PAIS POEMA

Libros de pedro calderón de la barca

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pedro calderón de la barca

a felipe iv: tercetos
¡Oh tú, temprano sol que en el oriente / de tus primeros años has nacido / coronado de luz resplandeciente, / salve! Y en tanto que a tu grato oído / de mi voz, por cantarte, los acentos / labios son de met
a la muerte
¡Oh tú, que estás sepultado / en el sueño del olvido, / si para tu bien dormido, / pata tu mal desvelado! / Deja el letargo pesado, / despierta un poco, y advierte / que no es bien que desa suerte / duerma, y h
a la noche
Esos rasgos de luz, esas centellas / que cobran con amagos superiores / alimentos del sol en resplandores / aquello viven que se duele de ellas. / Flores nocturnas son: aunque tan bellas, / efímeras padecen
a las estrellas
Esos rasgos de luz, esas centellas / que cobran con amagos superiores / alimentos del sol en resplandores, / aquello viven, si se duelen dellas. / Flores nocturnas son; aunque tan bellas, / efímeras padecen
a las flores
Estas que fueron pompa y alegría / despertando al albor de la mañana, / a la tarde serán lástima vana / durmiendo en brazos de la noche fría. / Este matiz que al cielo desafía, / Iris listado de oro, nieve
a lope de vega carpio: décima
Aunque la persecución / de la envidia tema el sabio, / no reciba della agravio, / que es de serlo aprobación. / Los que más presumen son, / Lope, a los que envidia das, / y en su presunción verás / lo que tus g
a madrid por la dicha de ser su patrono san isidro labrador: glosa
Madrid, aunque tu valor / Reyes le están aumentando, / nunca fue mayor que cuando / tuviste tu labrador. / Aunque de gloria se viste, / Madrid, tu dichoso suelo, / nunca más gloria tuviste / que cuando,
a san isidro: canción
Coronadas de luz las sienes bellas, / conduce el sol su luminoso coche / a la estación donde madruga el día; / quitó el prestado honor a las estrellas, / y en campañas de luz venció a la noche / con los ard
a san isidro: décimas
Ya el trono de luz regía / el luminoso farol, / el fénix del cielo, el sol, / cuya edad es sólo un día. / Ya desde la tumba fría / en su fuego vuelve a ser / hoy lo mismo que era ayer; / que, si en todo es de s
a san isidro: octavas
Túrbase el sol, su luz se eclipsa cuanta / medroso esparce hasta el segundo oriente. / El viento con suspiros se levanta; / présaga España su desdicha siente: / y en tanta confusión, en pena tanta / Filipo
a san isidro: soneto
Los campos de Madrid, Isidro santo, / emulación divina son del cielo, / pues humildes los ángeles su suelo / tanto celebran y veneran tanto. / Celestes labradores, en cuanto / son amorosa voz, con santo cel
a un altar donde estaba una imagen de santa teresa en una nave: soneto
La que ves en piedad, en llama, en vuelo, / ara en el suelo, al sol pira, al viento ave, / Argos de estrellas, imitada nave, / nubes vence, aire rompe y toca al cielo. / Esta pues que la cumbre del Carmel
a un río helado
Salid, ¡oh Clori divina! / al Tormes, que ofrece hoy / fija puente a vuestra planta / su inquieto cristal veloz. / Esta vez pudo el diciembre / lo que mil pudisteis vos, / que tienen fuerza de escarcha / podere
a una gran pipa de jerez antiquísimo
¡Detente, pasajero! Aquí reposa / el Adán de los vinos jerezanos, / padre de tantos ínclitos ancianos / como duermen en torno de su fosa. / ¡Enterrado está el sol bajo esta losa!… / Pero no se lo comen los
al verte, ¡oh grave pintura!…
Al verte, ¡oh grave pintura!, / entrar en mis lares hoy / con mi edad y mi figura, / no sé qué vaga tristura / siento al decir: «Así soy.» / Tal vez pienso que mañana, / cuando de mi edad lozana / rastros quede
ayer te he visto en cuerpo…
Ayer te he visto en cuerpo: / ¡qué cuerpo tienes! / Ayer te vi en el baile… / ¡cómo te mueves! / ¡Es una burla / que haya en cuerpo tan pícaro / alma tan pura!
bellísima deidad, que repetida…
Bellísima deidad, que repetida / de uno y otro matiz vienes pintada: / bellísima deidad que iluminada / de un rasgo y otro, animas colorida: / ¿cómo estando en la lámina sin vida, / dejas la vida a tu belda
cantarcillo
Ruiseñor que volando vas, / cantando finezas, cantando favores, / ¡oh, cuánta pena y envidia me das! / Pero no, que si hoy cantas amores, / tú tendrás celos y tú llorarás. / ¡Qué alegre y desvanecido / cantas
coplas
Sale el sol, y no te veo… / Ocúltase, y no te he visto… / -Si a esto remedio le llamas, / yo prefiero el daño mismo. / Me dices que no te vea, / para que olvide tu amor… / ¡Ay! Los que pierden la vista, / solo
cuentan de un sabio, que un día
Cuentan de un sabio, que un día / tan pobre y mísero estaba, / que sólo se sustentaba / de unas yerbas que cogía. / «Habrá otro», entre sí decía, / «más pobre y triste que yo?» / Y cuando el rostro volvió, / ha
curiosísima señora…
Curiosísima señora, / tú, que mi estado preguntas, / y de moribus et vita / examinarme procuras; / quienquiera que eres, atiende, / y en cómico estilo escucha; / que he de decirte un romance / para quitarte la
de 'a secreto agravio, secreta venganza'
Cuando la fama en lenguas dilatada / vuestra rara hermosura encarecía, / por fe os amaba yo, por fe os tenía, / Leonor, dentro del alma idolatrada. / Cuando os mira, suspensa y elevada / el alma que os amab
de 'antes que todo es mi dama'
Viendo el cabello, a quien la noche puso / en libertad, cuán suelto discurría, / con las nuevas pragmáticas del día / a reducirle Cintia se dispuso. / Poco debió al cuidado, poco al uso, / del vulgo tal la
de 'la vida es sueño'
Sueña el rey que es rey, y vive / con este engaño mandando, / disponiendo y gobernando; / y este aplauso, que recibe / prestado, en el viento escribe, / y en cenizas le convierte / la muerte, ¡desdicha fuerte
de 'la vida es sueño' ii
¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! / Apurar, cielos pretendo, / ya que me tratáis así, / qué delito cometí / contra vosotros naciendo; / aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido; / bastante causa ha te
de “el gran teatro del mundo”
Jornada I, el REY / Viendo estoy mis imperios dilatados, / mi majestad mi gloria, mi grandeza, / en cuya variedad naturaleza / perfeccionó de espacios sus cuidados. / Alcázares poseo levantados, / mi vasalla
de “el josé de las mujeres”
AURELIO / «Licio, ¿la obstinación de tu porfía, / mariposa solícita del daño, / morir quiere a la luz del desengaño? / Tuyo es la culpa, la obediencia mía. / Mucho fía de sí quien de sí fía. / Sabe que Lisis
de “la exaltación de la cruz”
Jornada I, escena VII, HERACLIO / (Mirando el retrato) / Bellísima deidad, que repetida / de uno y otro matiz vienes pintada: / bellísima deidad que iluminada / de un rasgo y otro, animas colorida: / ¿cómo es
de “la primera flor del carmelo”
DAVID / ¿Quién eres, ¡oh mujer!, que aunque rendida / al parecer, al parecer postrada, / no estás sino en los cielos ensalzada, / no estás sino en la tierra preferida? / Pero, ¿qué mucho, si del Sol vestida
descripción del carmelo y alabanzas de santa teresa: romance
En la apacible Samaria, / hacia donde el sol se pone, / en túmulo de esmeraldas / yace un gigante de flores. / Verde Atlante de los cielos, / tanto su beldad se opone, / que, siendo cielo en la tierra, / parece
el cigarro
¡Lío tabaco en un papel; agarro / lumbre, y lo enciendo; arde, y a medida / que arde, muere; muere, y en seguida / tiro la punta, bárrenla, y… al carro! / Un alma envuelve Dios en frágil barro, / y la encie
el secreto
«¡Yo no quiero morirme!» / -dice la niña, / tendiendo hacia su madre / dos manecitas / calenturientas, / cual dos blancos jazmines / que el viento seca… / Un silencio de muerte / la madre guarda… / ¡Ay, si hablara,
el soldado español de los tercios
Este ejército que ves / vago al hielo y al calor, / la república mejor / y más política es / del mundo, en que nadie espere / que ser preferido pueda / por la nobleza que hereda, / sino por la que el adquiere; /
el viernes santo
Solo, negado, escarnecido, muerto, / enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!, / la frente inclinas sobre el mundo impío, / en la cumbre de Gólgota desierto. / Ebrio, entretanto, y de baldón cubierto, / el mort
elegía en la muerte del príncipe don carlos
¡Oh! rompa ya el silencio el dolor mío, / y en lágrimas y quejas desatado, / al mar corra y al viento, que bien fío / del mar hoy y del viento mi cuidado, / pues patrimonio son del mar y el viento, / a un t
en la muerte de la señora doña inés zapata
Sola esta vez quisiera, / bellísima Amarili, me escucharas, / no por ser la postrera / que he de cantar afectos suspendidos, / sino porque mi voz de ti confía / que esta vez se merezca a tus oídos / por lasti
estas que fueron pompa y alegría…
Estas que fueron pompa y alegría / Despertando al albor de la mañana, / A la tarde serán lástima vana / Durmiendo en brazos de la noche fría. / Este matiz que al cielo desafía, / Iris listado de oro, nieve
éstas que fueron pompas y alegría
Éstas que fueron pompas y alegría, / despertando al albor de la mañana, / a la tarde serán lástima vana, / durmiendo en brazos de la noche fría. / Este matiz que al cielo desafía, / iris listado de oro, nie
estos son españoles, ahora puedo…
Estos son españoles, ahora puedo / hablar encareciendo estos soldados / y sin temor, pues sufren a pie quedo / con un semblante, bien o mal pagados. / Nunca la sombra vil vieron del miedo / y aunque soberbi
estoy, señor, de mí tan desprendida…
Estoy, Señor, de mí tan desprendida, / y de toda afición tan apartada, / que, por el don que os intereso, nada / sacrificar pudiera agradecida. / Voto os hiciera de dejar la vida, / si ya no fuese vuestra,
gloria
-Dime: ¿por qué suspiras, / bendita madre, / cuando de regocijo / tiemblan los aires? / Di: ¿por qué lloras? / ¿No oyes que las campanas / tocan a gloria? / ¡Oh! Dejadme que llore… / Dejad que muera… / ¡Al hijo de
hurí de cabellos de oro…
Hurí de cabellos de oro: / dícenme que quieres tú / que te cuente un cuento moro…- / Uno sé que es un tesoro, / y me lo contó Benzú. / En África se lo oí, / de Abbás en el campamento: / óyelo, preciada hurí; / qu
insomne y soñoliento; con bufanda…
Insomne y soñoliento; con bufanda / (recuerdo del turbante) en el estío; / ajeno su magnánimo desvío / del siglo a la ruidosa propaganda; / adversario pasivo del que manda, / y absoluto señor de su albedrío
la moña
¡Cuán airosa y ufana en la corrida / irá la noble fiera, engalanada / con tan bella divisa, regalada / por tan ilustre dama y tan garrida! / Cárdena sangre de la oculta herida / matizará la seda recamada, / y
la vida es sueño - jornada i - escena i
Sale en lo alto de un monte Rosaura en hábito de hombre, de camino, y en representando los primeros versos va bajando. / ROSAURA / Hipogrifo violento, / que corriste parejas con el viento, / ¿dónde, rayo
la vida es sueño - jornada i - escena ii
SEGISMUNDO / ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! / ROSAURA / ¡Qué triste voz escucho! / Con nuevas penas y tormentos lucho. / CLARÍN / Yo con nuevos temores. / ROSAURA / ¡Clarín! / CLARÍN / ¡Señora! / ROSAURA / Huygamos lo
la vida es sueño - jornada iii - escena xix
SEGISMUNDO / Es verdad, pues: reprimamos / esta fiera condición, / esta furia, esta ambición, / por si alguna vez soñamos. / Y sí haremos, pues estamos / en mundo tan singular, / que el vivir sólo es soñar; / y l
lágrimas que vierte un alma arrepentida
Ahora, señor, ahora / que ya este humano edificio / en el polvo de su fin / se reduce a su principio; / ahora que descompuesto / este vital artificio / que un suspiro gobernó, / le va faltando un suspiro; / ahora
las palmeras
Gentil palmera lánguida crecía / entre los muros de cercado huerto, / y, amortajada en su ramaje yerto, / cual alma sin amor desfallecía. / Luchó empero tenaz… hasta que un día / consiguió descubrir el camp
licio, ¿la obstinación de tu porfía?…
«Licio, ¿la obstinación de tu porfía, / mariposa solícita del daño, / morir quiere a la luz del desengaño? / Tuyo es la culpa, la obediencia mía. / Mucho fía de sí quien de sí fía. / Sabe que Lisis con trai
manjar de los fuertes
El género humano tiene / contra las fieras del mundo, / por más que horribles le cerquen, / su libertad afianzada, / como a sustentarse llegue / de aquel Pan y de aquel Vino, / de quien hoy es sombra éste… / Na
panegírico: al excelentísimo señor almirante de castilla
Mil veces sea repetido el día, / señor excelentísimo, en que vea / quieta España su heroica Monarquía. / Repetida la luz mil veces sea, / señor excelentísimo, en que Francia / los desengaños de su orgullo c
penitencia de san ignacio
Romance / Con el cabello erizado, / pálido el color del rostro, / bañado en un sudor frío, / vueltos al cielo los ojos, / más muerto que vivo, haciendo / de gemidos y sollozos / los suspiros una esfera, / las lág
por la primera vez hoy es tu día…
Por la primera vez hoy es tu día… / ¡Ven a mi corazón, prenda adorada… / orgullo de la esposa más amada, / vida de mis entrañas, hija mía! / ¿Qué te dirá de un padre la ufanía? / ¿Qué te dirá tu madre embel
romance amoroso a una dama
¿No me conocéis, serranos? / Yo soy el pastor de Filis, / cera a su pecho de acero, / esclavo a sus ojos libres. / Huésped en vuestras riberas, / oponer de amor me visteis / a las armas vencedoras / resistencia
ruiseñor que volando vas…
Ruiseñor que volando vas, / cantando finezas, cantando favores, / ¡oh, cuánta pena y envidia me das! / Pero no, que si hoy cantas amores, / tú tendrás celos y tú llorarás. / ¡Qué alegre y desvanecido / cantas
salve manjar del cielo
Salve manjar del Cielo, / salve Pan de la Gracia, / salve Vida del Cuerpo, / salve Candor del Alma, / salve, salve mil veces, / pues tú me salvas.
si el instrumento de mis labios templo
Si el instrumento de mis labios templo / para cantaros, Virgen especiosa, / obra de Dios tan única y dichosa, / que sola Vos de Vos sois vivo ejemplo, / enmudece la voz por que os contemplo / la Madre de Di
si esta sangre, por dios, hacer pudiera…
Si esta sangre, por Dios, hacer pudiera / que la herida a los ojos la pasara, / antes que la vertiera la llorara, / fuera elección y no violencia fuera. / Ni el interés del Cielo me moviera, / ni del Infier
soneto a un altar de santa teresa
La que ves en piedad, en llama, en vuelo, / ara al suelo, al sol pira, al viento ave, / Argos de estrellas, imitada nave, / nubes vence, aire rompe y toca el cielo. / Esta, pues, que la cumbre del Carmelo
sueña el rey que es rey
Sueña el rey que es rey, y vive / con este engaño mandando, / disponiendo y gobernando; / y este aplauso, que recibe / prestado, en el viento escribe, / y en cenizas le convierte / la muerte, ¡desdicha fuerte
tirana la idolatría…
Quintillas / Tirana la idolatría / a su imperio mal regido, / ignorante presidía / en cuyo engaño el olvido / muertas las almas tenía. / Y entre ciegos pensamientos / de adoraciones inciertas, / los cuerpos como
viendo estoy mi beldad hermosa y pura…
Viendo estoy mi beldad hermosa y pura; / ni al rey envidio, ni sus triunfos quiero, / pues más imperio ilustre considero / que es el que mi belleza me asegura. / Porque si el rey avasallar procura / las vid
viendo estoy mis imperios dilatados…
Viendo estoy mis imperios dilatados, / mi majestad mi gloria, mi grandeza, / en cuya variedad naturaleza / perfeccionó de espacios sus cuidados. / Alcázares poseo levantados, / mi vasalla ha nacido la belle
¡ay mísero de mí!
¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! / Apurar, cielos, pretendo, / ya que me tratáis así / qué delito cometí / contra vosotros naciendo; / aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido. / Bastante causa ha
«año nuevo», ¡qué sandez!…
«Año nuevo», ¡qué sandez!, / hoy pregona el añalejo, / sin ver que es un año viejo / que ya a servir otra vez. / Año…, ¡te vas, y me dejas! / ¡Y sois treinta los ingratos!- / Id con Dios, perdidos ratos, / que
¿qué género de ardor es el que llego?…
¿Qué género de ardor es el que llego / hoy a sentir, que más parece encanto, / pues luciendo tampoco abrasa tanto / y abrasando tan mudo, arde tan ciego? / ¿Qué género de llanto es sin sosiego / éste, que a
¿quién en la humana suerte habrá tenido?…
¿Quién en la humana suerte habrá tenido / juntos tantos afectos desiguales? / Males, ¿pues no bastó haber sido males, / sino males opuestos haber sido? / Al cielo vida por saber le pido / de un trino Dios m
¿quién eres, ¡oh mujer!, que aunque rendida?…
¿Quién eres, ¡oh mujer!, que aunque rendida / al parecer, al parecer postrada, / no estás sino en los cielos ensalzada, / no estás sino en la tierra preferida? / Pero, ¿qué mucho, si del Sol vestida, / qué
¿ves esa rosa que tan bella y pura...?
¿Ves esa rosa que tan bella y pura / amaneció a ser reina de las flores? / Pues aunque armó de espinas sus colores, / defendida vivió, mas no segura. / A tu deidad enigma sea no obscura, / dejándose vencer,