Huyo de ti, y a tus umbrales llego,
como tú infieles, Gala, y temo hallarte;
triste, que busco en los peligros parte
fiel y segura para mi sosiego.
Puédenlo ser tus fraudes, no lo niego;
mas viéndote, ¿quién pudo desarmarte?
ya mis nuevas defensas quiso al arte,
y a tu pérfido antojo las entrego.
Yo moriré quejoso y tuyo, Gala,
habiendo sido fábula increíble
de fe indiscreta y vergonzosa pena.
¡Oh justicia de amor! ¡Qué no es posible
avenirme contigo aunque seas buena,
ni dejarte de amar, aunque seas mala!