País Poema - Autores

bartolomé leonardo de argensola

a calatayud
Bílbilis, aunque el Dios que nació en Delos / te conserve fructífera sin daño / y cuando sobre ti desciende el año / sus guirnaldas te den todos los cielos, / y aun
a dios omnipotente
Señor, que miras de tu excelsa cumbre / el tiempo todo en un presente eterno, / tu imagen mira en mí, que al ciego infierno / la inclina su terrena pesadumbre. / Oh
a don martín de bolea y castro
Aunque el bélico pecho y animoso / de tal manera a Orlando le ha ensalzado, / que está en suprema cumbre levantado, / pues en todo ha salido victorioso, / no menos
a felipe iv
Qué mucho que en tus lámparas, oh Vesta, / la casta luz tus vírgines desamen, / si en una tiene concubina el flamen, / fuego vecino por lo menos tuesta. / Y ella ha
a la fuente llamada de garcilaso
Pasajero, a la gran fuente / donde has suspendido el paso, / ya con versos Garcilaso / detuvo el de su corriente. / Consonancia tan vehemente / ¿a cuál Orfeo no admir
a la mañana de la resurrección
Porque hoy llegó a sus términos la ira / del daño universal, más viva aurora / cuanto yace en sus fábricas explora, / cuanto crece a su luz, cuanto respira. / Natur
a la pasión de cristo
Hoy, por piedad de su Hacedor, le ofrecen / prendas de sentimiento sus hechuras; / llama el Sol a la noche y las escuras / sombras apriesa en tiempo ajeno crecen.
a la vida quieta y libre
Quiera el primer autor que se eternice / este dichoso estado en que me veo, / adonde en paz mi libertad poseo, / que es el bien de la tierra más felice. / Apaciente
a lice
Lice es aquella; llega, Fausto, y mira / cómo con el cabello dora el viento, / y el rostro juvenil, de donde atento / invisibles Amor sus flechas tira. / Cuán bien
a un amigo
En la edad de oro, aunque hubo afectos tiernos, / se ve que honestidad guardaron, Niso; / mas la de plata el freno más remiso / vio en frente humana los primeros
a un caballero
Si es cosa cierta, señor, / que suelto el francolín canta, / y le añuda la garganta / la vista del cazador; / por retrato de mi amor / la dulce tirana mía / este franco
a un caballero y una dama
Firmio, en tu edad ningún peligro hay leve; / porque nos hablas ya con voz escura, / y, aunque dudoso, el bozo a tu blancura / sobre ese labio superior se atreve.
a un letrado
Si vos pretendéis que venga / a ser tan gran necio el mundo, / que por vuestra barba luenga, / por filósofo profundo, / sin otro argumento, os tenga; / mirad que dais
a un privado
Oh tú, que en las sublimes aulas de oro / de reyes vives, huye, y escarmienta / del que a nado escapó de la tormenta, / echando al mar riquezas y tesoro. / Y cuando
a una dama que desdeñaba un paje suyo
Pues tú con tanta propiedad desdeñas / ese paje que es todo tu apetito, / miente de cualquier cosa el sobrescrito: / no es frío el hierro, ni ásperas las penas. / S
a una mujer que se afeitaba y estaba hermosa
Yo os quiero confesar, don Juan, primero, / que aquel blanco y color de doña Elvira / no tiene de ella más, si bien se mira, / que el haberle costado su dinero. / P
a una persona que se preciaba de platónica
Gala, no alegues a Platón o alega / algo más corporal lo que alegares, / que esos cómplices tuyos son vulgares / y escuchan mal la sutileza griega. / Desnudo al sol
al libro de las fundaciones de santa teresa de jesús
Bien probáis que quien se humilla / crece, oh virgen, hasta el Cielo, / pues le fundáis un Carmelo / en cada humilde casilla; / demás que otra maravilla / merecen ver
al velo de doña jerónima lópez
Si os ha de valer a vos / el privilegio de esposa, / ya, Jerónima, sois diosa, / porque os desposáis con Dios. / Iguala Amor los amantes, / y él sólo es quien juntar
amor, que en mi profundo pensamiento
Amor, que en mi profundo pensamiento / sus nobles fuerzas aprestadas tiene, / tal vez armado hasta los ojos viene, / de donde a los de Cintia los presento. / Mas el
amor, si de la parte más perfecta
Amor, si de la parte más perfecta / jamás mi sol su viva luz retira, / en vano Filis con piedad me mira, / y enciendes en su ojos tu saeta. / No como yo lució sobre
aunque ovidio te dé más documentos
Aunque Ovidio te dé más documentos / para reírte, Cloe, no te rías, / que de pez y de boj en tus encías / tiemblan tus huesos flojos y sangrientos; / y a pocos de e
bien sé yo, cintia, el culto que se debe
Bien sé yo, Cintia, el culto que se debe / al que de dos sustancias desiguales / tan superiores forma los mortales, / que es cada cual un dios de un mundo breve; /
cómo podrá premiar el bajo suelo
¿Cómo podrá premiar el bajo suelo, / subjeto al corto término de vida, / obra tan encumbrada y tan subida / que a su fin principal no abarca el cielo? / El premio,
corneja que vestiste ajenas plumas
Corneja que vestiste ajenas plumas, / ganso que le usurpaste al cisne el canto, / cuervo cuyo graznar anuncia llanto, / voz que siendo de Arcadia suena en Cumas; /
cuando a su dulce olvido me convida
Cuando a su dulce olvido me convida / la noche, y en sus faldas me adormece, / entre sueños la imagen me parece / de aquella que fue sueño en esta vida. / Yo, sin t
cuando me miras, clori, de luz lleno
Cuando me miras, Clori, de luz lleno / horizonte a tus ojos me figuro; / tu sol influye en el afecto oscuro / si influye en el espíritu sereno; / y cuando altos ref
de antigua palma en la suprema altura
De antigua palma en la suprema altura, / con los sacros olores del oriente, / para su parto y muerte juntamente, / hace la fénix nido y sepultura. / Mueve las alas
de la unión, silvio, con que amor prospera
De la unión, Silvio, con que amor prospera / o endiosa nuestras almas, el conceto / que la esperanza forma es tan perfeto, / que la opresión del yugo le aligera. /
debajo de una alta haya melibeo
Debajo de una alta haya Melibeo / retrataba a Faetón en el cayado / de aquel rayo de Júpiter pasado, / que dio fin a su altísimo deseo. / De la otra parte pinta el
dime, padre común, pues eres justo…
«Dime, Padre común, pues eres justo, / ¿Por qué ha de permitir tu providencia / Que, arrastrando prisiones la inocencia, / Suba la fraude a tribunal augusto? / »¿Qu
dístico de ausonio
Dido infeliz, no bien eres / dada a marido ninguno, / huyes, cuando muere el uno, / y cuando el otro huye, mueres.
epigramas
1 / Cuando una liebre me envías, / Gelia, me sueles decir: / «Mi Marcial, has de salir / hermoso estos siete días». / Si no te burlas, si das / crédito a tales antojos,
ese pájaro, cintia, que del hielo
Ese pájaro, Cintia, que del hielo / huye a tus manos, y con osadía, / cuando le sueltas, a volver porfía, / ¿dónde aprendió la fe de nuestro celo? / Ella le encamin
estas son las reliquias saguntinas
Estas son las reliquias saguntinas, / injuria y gloria al sucesor de Belo, / cuando en fábrica excelsa las vio el cielo / al orbe origen de la luz vecinas. / De hie
filis, naturaleza
Filis, naturaleza / pide la ostentación y los olores / para sus nuevas flores / a la fértil verdad de tu belleza / y que en meses ajenos / pródigas abran su temor los
hago, filis, en el alma, estando ausente
Hago, Filis, en el alma, estando ausente, / para hablarte animosas prevenciones, / y tú con un mirar las descompones; / yo enmudezco, turbado y obediente. / Mas es
hombre
Hombre, si esa unión divides / que se obró con astas fuertes, / por presto que la conciertes / habrá tardanzas y lides; / húyelas, y como Alcides, / siquiera una vez,
hoy el nefando autor del color bayo
Hoy el nefando autor del color bayo / y el sacrílego vil que a hecho injuria / al sacro honor de la romana curia / son mariposas en el blanco sayo. / Guarda, Sodoma
hoy que amontona fiestas y alegrías
Hoy que amontona fiestas y alegrías / la madre más fecunda y la más santa, / dando a sus buenos hijos toda cuanta / honra les dio partida en muchos días, / subid, d
huyo de ti, y a tus umbrales llego
Huyo de ti, y a tus umbrales llego, / como tú infieles, Gala, y temo hallarte; / triste, que busco en los peligros parte / fiel y segura para mi sosiego. / Puédenlo
la perfecta hermosura
Hermosura perfecta no consiste / en dar diversas formas al cabello, / perlas a las orejas y oro al cuello, / ni en la ropa costosa que se viste. / Con traje rico o
la providencia
«Dime, Padre común, pues eres justo, / ¿por qué ha de permitir tu providencia, / que, arrastrando prisiones la inocencia, / suba la fraude a tribunal augusto? / »¿Q
lo que merece nombre de esperanza
Lo que merece nombre de esperanza / nace de causa de esperar dudosa, / si se espera sin ella, y fe animosa, / si con seguridad es confianza. / Si a complacer en lo
mi afecto, amor, me acometió con brío
Mi afecto, Amor, me acometió con brío, / mas no pudo rendirme a tu obediencia, / ni la exterior beldad que con violencia / dio el mismo asalto al pensamiento mío;
mírame con piedad; y arda el cometa
Mírame con piedad; y arda el cometa, / Filis, que ahora pálido nos mira; / que a quien tus ojos muestra amor sin ira, / ¿cuál término fatal no le respeta? / Y absor
ni soles, oh, tahúr, lunas ni auroras
Ni soles, oh, tahúr, lunas ni auroras / te han visto soñolientas las pestañas; / tu estado expira, al sucesor engañas, / pues tu fe y su esperanza le empeoras. / Tu
pródiga de nariz, de ojos avara
Pródiga de nariz, de ojos avara, / espaciosa de boca, angosta en frente, / mejillas de cuaresma penitente, / y barba que en pirámide repara; / bosque do el tiempo c
rendida la cerviz al sacrificio
Rendida la cerviz al sacrificio / en la ardiente parrilla recostados / están los duros huesos abrasados, / sin mostrar de flaqueza algún indicio. / «Tu amor, mi Dio
si amada quieres ser
Si amada quieres ser, Lícoris, ama; / que quien desobligando lo pretende, / o las leyes de amor no comprehende, / o a la naturaleza misma infama. / Afectuoso el olm
si nunca baco y siempre fuente viva
Si nunca Baco y siempre fuente viva / para tus labios su licor ofrece, / y de apariencia artificial carece / esa belleza sólida y nativa, / ¿de qué causa tu aliento
si un afecto, señor, puedo ofrecerte
Si un afecto, Señor, puedo ofrecerte / al culto de tus ídolos atento, / con lágrimas de amor te lo presento; / tú en víctima perfecta lo convierte; / que en este su
soneto a madrid
Volverse han muchos a labranzas toscas, / que fueron sus primeros ejercicios; / tratarán los magnates y patricios / en rubias mieses y vacadas hoscas. / Dejarán las
suelta el cabello al céfiro travieso
Suelta el cabello al céfiro travieso, / para que recompense, oh Cintia, un rato / de los muchos que usurpa el aparato / que le añade, no gracia, sino peso. / ¡Cuánt
tajo, producidor del gran tesoro
Tajo, producidor del gran tesoro / (si a la fama creemos), cuya arena / de zafiros y perlas está llena, / tus aguas néctar, tus arenas oro; / tú pues, acrecentado c
viéndome fili en brazos de la muerte
Viéndome Fili en brazos de la muerte, / heroicamente se movió a clemencia, / y a su altivo decoro dio licencia / para inclinarse a remediar mi suerte. / Sintió el s
viéndose en un fiel cristal
Viéndose en un fiel cristal / ya antigua Lice, y que el arte / no hallaba en su rostro parte / sin estrago natural, / dijo: «Hermosura mortal, / pues que su origen lo
visto has amor, que no al rebelde brío
Visto has amor, que no al rebelde brío / de afecto natural, ni la violencia / de belleza exterior, a tu obediencia / redujo al libre pensamiento mío; / hasta que co
ya el oro natural crespes o extiendas
Ya el oro natural crespes o extiendas, / o a componerlo con industria aspires, / lucir sus lazos o sus ondas mires, / cuando libre a tus damas lo encomiendes. / O y
ya resplandece en mí como nativa
Ya resplandece en mí como nativa, / Laura, tu candidez, no como ajena; / que el indómito afecto me serena, / y sus errores generosa y viva, / así del claro Pólux se
¿cuál mérito aspiró, filis, a tanto…
¿Cuál mérito aspiró, Filis, a tanto, / si no fue remitiéndose a la suerte? / ¿Cómo me ofreces hoy, con ofrecerte / para sujeto de mi humilde canto? / Ya con súbitas
¿quién me dará jazmines y violetas…
¿Quién me dará jazmines y violetas / para ceñir a un vencedor las sienes, / que convirtió en halagos los desdenes, / donde amor despuntó tantas saetas? / Diosa Ocas