¡Llámame amado, llámame en voz alta!
No dejes tanto tiempo en la ventana
a tu esposa. En las viejas avenidas de plátanos
ya no vela la tarde:
han quedado vacías.
Y no llegas a la nocturna casa
Con tu voz a encerrarme;
y tengo así que estar desde mis manos
a los jardines del azul de sombra
vertiéndome…