País Poema

Autores

pedro calderón de la barca

el viernes santo

Solo, negado, escarnecido, muerto,
enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!,
la frente inclinas sobre el mundo impío,
en la cumbre de Gólgota desierto.
Ebrio, entretanto, y de baldón cubierto,
el mortal, en su infame desvarío,
adora una beldad de aliento frío,
pálida y mustia cual cadáver yerto.
¡Perdónalo, Señor! Que si en tal hora
la majestad de tu dolor ultraja
e ingrato y loco tu Pasión olvida,
su espíritu inmortal se agita y llora
por sacudir del cuerpo la mortaja…
y vive en él como enterrado en vida!