PAIS POEMA

Libros de rainer maria rilke

Autores

rainer maria rilke

canción de amor
¿Cómo sujetar mi alma para / que no roce la tuya? / ¿Cómo debo elevarla / hasta las otras cosas, sobre ti? / Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido, / en un rincón extraño y mudo / donde tu estremec
canción de los ángeles
No he soltado a mi ángel mucho tiempo, / y se me ha vuelto pobre entre los brazos, / se hizo pequeño, y yo me hacía grande: / de repente yo fui la compasión; / y él, solamente un ruego tembloroso. / Le di s
canciones de los ángeles
No he soltado a mi ángel mucho tiempo, / y se me ha vuelto pobre entre los brazos, / se hizo pequeño, y yo me hacía grande: / de repente yo fui la compasión; / y él, solamente. un ruego tembloroso. / Le .di
der panther
Su mirada se ha cansado de tanto observar / esos barrotes ante sí, en desfile incesante, / que nada más podría entrar ya en ella. / Le parece que sólo hay miles de barrotes / y que detrás de ellos ningún
día de otoño
Señor: es hora. Largo fue el verano. / Pon tu sombra en los relojes solares, / y suelta los vientos por las llanuras. / Haz que sazonen los últimos frutos; / concédeles dos días más del sur, / úrgeles a su
el ángel protector
Tú eres el ave cuyas alas vi / al despertar llamando en plena noche, / sólo con mi braceo, pues tu nombre / es un abismo de mil noches de hondo. / Tú eras la sombra en que dormía en calma, / todo sueño leva
el cisne
Esa fatiga por un grave hacer / aún no hecho, y cual entrega maniatada, / tal el paso no creado del cisne. / Y el morir, ése no más asimiento / del fondo sobre el que a diario estamos, / para aposentarse co
el libro de horas
Señor, a cada uno dale su muerte, / una muerte que de cada vida brote / y en que haya amor, significado y sufrimiento. / Pues nosotros somos sólo la corteza y la hoja. / La muerte que cada uno lleva en sí
el poeta
De mí te alejas, hora. / El batir de tus alas me hace heridas. / Solitario: ¿qué puede hacer mi boca / con mi noche y mi día? / No tengo amada, ni casa, ni sitio / donde poder vivir. / Todas las cosas a las q
elegía primera
¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes / angélicas? Y aun si de repente algún ángel / me apretara contra su corazón, me suprimiría / su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada /
elegía segunda
Todo ángel es terrible. Y sin embargo, ay, los invoco / a ustedes, casi mortíferos pájaros del alma, sé quiénes / son ustedes. Los días de Tobías, ¿dónde quedaron?, / cuando uno de los más radiantes apa
elegía tercera
Una cosa es cantar a la amante y otra / al dios-río, culpable y oculto, de la sangre. / El joven a quien ella ama y reconoce de lejos ¿qué sabe / él mismo del Maestro del Placer que a menudo, en su / sole
entrada
Quienquiera que tú seas: al atardecer sal / de tu cuarto, en el cual lo sabes todo; / ante la lejanía está tu casa / como el final: quienquiera que tú seas. / Como tus ojos que apenas, fatigados, / del cons
gata negra
Un fantasma, aunque invisible, todavía es algo / en lo que tu mirada puede reflejarse; / pero, en aquella piel negra, esa mirada, aun la más penetrante / se disolverá y finalmente se extinguirá: / así, co
haz que algo nos ocurra. mira…
Haz que algo nos ocurra. Mira / cómo hacia la vida temblamos. / Y queremos alzarnos como / un resplandor y una canción. / Querías ser como las otras, / que en el frescor se visten, tímidas; / tu alma quería q
la adormidera
Apartada florece en el jardín la mala adormidera, / los vehementes, introducidos de oculto en ella, / se dieron de bruces con la pasión de nuevos espejismos, / cóncavos, solícitos y abiertos, / sueños con
la canción de la estatua
¿Quién es el que me quiere de tal modo / que rechaza su amada vida? / Si se ahoga en el mar alguien por mi, / de vuelta estoy entonces de la piedra / a la vida, en la vida redimida. / Tengo anhelo de sangre
la dama ante el espejo
Como en embriagadora especería / desata sin ruido en la fluidez clara / del espejo sus fatigados gestos; / e introduce allí dentro su sonrisa. / Y aguarda hasta que de todo eso ascienda / el líquido; luego
la enamorada
Sí, de ti tengo anhelo. Me resbalo / de la mano, perdiéndome a mí misma, / sin esperanza de disputar eso / que, como de tu lado, llega a mí / serio, sin desviar, sin relación. / …aquellos tiempos: ¡Cómo fui
la pantera
Su mirada, cansada de ver rejas, / ya no retiene nada. / Cree que el mundo está hecho rejas / y, más allá, la nada. / Con su caminar suave, sus pasos fuertes y flexibles, / gira sobre sí en un círculo estre
las elegías de duíno
Primera elegía / ¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes / angélicas? Y aun si de repente algún ángel / me apretara contra su corazón, me suprimiría / su existencia más fuerte. Pues la bell
las hojas caen como si se marchitaran…
Las hojas caen como si se marchitaran / en los lejanos jardines del cielo: / caen haciendo un ademán de negación. / Y en las noches cae la grávida tierra / fuera de todas las estrellas, en la soledad. / Tod
las mártires
Es una mártir. Como duro golpe / con un tirón / el hacha atravesó su breve juventud, / y se puso el sutil anillo rojo / en su cuello como primer adorno / que ella con una extraña sonrisa recibió; / pero aún é
las rosas
Si tu frescura a veces nos sorprende tanto / dichosa rosa, / es que en ti misma, por dentro, / pétalo contra pétalo, descansas. / Conjunto bien despierto cuyo centro / duerme, mientras se tocan, innumerable
ofrenda
¡Oh, cómo florece mi cuerpo, desde cada vena, / con más aroma, desde que te reconozco! / Mira, ando más esbelto y más derecho, / y tú tan sólo esperas… ¿pero quién eres tú? / Mira; yo siento cómo distanci
oraciones de las muchachas a maría
Haz que algo nos ocurra. Mira / cómo hacia la vida temblamos. / Y queremos alzarnos como / un resplandor y una canción. / Querías ser como las otras, / que en el frescor se visten, tímidas; / tu alma quería q
otra vez huele el bosque…
Otra vez huele el bosque, / se ciernen las alondras, elevándose / con el cielo, que estaba pesado en nuestros hombros; / cierto es que se veía por las ramas el día / qué vacío que estaba; / pero tras de llu
para ti
Por ti, para que tú un día llegaras, / ¿no respiraba yo a media noche / el flujo que ascendía de las noches? / Porque esperaba, con magnificencias / casi inagotables, saciar tu rostro / cuando reposó una ve
se me ocurre pensar en un jinete joven…
Se me ocurre pensar en un jinete joven / casi como en un viejo dicho. / Que venía. En el bosque a veces viene / la gran tormenta así para ocultarte. / Que iba. Y así te deja solitaria. / La bendición de las
sepulcro de una muchacha joven
Lo recordamos todavía. Es como si todo esto / tuviera que ser una vez más. / Como un árbol en la costa de los limones / llevabas tus pequeños pechos leves / hacia adentro del murmullo de su sangre / de aque
soneto xiii
Adelántate a toda despedida, como si la hubieras dejado / atrás, como el invierno que se está marchando. / Pues bajo los inviernos hay uno tan infinitamente invierno / que, si lo pasas, tu corazón resis
soneto xxii
Somos hombres inquietos. / Pero el paso del tiempo / no es más que pequeñez / en lo eternamente perdurable. / Todo lo que apremia / pronto habrá pasado; / pues sólo es capaz de consagrarnos / lo que permanece. /
sonetos a orfeo
Y se elevó un árbol. ¡Oh pura elevación! / ¡Oh canto de Orfeo! ¡Oh gran árbol frondoso en la oreja! / Y todo calla. Sin embargo, en el vasto silencio / hay un nuevo principio, una señal y un cambio. / Ani
tan solo aquel que levantó la lira…
Tan solo aquel que levantó la lira, / incluso entre las sombras, / puede expresar, entre presentimientos, / la alabanza infinita. / Tan solo aquel que comió con los muertos / la adormidera, la de ellos, / no
todos cuantos te buscan te tientan
Todos cuantos te buscan te tientan. / Y quienes te encuentran te atan / al gesto ya la imagen. / Yo en cambio quiero comprenderte / como te comprende la tierra; / con mi madurar / madura tu reino. / No quiero d
un día tomé entre mis manos
Un día tomé entre mis manos / tu rostro. Sobre él caía la luna. / El más increíble de los objetos / sumergido bajo el llanto. / Como algo solícito, que existe en silencio, / tenía que durar casi como una co
¡llámame amado, llámame en voz alta!…
¡Llámame amado, llámame en voz alta! / No dejes tanto tiempo en la ventana / a tu esposa. En las viejas avenidas de plátanos / ya no vela la tarde: / han quedado vacías. / Y no llegas a la nocturna casa / Con
¿qué, tocas tú, muchacho? iba por los jardines…
¿Qué, tocas tú, muchacho? Iba por los jardines / igual que muchos pasos, que órdenes susurradas. / ¿Qué tocas tú, muchacho? Mira, tu alma / se ha enredado en los tubos de la flauta. / ¿Por qué la atraes?