sueños, / amo lo tenaz que aún sobrevive
soneto 75 de amor
Ésta es la casa, el mar y la bandera. / Errábamos por otros largos muros. / No hallábamos la puerta ni el sonido / desde la ausencia, como desde muertos. / Y al fin la casa abre su silencio, / entramos a pi
soneto 94 de amor
Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura / que despiertes la furia del pálido y del frío, / de sur a sur levanta tus ojos indelebles, / de sol a sol que suene tu boca de guitarra. / No quiero que vacile
soneto c de amor
En medio de la tierra apartaré / las esmeraldas para divisarte / y tú estarás copiando las espigas / con una pluma de agua mensajera. / Qué mundo! Qué profundo perejil! / Qué nave navegando en la dulzura! / Y
soneto i de amor
Matilde, nombre de planta o piedra o vino, / de lo que nace de la tierra y dura, / palabra en cuyo crecimiento amanece, / en cuyo estío estalla la luz de los limones. / En ese nombre corren navíos de made
soneto ii de amor
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, / qué soledad errante hasta tu compañía! / Siguen los trenes solos rodando con la lluvia. / En Taltal no amanece aún la primavera. / Pero tú y yo, amor mío, e
soneto iii de amor
Áspero amor, violeta coronada de espinas, / matorral entre tantas pasiones erizado, / lanza de los dolores, corola de la cólera, / por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma? / Por qué precipitaste tu
soneto iv de amor
Recordarás aquella quebrada caprichosa / a donde los aromas palpitantes treparon, / de cuando en cuando un pájaro vestido / con agua y lentitud: traje de invierno. / Recordarás los dones de la tierra: / ira
soneto ix de amor
Al golpe de la ola contra la piedra indócil / la claridad estalla y establece su rosa / y el círculo del mar se reduce a un racimo, / a una sola gota de sal azul que cae. / Oh radiante magnolia desatada e
soneto l de amor
Cotapos dice que tu risa cae / como un halcón desde una brusca torre / y, es verdad, atraviesas el follaje del mundo / con un solo relámpago de tu estirpe celeste / que cae, y corta, y saltan las lenguas
soneto li de amor
Tu risa pertenece a un árbol entreabierto / por un rayo, por un relámpago plateado / que desde el cielo cae quebrándose en la copa, / partiendo en dos el árbol con una sola espada. / Sólo en las tierras a
soneto lii de amor
Cantas y a sol y a cielo con tu canto / tu voz desgrana el cereal del día, / hablan los pinos con su lengua verde: / trinan todas las aves del invierno. / El mar llena sus sótanos de pasos, / de campanas, c
soneto liii de amor
Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada: / el menester del hombre, la mujer y la vida: / a este sitio corría la paz vertiginosa, / por esta luz ardió la común quemadura. / Honor a tus dos manos que
soneto liv de amor
Espléndida razón, demonio claro / del racimo absoluto, del recto mediodía, / aquí estamos al fin, sin soledad y solos, / lejos del desvarío de la ciudad salvaje. / Cuando la línea pura rodea su paloma / y e
soneto lix de amor
Pobres poetas a quienes la vida y la muerte / persiguieron con la misma tenacidad sombría / y luego son cubiertos por impasible pompa / entregados al rito y al diente funerario. / Ellos ?oscuros como pied
soneto lv de amor
Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto / asedian día y noche la miel de los felices / y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros: / la desdicha atraviesa la paz de los dormidos, / el dolor sube
soneto lvi de amor
Acostúmbrate a ver detrás de mí la sombra / y que tus manos salgan del rencor, transparentes, / como si en la mañana del mar fueran creadas: / la sal te dio, amor mío, proporción cristalina. / La envidia
soneto lvii de amor
Mienten los que dijeron que yo perdí la luna, / los que profetizaron mi porvenir de arena, / aseveraron tantas cosas con lenguas frías: / quisieron prohibir la flor del universo. / «Ya no cantará más el á
soneto lviii de amor
Entre los espadones de fierro literario / paso yo como un marinero remoto / que no conoce las esquinas y que canta / porque sí, porque cómo si no fuera por eso. / De los atormentados archipiélagos traje / m
soneto lx de amor
A ti te hiere aquel que quiso hacerme daño, / y el golpe del veneno contra mí dirigido / como por una red pasa entre mis trabajos / y en ti deja una mancha de óxido y desvelo. / No quiero ver, amor, en la
soneto lxi de amor
Trajo el amor su cola de dolores, / su largo rayo estático de espinas / y cerramos los ojos porque nada, / porque ninguna herida nos separe. / No es culpa de tus ojos este llanto: / tus manos no clavaron es
soneto lxii de amor
Ay de mí, ay de nosotros, bienamada, / sólo quisimos sólo amor, amarnos, / y entre tantos dolores se dispuso / sólo nosotros dos ser malheridos. / Quisimos el tú y yo para nosotros, / el tú del beso, el yo
soneto lxiii de amor
No sólo por las tierras desiertas donde la piedra salina / es como la única rosa, la flor por el mar enterrada, / anduve, sino por la orilla de ríos que cortan la nieve. / Las amargas alturas de las cor
soneto lxiv de amor
De tanto amor mi vida se tiñó de violeta / y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas / hasta llegar a tu ventana, amiga mía: / tú sentiste un rumor de corazón quebrado / y allí de la tinieblas me levan
soneto lxix de amor
Tal vez no ser es ser sin que tú seas, / sin que vayas cortando el mediodía / como una flor azul, sin que camines / más tarde por la niebla y los ladrillos, / sin esa luz que llevas en la mano / que tal vez
soneto lxv de amor
Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo, / entre corbata y corazón, arriba, / cierta melancolía intercostal: / era que tú de pronto eras ausente. / Me hizo falta la luz de tu energía / y miré devorando la e
soneto lxvi de amor
No te quiero sino porque te quiero / y de quererte a no quererte llego / y de esperarte cuando no te espero / pasa mi corazón del frío al fuego. / Te quiero sólo porque a ti te quiero, / te odio sin fin, y
soneto lxvii de amor
La gran lluvia del sur cae sobre Isla Negra / como una sola gota transparente y pesada, / el mar abre sus hojas frías y la recibe, / la tierra aprende el húmedo destino de una copa. / Alma mía, dame en tu
soneto lxviii de amor
La niña de madera no llegó caminando: / allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos, / viejas flores del mar cubrían su cabeza, / su mirada tenía tristeza de raíces. / Allí quedó mirando nuestras vidas
soneto lxx de amor
Tal vez herido voy sin ir sangriento / por uno de los rayos de tu vida / y a media selva me detiene el agua: / la lluvia que se cae con su cielo. / Entonces toco el corazón llovido: / allí sé que tus ojos p
soneto lxxi de amor
De pena en pena cruza sus islas el amor / y establece raíces que luego riega el llanto, / y nadie puede, nadie puede evadir los pasos / del corazón que corre callado y carnicero. / Así tú y yo buscamos un
soneto lxxii de amor
Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles, / establece la tierra sus dones amarillos / y pasamos la mano sobre un país remoto, / sobre la cabellera de la geografía. / Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, nav
soneto lxxiii de amor
Recordarás tal vez aquel hombre afilado / que de la oscuridad salió como un cuchillo / y antes de que supiéramos, sabía: / vio el humo y decidió que venía del fuego. / La pálida mujer de cabellera negra / s
soneto lxxiv de amor
El camino mojado por el agua de Agosto / brilla como si fuera cortado en plena luna, / en plena claridad de la manzana, / en mitad de la fruta del otoño. / Neblina, espacio o cielo, la vaga red del día / cr
soneto lxxix de amor
De noche, amada, amarra tu corazón al mío / y que ellos en el sueño derroten las tinieblas / como un doble tambor combatiendo en el bosque / contra el espeso muro de las hojas mojadas. / Nocturna travesía
soneto lxxvi de amor
Diego Rivera con la paciencia del oso / buscaba la esmeralda del bosque en la pintura / o el bermellón, la flor súbita de la sangre / recogía la luz del mundo en tu retrato. / Pintaba el imperioso traje d
soneto lxxvii de amor
Hoy es hoy con el peso de todo el tiempo ido, / con las alas de todo lo que será mañana, / hoy es el Sur del mar, la vieja edad del agua / y la composición de un nuevo día. / A tu boca elevada a la luz o
soneto lxxviii de amor
No tengo nunca más, no tengo siempre. En la arena / la victoria dejó sus pies perdidos. / Soy un pobre hombre dispuesto a amar a sus semejantes. / No sé quién eres. Te amo. No doy, no vendo espinas. / Alg
soneto lxxx de amor
De viajes y dolores yo regresé, amor mío, / a tu voz, a tu mano volando en la guitarra, / al fuego que interrumpe con besos el otoño, / a la circulación de la noche en el cielo. / Para todos los hombres p
soneto lxxxi de amor
Ya eres mía. Reposa con tu sueño en mi sueño. / Amor, dolor, trabajos, deben dormir ahora. / Gira la noche sobre sus invisibles ruedas / y junto a mí eres pura como el ámbar dormido. / Ninguna más, amor,
soneto lxxxii de amor
Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna / te pido, amor, un viaje por oscuro recinto: / cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos, / extiéndete en mi sangre como en un ancho río. / Adiós, adiós,
soneto lxxxiii de amor
Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche, / invisible en tu sueño, seriamente nocturna, / mientras yo desenredo mis preocupaciones / como si fueran redes confundidas. / Ausente, por los sueños tu
soneto lxxxiv de amor
Una vez más, amor, la red del día extingue / trabajos, ruedas, fuegos, estertores, adioses, / y a la noche entregamos el trigo vacilante / que el mediodía obtuvo de la luz y la tierra. / Sólo la luna en m
soneto lxxxix de amor
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos: / quiero la luz y el trigo de tus manos amadas / pasar una vez más sobre mí su frescura: / sentir la suavidad que cambió mi destino. / Quiero que vivas mientr
soneto lxxxv de amor
Del mar hacia las calles corre la vaga niebla / como el vapor de un buey enterrado en el frío, / y largas lenguas de agua se acumulan cubriendo / el mes que a nuestras vidas prometió ser celeste. / Adelan
soneto lxxxvi de amor
Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante, / con cuatro besos hoy penetró tu hermosura / y atravesó la sombra y mi sombrero: / la luna iba redonda por el frío. / Entonces con mi amor, con mi amada, o
soneto lxxxvii de amor
Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijeras / cruzaron por el cielo frío hacia Antofagasta, / por eso quedó el aire tembloroso, / todo tembló como bandera herida. / Soledad, dame el signo de tu incesa
soneto lxxxviii de amor
El mes de Marzo vuelve con su luz escondida / y se deslizan peces inmensos por el cielo, / vago vapor terrestre progresa sigiloso, / una por una caen al silencio las cosas. / Por suerte en esta crisis de
soneto v de amor
No te toque la noche ni el aire ni la aurora, / sólo la tierra, la virtud de los racimos, / las manzanas que crecen oyendo el agua pura, / el barro y las resinas de tu país fragante. / Desde Quinchamalí d
soneto vi de amor
En los bosques, perdido, corté una rama oscura / y a los labios, sediento, levanté su susurro: / era tal vez la voz de la lluvia llorando, / una campana rota o un corazón cortado. / Algo que desde tan lej
soneto vii de amor
«Vendrás conmigo» ?dije? sin que nadie supiera / dónde y cómo latía mi estado doloroso, / y para mí no había clavel ni barcarola, / nada sino una herida por el amor abierta. / Repetí: ven conmigo, como si
soneto viii de amor
Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna, / de día con arcilla, con trabajo, con fuego, / y aprisionada tienes la agilidad del aire, / si no fuera porque eres una semana de ámbar, / si no fuera po
soneto x de amor
Suave es la bella como si música y madera, / ágata, telas, trigo, duraznos transparentes, / hubieran erigido la fugitiva estatua. / Hacia la ola dirige su contraria frescura. / El mar moja bruñidos pies c
soneto xc de amor
Pensé morir, sentí de cerca el frío, / y de cuanto viví sólo a ti te dejaba: / tu boca eran mi día y mi noche terrestres / y tu piel la república fundada por mis besos. / En ese instante se terminaron los
soneto xci de amor
La edad nos cubre como la llovizna, / interminable y árido es el tiempo, / una pluma de sal toca tu rostro, / una gotera carcomió mi traje: / el tiempo no distingue entre mis manos / o un vuelo de naranjas
soneto xcii de amor
Amor mío, si muero y tú no mueres, / no demos al dolor más territorio: / amor mío, si mueres y no muero, / no hay extensión como la que vivimos. / Polvo en el trigo, arena en las arenas / el tiempo, el agua
soneto xciii de amor
Si alguna vez tu pecho se detiene, / si algo deja de andar ardiendo por tus venas, / si tu voz en tu boca se va sin ser palabra, / si tus manos se olvidan de volar y se duermen, / Matilde, amor, deja tus
soneto xcix de amor
Otros días vendrán, será entendido / el silencio de plantas y planetas / y cuántas cosas puras pasarán! / Tendrán olor a luna los violines! / El pan será tal vez como tú eres: / tendrá tu voz, tu condición
soneto xcv de amor
Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos / las antiguas cenizas del corazón quemado / y allí que caigan uno por uno nuestros besos / hasta que resucite la flor deshabitada. / Amemos el amor que consumió
soneto xcvi de amor
Pienso, esta época en que tú me amaste / se irá por otra azul sustituida, / será otra piel sobre los mismos huesos, / otros ojos verán la primavera. / Nadie de los que ataron esta hora, / de los que convers
soneto xcvii de amor
Hay que volar en este tiempo, a dónde? / Sin alas, sin avión, volar sin duda: / ya los pasos pasaron sin remedio, / Vno elevaron los pies del pasajero. / Hay que volar a cada instante como / las águilas, la
soneto xcviii de amor
Y esta palabra, este papel escrito / por las mil manos de una sola mano, / no queda en ti, no sirve para sueños, / cae a la tierra: allí se continúa. / No importa que la luz o la alabanza / se derramen y sa
soneto xi de amor
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo / y por las calles voy sin nutrirme, callado, / no me sostiene el pan, el alba me desquicia, / busco el sonido líquido de tus pies en el día. / Estoy hambrie
soneto xii de amor
Plena mujer, manzana carnal, luna caliente, / espeso aroma de algas, lodo y luz machacados, / qué oscura claridad se abre entre tus columnas? / Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos? / Ay, ama
soneto xiii de amor
La luz que de tus pies sube a tu cabellera, / la turgencia que envuelve tu forma delicada, / no es de nácar marino, nunca de plata fría: / eres de pan, de pan amado por el fuego. / La harina levantó su gr
soneto xiv de amor
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos. / Uno por uno debo contarlos y alabarlos: / otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, / yo sólo quiero ser tu peluquero. / En Italia te bautizaron Medusa / po
soneto xix de amor
Mientras la magna espuma de Isla Negra, / la sal azul, el sol en las olas te mojan, / yo miro los trabajos de la avispa, / empeñada en la miel de su universo. / Va y viene equilibrando su recto y rubio vu
soneto xl de amor
Era verde el silencio, mojada era la luz, / temblaba el mes de Junio como una mariposa / y en el austral dominio, desde el mar y las piedras, / Matilde, atravesaste el mediodía. / Ibas cargada de flores f
soneto xli de amor
Desdichas del mes de Enero cuando el indiferente / mediodía establece su ecuación en el cielo, / un oro duro como el vino de una copa colmada / llena la tierra hasta sus límites azules. / Desdichas de est
soneto xlii de amor
Radiantes días balanceados por el agua marina, / concentrados como el interior de una piedra amarilla / cuyo esplendor de miel no derribó el desorden: / preservó su pureza de rectángulo. / Crepita, sí, la
soneto xliii de amor
Un signo tuyo busco en todas las otras, / en el brusco, ondulante río de las mujeres, / trenzas, ojos apenas sumergidos, / pies claros que resbalan navegando en la espuma. / De pronto me parece que diviso
soneto xliv de amor
Sabrás que no te amo y que te amo / puesto que de dos modos es la vida, / la palabra es un ala del silencio, / el fuego tiene una mitad de frío. / Yo te amo para comenzar a amarte, / para recomenzar el infi
soneto xlix de amor
Es hoy: todo el ayer se fue cayendo / entre dedos de luz y ojos de sueño, / mañana llegará con pasos verdes: / nadie detiene el río de la aurora. / Nadie detiene el río de tus manos, / los ojos de tu sueño,
soneto xlv de amor
No estés lejos de mí un solo día, porque cómo, / porque, no sé decirlo, es largo el día, / y te estaré esperando como en las estaciones / cuando en alguna parte se durmieron los trenes. / No te vayas por
soneto xlvi de amor
De las estrellas que admiré, mojadas / por ríos y rocíos diferentes, / yo no escogí sino la que yo amaba / y desde entonces duermo con la noche. / De la ola, una ola y otra ola, / verde mar, verde frío, ram
soneto xlvii de amor
Detrás de mí en la rama quiero verte. / Poco a poco te convertiste en fruto. / No te costó subir de las raíces / cantando con tu sílaba de savia. / Y aquí estarás primero en flor fragante, / en la estatua d
soneto xlviii de amor
Dos amantes dichosos hacen un solo pan, / una sola gota de luna en la hierba, / dejan andando dos sombras que se reúnen, / dejan un solo sol vacío en una cama. / De todas las verdades escogieron el día: / n
soneto xv de amor
Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce: / eres compacta como el pan o la madera, / eres cuerpo, racimo de segura sustancia, / tienes peso de acacia, de legumbre dorada. / Sé que existes no sólo porqu
soneto xvi de amor
Amo el trozo de tierra que tú eres, / porque de las praderas planetarias / otra estrella no tengo. Tú repites / la multiplicación del universo. / Tus anchos ojos son la luz que tengo / de las constelaciones
soneto xvii de amor
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio / o flecha de claveles que propagan el fuego: / te amo como se aman ciertas cosas oscuras, / secretamente, entre la sombra y el alma. / Te amo como la planta
soneto xviii de amor
Por las montañas vas como viene la brisa / o la corriente brusca que baja de la nieve / o bien tu cabellera palpitante confirma / los altos ornamentos del sol en la espesura. / Toda la luz del Cáucaso cae
soneto xx de amor
Mi fea, eres una castaña despeinada, / mi bella, eres hermosa como el viento, / mi fea, de tu boca se pueden hacer dos, / mi bella, son tus besos frescos como sandías. / Mi fea, dónde están escondidos tus
soneto xxi de amor
Oh que todo el amor propague en mí su boca, / que no sufra un momento más sin primavera, / yo no vendí sino mis manos al dolor, / ahora, bienamada, déjame con tus besos. / Cubre la luz del mes abierto con
soneto xxii de amor
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, / sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, / en regiones contrarias, en un mediodía quemante: / eras sólo el aroma de los cereales qu
soneto xxiii de amor
Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa, / el jazmín duplicó su estrellado secreto, / y del terrible amor las suaves manos puras / dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos. / Oh amor, cómo de pronto, d
soneto xxiv de amor
Amor, amor, las nubes a la torre del cielo / subieron como triunfantes lavanderas, / y todo ardió en azul, todo fue estrella: / el mar, la nave, el día se desterraron juntos. / Ven a ver los cerezos del a
soneto xxix de amor
Vienes de la pobreza de las casas del Sur, / de las regiones duras con frío y terremoto / que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte / nos dieron la lección de la vida en la greda. / Eres un caballit
soneto xxv de amor
Antes de amarte, amor, nada era mío: / vacilé por las calles y las cosas: / nada contaba ni tenía nombre: / el mundo era del aire que esperaba. / Yo conocí salones cenicientos, / túneles habitados por la lu
soneto xxvi de amor
Ni el color de las dunas terribles en Iquique, / ni el estuario del Río Dulce de Guatemala, / cambiaron tu perfil conquistado en el trigo, / tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra. / Oh corazón, oh
soneto xxvii de amor
Desnuda eres tan simple como una de tus manos, / lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, / tienes líneas de luna, caminos de manzana, / desnuda eres delgada como el trigo desnudo. / Desnuda eres a
soneto xxviii de amor
Amor, de grano a grano, de planeta a planeta, / la red del viento con sus países sombríos, / la guerra con sus zapatos de sangre, / o bien el día y la noche de la espiga. / Por donde fuimos, islas o puent
soneto xxx de amor
Tienes del archipiélago las hebras del alerce, / la carne trabajada por los siglos del tiempo, / venas que conocieron el mar de las maderas, / sangre verde caída de cielo a la memoria. / Nadie recogerá mi
soneto xxxi de amor
Con laureles del Sur y orégano de Lota / te corono, pequeña monarca de mis huesos, / y no puede faltarte esa corona / que elabora la tierra con bálsamo y follaje. / Eres, como el que te ama, de las provin
soneto xxxii de amor
La casa en la mañana con la verdad revuelta / de sábanas y plumas, el origen del día / sin dirección, errante como una pobre barca, / entre los horizontes del orden y del sueño. / Las cosas quieren arrast
soneto xxxiii de amor
Amor, ahora nos vamos a la casa / donde la enredadera sube por las escalas: / antes que llegues tú llegó a tu dormitorio / el verano desnudo con pies de madreselva. / Nuestros besos errantes recorrieron e
soneto xxxiv de amor
Eres hija del mar y prima del orégano, / nadadora, tu cuerpo es de agua pura, / cocinera, tu sangre es tierra viva / y tus costumbres son floridas y terrestres. / Al agua van tus ojos y levantan las olas,
soneto xxxix de amor
Pero olvidé que tus manos satisfacían / las raíces, regando rosas enmarañadas, / hasta que florecieron tus huellas digitales / en la plenaria paz de la naturaleza. / El azadón y el agua como animales tuyo
soneto xxxv de amor
Tu mano fue volando de mis ojos al día. / Entró la luz como un rosal abierto. / Arena y cielo palpitaban como una / culminante colmena cortada en las turquesas. / Tu mano tocó sílabas que tintineaban, cop
soneto xxxvi de amor
Corazón mío, reina del apio y de la artesa: / pequeña leoparda del hilo y la cebolla: / me gusta ver brillar tu imperio diminuto, / las armas de la cera, del vino, del aceite, / del ajo, de la tierra por
soneto xxxvii de amor
Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea, / me visitas y subes por tu fresca escalera / el castillo que el tiempo coronó de neblinas, / las pálidas paredes del corazón cerrado. / Nadie sabrá que sólo fue
soneto xxxviii de amor
Tu casa suena como un tren a mediodía, / zumban las avispas, cantan las cacerolas, / la cascada enumera los hechos del rocío, / tu risa desarrolla su trino de palmera. / La luz azul del muro conversa con
soy el tigre…
Soy el tigre. / Te acecho entre las hojas / anchas como lingotes / de mineral mojado. / El río blanco crece / bajo la niebla. Llegas. / Desnuda te sumerges. / Espero. / Entonces en un salto / de fuego, sangre, dien
sube a nacer conmigo, hermano
Sube a nacer conmigo, hermano. / Dame la mano desde la profunda / zona de tu dolor diseminado. / No volverás del fondo de las rocas. / No volverás del tiempo subterráneo. / No volverá tu voz endurecida. / No
sucede que me canso de ser hombre…
Sucede que me canso de ser hombre. / Sucede que entro en las sastrerías y en los cines / marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro / navegando en un agua de origen y ceniza. / El olor de las peluqu
surgen los hombres
ALLÍ germinaban los toquis. / De aquellas negras humedades, / de aquella lluvia fermentada / en la copa de los volcanes / salieron los pechos augustos, / las claras flechas vegetales, / los dientes de piedra
tango del viudo
Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, / y habrás insultado el recuerdo de mi madre / llamándola perra podrida y madre de perros, / ya habrás bebido sola, solitaria, el té d
te recuerdo como eras en el último otoño…
Te recuerdo como eras en el último otoño. / Eras la boina gris y el corazón en calma. / En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo / Y las hojas caían en el agua de tu alma. / Apegada a mis brazos com
tempestad con silencio
TRUENA sobre los pinos. / La nube espesa desgranó sus uvas, / cayó el agua de todo el cielo vago, / el viento dispersó su transparencia, / se llenaron los árboles de anillos, / de collares de lágrimas erran
tenéis que oírme
YO fui cantando errante, / entre las uvas / de Europa / y bajo el viento, / bajo el viento en el Asia. / Lo mejor de las vidas / y la vida, / la dulzura terrestre, / la paz pura, / fui recogiendo, errante, / recogien
tengo miedo
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza / del cielo se abre como una boca de muerto. / Tiene mi corazón un llanto de princesa / olvidada en el fondo de un palacio desierto. / Tengo miedo -Y me siento
testamento (i)
DEJO a los sindicatos / del cobre, del carbón y del salitre / mi casa junto al mar de Isla Negra. / Quiero que allí reposen los maltratados hijos / de mi patria, saqueada por hachas y traidores, / desbarata
testamento (ii)
DEJO mis viejos libros, recogidos / en rincones del mundo, venerados / en su tipografía majestuosa, / a los nuevos poetas de América, / a los que un día / hilarán en el ronco telar interrumpido / las signific
testamento de otoño
El poeta entra a contar su condición y predilecciones / Entre morir y no morir / me decidí por la guitarra / y en esta intensa profesión / mi corazón no tiene tregua, / porque donde menos me esperan / yo lleg
tienes del archipiélago las hebras del alerce…
Tienes del archipiélago las hebras del alerce, / la carne trabajada por los siglos del tiempo, / venas que conocieron el mar de las maderas, / sangre verde caída del cielo a la memoria. / Nadie recogerá m
tiranía
Oh dama sin corazón, hija del cielo, / auxíliame en esta solitaria hora / con tu directa indiferencia de arma / y tu frío sentido del olvido. / Un tiempo total como un océano, / una herida confusa como un n
todo tu cuerpo tiene…
Todo tu cuerpo tiene / copa o dulzura destinada a mí. / Cuando subo la mano / encuentro en cada sitio una paloma / que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla / para mis propias manos de alf
trabajo frío
Díme, del tiempo, resonando / en tu esfera parcial y dulce, / no oyes acaso el sordo gemido? / No sientes de lenta manera, / en trabajo trémulo y ávido, / la insistente noche que vuelve? / Secas sales y sangr
transiberiano
ATRAVIESO el otoño siberiano: / cada abedul un candelabro de oro. / De pronto un árbol negro, un árbol rojo, / muestra una herida o una llamarada. / La estepa, el rostro / de áspera inmensidad, anchura verd
tristeza, escarabajo…
Tristeza, escarabajo / de siete patas rotas, / huevo de telaraña, / rata descalabrada, / esqueleto de perra: / Aquí no entras. / No pasas. / Ándate. / Vuelve / al Sur con tu paraguas, / vuelve / al Norte con tus diente
tu risa
Quítame el pan si quieres, / quítame el aire, pero / no me quites tu risa. / No me quites la rosa, / la lanza que desgranas, / el agua que de pronto / estalla en tu alegría, / la repentina ola / de planta que te
tú venías
No me has hecho sufrir / sino esperar. / Aquellas horas / enmarañadas, / llenas / de serpientes, / cuando / se me caía el alma y me ahogaba, / tú venías andando, / tú venías desnuda y arañada, / tú llegabas hambrient
un amor
Por ti junto a los jardines recién florecidos me duelen los perfumes de primavera. / He olvidado tu rostro, no recuerdo tus manos, cómo besaban tus labios? / Por ti amo las blancas estatuas dormidas e
un canto para bolívar
PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire / de toda nuestra extensa latitud silenciosa, / todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada: / tu apellido la caña levanta a la dulzura, / e
un día sobresale
De lo sonoro salen números, / números moribundos y cifras con estiércol, / rayos humedecidos y relámpagos sucios. / De lo sonoro, creciendo, cuando / la noche sale sola, como reciente viuda, / como paloma o
unidad
HAY algo denso, unido, sentado en el fondo, / repitiendo su número, su señal idéntica. / Cómo se nota que las piedras han tocado el tiempo, / en su fina materia hay olor a edad, / y el agua que trae el ma
valdivia
PERO volvieron. / (Pedro se llamaba.) / Valdivia, el capitán intruso, / cortó mi tierra con la espada / entre ladrones: «Esto es tuyo, / esto es tuyo, Valdés, Montero, / esto es tuyo, Inés, este sitio / es el c
vals
Yo toco el odio como pecho diurno, / yo sin cesar, de ropa en ropa vengo / durmiendo lejos. / No soy, no sirvo, no conozco a nadie, / no tengo armas de mar ni de madera, / no vivo en esta casa. / De noche y a
vegetaciones
A LAS tierras sin nombres y sin números / bajaba el viento desde otros dominios, / traía la lluvia hilos celestes, / y el dios de los altares impregnados / devolvía las flores y las vidas. / En la fertilida
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 1
Poema 1 / Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega. / Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. / Fui so
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 10
Poema 10 / Hemos perdido aún este crepúsculo. / Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas / mientras la noche azul caía sobre el mundo. / He visto desde mi ventana / la fiesta del poniente en los cerros
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 11
Poema 11 / Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas / la mitad de la luna. / Girante, errante noche, la cavadora de ojos. / A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. / Hace una cruz de luto entre
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 12
Poema 12 / Para mi corazón basta tu pecho, / para tu libertad bastan mis alas. / Desde mi boca llegará hasta el cielo / lo que estaba dormido sobre tu alma. / Es en ti la ilusión de cada día. / Llegas como el
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 13
Poema 13 / He ido marcando con cruces de fuego / el atlas blanco de tu cuerpo. / Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. / En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. / Historias que contarte a la ori
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 14
Poema 14 / Juegas todos los días con la luz del universo. / Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. / Eres más que esta blanca cabecita que aprieto / como un racimo entre mis manos cada día. / A n
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 15
Poema 15 / Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado / y parece que un beso te cerrara la boca. / Como toda
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 16
Poema 16 / En mi cielo al crepúsculo eres como una nube / y tu color y forma son como yo los quiero / Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces / y viven en tu vida mis infinitos sueños. / La lámpara de mi
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 17
Poema 17 / Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. / Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie. / Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes, enterrando lámparas. / Campanario de
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 18
Poema 18 / Aquí te amo. / En los oscuros pinos se desenreda el viento. / Fosforece la luna sobre las aguas errantes. / Andan días iguales persiguiéndose. / Se descine la niebla en danzantes figuras. / Una gav
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 19
Poema 19 / Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, / el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, / hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos / y tu boca que tiene la sonrisa del agua. / Un sol
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 2
Poema 2 / En su llama mortal la luz te envuelve. / Absorta, pálida doliente, así situada / contra las viejas hélices del crepúsculo / que en torno a ti da vueltas. / Muda, mi amiga, / sola en lo solitario de
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 20
Poema 20 / Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. / El viento de la noche gira en el cielo y ca
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 3
Poema 3 / Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, / lento juego de luces, campana solitaria, / crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, / caracola terrestre, en ti la tierra canta! / En ti los ríos
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 4
Poema 4 / Es la mañana llena de tempestad / en el corazón del verano. / Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, / el viento las sacude con sus viajeras manos. / Innumerable corazón del viento / latie
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 5
Poema 5 / Para que tú me oigas / mis palabras / se adelgazan a veces / como las huellas de las gaviotas en las playas. / Collar, cascabel ebrio / para tus manos suaves como las uvas. / Y las miro lejanas mis pa
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 6
Poema 6 / Te recuerdo como eras en el último otoño. / Eras la boina gris y el corazón en calma. / En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo / Y las hojas caían en el agua de tu alma. / Apegada a mis br
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 7
Poema 7 / Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes / a tus ojos oceánicos. / Allí se estira y arde en la más alta hoguera / mi soledad que da vueltas los brazos como un / náufrago. / Hago rojas señales
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 8
Poema 8 / Abeja blanca zumbas –ebria de miel en mi alma / y te tuerces en lentas espirales de humo. / Soy el desesperado, la palabra sin ecos, / el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. / Última amarra
veinte poemas de amor y una canción desesperada – 9
Poema 9 / Ebrio de trementina y largos besos, / estival, el velero de las rosas dirijo, / torcido hacia la muerte del delgado día, / cimentado en el solido frenesí marino. / Pálido y amarrado a mi agua devo
ventana de los cerros
VENTANA de los cerros! Valparaíso, estaño frío, / roto en un grito y otro de piedras populares! / Mira conmigo desde mi escondite / el puerto gris tachonado de barcas, / agua lunar apenas movediza, / inmóvi
vienen por las islas
LOS carniceros desolaron las islas. / Guanahaní fue la primera / en esta historia de martirios. / Los hijos de la arcilla vieron rota / su sonrisa, golpeada / su frágil estatura de venados, / y aun en la muer
vientos de la noche
Como una bambalina la luna en la altura se debe cimbrar… Vientos de la noche, tenebrosos vientos! Que rugen y rajan las olas del ciclo, que pisan con pies de rocío los techos. Tendido, durmiendo,
vuelve el otoño
Un enlutado día cae de las campanas / como una temblorosa tela de vaga viuda, / es un color, un sueño / de cerezas hundidas en la tierra, / es una cola de humo que llega sin descanso / a cambiar el color de
walking around
Sucede que me canso de ser hombre. / Sucede que entro en las sastrerías y en los cines / marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro / navegando en un agua de origen y ceniza. / El olor de las peluqu
y cuánto vive
Cuánto vive el hombre, por fin? / Vive mil días o uno solo? / Una semana o varios siglos? / Por cuánto tiempo muere el hombre? / Qué quiere decir «Para siempre»? / Preocupado por este asunto / me dediqué a ac
y luego fue la sangre y la ceniza…
Y luego fue la sangre y la ceniza. / Después quedaron las palmeras solas. / Cuba, mi amor, te amarraron al potro, / te cortaron la cara, / te apartaron las piernas de oro pálido, / te rompieron el sexo de g
y porque amor combate
Y PORQUE Amor combate / no sólo en su quemante agricultura, / sino en la boca de hombres y mujeres, / terminaré saliéndole al camino / a los que entre mi pecho y tu fragancia / quieran interponer su planta
y te perdí mujer. en el camino
Y te perdí mujer. En el camino / me prendiste una lámpara fragante, / entonces se aromaron y se hicieron divinos / todos estos cansancios humildes y constantes / No sé si apenas eras una leyenda o eras / un
ya se fue la ciudad
Cómo marcha el reloj sin darse prisa / con tal seguridad que se come los años: / los días son pequeñas y pasajeras uvas, / los meses se destiñen descolgados del tiempo. / Se va, se va el minuto hacia atrá
yo escribí cinco versos…
Yo escribí cinco versos: / uno verde, / otro era un pan redondo, / el tercero una casa levantándose, / el cuarto era un anillo, / el quinto verso era / corto como un relámpago / y al escribirlo / me dejó en la ra
yo soy el cóndor, vuelo…
Yo soy el cóndor, vuelo / sobre ti que caminas / y de pronto en un ruedo / de viento, pluma, garras, / te asalto y te levanto / en un ciclón silbante / de huracanado frío. / Y a mi torre de nieve, / a mi guarida
yo te he nombrado reina…
Yo te he nombrado reina. / Hay más altas que tú, más altas. / Hay más puras que tú, más puras. / Hay más bellas que tú, hay más bellas. / Pero tú eres la reina. / Cuando vas por las calles / nadie te reconoce
yo te soñé una tarde
Mujer, hecha de todas mis ficciones reunidas / has vibrado en mis nervios como una realeza / llorando en los senderos de la ilusión perdida / siempre he sentido el roce de tu ignota belleza. / Marchitando
“vendrás conmigo” dije -sin que nadie supiera…
“Vendrás conmigo” dije -sin que nadie supiera / dónde y cómo latía mi estado doloroso, / y para mí no había clavel ni barcarola, / nada sino una herida por el amor abierta. / Repetí: ven conmigo, como si