gata negra
Un fantasma, aunque invisible, todavía es algo
en lo que tu mirada puede reflejarse;
pero, en aquella piel negra, esa mirada, aun la más penetrante
se disolverá y finalmente se extinguirá:
así, como un loco furioso, cuando nada mas
puede aliviarlo, se desahoga en su oscura noche,
aullando, golpea la pared acolchada, y siente
que su ira se desvanece y se apacigua.
Ella parece ocultar en su piel todas las miradas que alguna vez
la acariciaron, de modo que, como una audiencia,
pueda vigilarlas, amenazante y taciturna,
y enrollarse a dormir con ellas.
Pero súbitamente, como si despertara,
vuelve su cara hacia la tuya;
y, conmocionado, te ves a ti mismo, diminuto,
dentro del ámbar dorado de las orbitas de sus ojos,
suspendido, como un insecto prehistórico.