Apartada florece en el jardín la mala adormidera,
los vehementes, introducidos de oculto en ella,
se dieron de bruces con la pasión de nuevos espejismos,
cóncavos, solícitos y abiertos,
sueños con máscaras incitadoras
entraron en escena, agigantadas en sus coturnos:
todo esto se representa en lo alto de esos huecos
y endebles tallos, los cuales (llevando abajados
los pimpollos que creían marchitos)
alzan la urna de semillas hermética,
dejando abiertos los orlados cálices
que, febriles, rodean la adormidera.