País Poema - Autores

ezra pound

a dives
¿Quién soy yo para condenarte, oh Dives, / yo que estoy tan amargado / por la pobreza / como lo estás tú por la inútil riqueza?
a madame lullin
Te sorprenderá que un hombre de ochenta años / pueda seguir escribiéndote versos… / ¡El pasto brota debajo de la nieve / los pájaros cantan hasta la última época
abanico para su majestad la emperatriz
Oh, abanico de seda blanca, / pálido como la escarcha en un tallo de hierba, / a ti también te dejan de lado.
acerca de su propio rostro reflejado en un espejo
¡Oh extraño rostro ahí sobre el espejo! / Oh blasfema compañía, oh santo anfitrión, / Oh mi tonto rostro barrido por la tristeza, / ¿Cuál es la respuesta? ¡Oh tú,
alba
Fresca como las pálidas hojas húmedas / de los lirios del valle / al alba yace ella junto a mí.
albatre
Esta señora en su blanca bata de baño que ella llama un peignoir, / es, por ahora, la amante de mi amigo, / y los delicados pies blancos de su perrito blanco / no
antigua sabiduría, más bien cósmica
So-Shu soñó / y habiendo soñado que era un ave, una abeja, y una / mariposa, / dudaba de por qué debería intentar sentirse como cualquiera / otra cosa, / de ahí su co
cantar cxx
He intentado escribir el Paraíso. / Que no os mováis. / Dejad hablar al viento / ese es el Paraíso. / Que los dioses olviden / lo que he realizado. / A aquellos a quien
cantar xlv
Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra / Con bien cortados bloques y dispuestos / de modo que el diseño lo cobije, / con usura no hay paraíso pintado p
cántico del sol
El pensamiento de lo que Estados Unidos sería / si los clásicos tuvieran mayor circulación / turba mi sueño. / El pensamiento de lo que Estados Unidos / el pensamie
canto cxx
He tratado de escribir el Paraíso. / No te muevas / deja que hable el viento / ese es el Paraíso. / Que los dioses perdonen lo que / he creado. / Que aquellos a quienes
canto xlv
Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra / Con bien cortados bloques y dispuestos / de modo que el diseño lo cobije, / con usura no hay paraíso pintado p
canto xxxii
“La revolución”, dijo Mr. Adams, / “tuvo lugar en las mentes del pueblo”. / …con sesenta cañones, diez toneladas de pólvora, / 10,000 mosquetes y bayonetas, plomo
causa
Reúno estas palabras para cuatro personas, / alguien más puede cazarlas al vuelo, / oh mundo, lo siento por ti, / no conoces a esas cuatro personas.
cino
¡Bah! He cantado a mujeres de tres ciudades, / pero todas son una; / así que cantaré del sol. / Labios, palabras, y tú los enlazas, / sueños, palabras, y son como j
coito
Los dorados falos de los azafranes / se confían al aire de la primavera. / Aquí yace la nada de los dioses muertos, / pero una procesión de festival, / una procesió
como un ovillo de hebras de seda estampado contra una pared…
Como un ovillo de hebras de seda estampado contra una pared / ella bordea la tapia de un sendero en los jardines de Kensington / y se va muriendo poco a poco / de
de ægypto
Yo, sólo yo, he conocido los caminos / a través del cielo, el viento por lo tanto es mi cuerpo. / Yo he contemplado a la Dama de la Vida, / yo, sólo yo, quien vue
doria
Sé en mí como la eterna tristeza / del viento del desierto, y no / como son las cosas transitorias− / con la alegría de las flores. / Y tenme en la dura soled
el árbol ha entrado por mis manos…
El árbol ha entrado por mis manos, / la savia ha subido por mis brazos, / el árbol ha crecido en mi pecho – / hacia abajo, / las ramas salen de mí, como brazos. / Árb
el desván
Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros. / Ven, amiga, y recuerda / que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos, / y nosotros tenemos ami
el encuentro
Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral / ella me exploraba con sus ojos. / y cuando me levanté para marcharme / sus dedos fueron como el tejido /
el jardín
En robe de parade Samain / Como un ovillo de hebras de seda estampado contra una pared / ella bordea la tapia de un sendero en los jardines de Kensington / y se v
el retrato
Los ojos de esta dama muerta me hablan, / porque en ellos estuvo el amor, y no fue posible ahogarlo. / Y en ese cuerpo el deseo, que no pudo ser borrado / con bes
en una estación del metro
La aparición de estos rostros en la multitud; / Pétalos en una rama oscura y húmeda.
encargo
Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho, / id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones, / llevadles mi desprecio hacia sus opresores. / I
epitafios
FU I / Fu I amaba la alta nube y la colina, / Ay, murió de alcohol. / LI PO / Y Li Po también murió borracho. / Quiso abrazar una luna / en el Río Amarillo.
erat hora
«Gracias, venga lo que viniere» y volviéndose, / como un rayo de sol sobre flores colgantes / ensombrece cuando el viento las alza a un lado. / Me dejó. No, venga
famam librosque cano
¿Tus canciones? / ¡Oh! Las pequeñas madres / las cantarán en el crepúsculo, / y cuando la noche / se desvanezca al beso de la aurora / que ama y mata, / la hora que las
francesca
Saliste de la noche / Con flores en las manos. / Vas a salir ahora del tumulto del mundo, / De la babel de lenguas que te nombra. / Yo que te vi rodeada de hechos p
gato domesticado
“Me agrada estar entre mujeres bellas. / ¿Por qué mentir sobre estas cosas? / Lo digo una vez más: / Me agrada platicar con las mujeres bellas / aunque no hablemos
he tratado de escribir el paraíso…
He tratado de escribir el Paraíso. / No te muevas / deja que hable el viento / ese es el Paraíso. / Que los dioses perdonen lo que / he hecho. / Que aquellos a quienes
imagen de d' orleans
Esos jóvenes que cabalgan por la calle / en la rutilante estación que empieza / clavan las espuelas sin razón alguna, / haciendo saltar a sus corceles. / Y al paso
in exitum culusdam
“¡Los tiempos que corren son amargos” Oh, todo eso está / muy bien, / pero, ¿dónde está el viejo amigo que no haya decaído, / o negado su saludo cuando tú, antes
la buhardilla
Ven, apiadémonos de aquello cuya situación es mejor / que la nuestra. / Ven, amiga mía, y recuerda / que los ricos tienen sirvientes y / no amigos, / y nosotros tenem
la capa
Conservas los pétalos de la rosa / hasta que las horas de la rosa terminan, / ¿piensas que te besará la muerte? / ¿piensas que la Oscura Casa / encontrará en ti tan
la mujer del mercader del río: una carta
Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente / jugaba en el portal delantero, recogiendo flores. / Tú viniste con zancos de madera jugando a los ca
la tumba de akr caar
«Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado / Estos cinco milenios y tus ojos muertos / No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo, / Y tus miembros ligeros, que
la zambullida
Querría bañarme en extrañeza: / estas comodidades amontonadas encima de mí, / me asfixian! / ¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo, / amigos nuevos, caras nuevas
letanía nocturna
¡Oh Dios, purifica nuestros corazones! / ¡Purifica nuestros corazones! / Sí, las líneas que has depositado en mí / en sitios de hermosura / y la belleza de esta tu
meditatio
Cuando considero cuidadosamente los curiosos hábitos de los perros / Estoy obligado a concluir / Que el hombre es un animal superior. / Cuando considero los curio
menguaba la posición de la familia…
Menguaba la posición de la familia, / y por esta razón la tierna Aurelia, / que había reído dieciocho veranos, / hoy sufre el contacto paralitico de Phidippus.
mujeres ante un aparador
Las chucherías de ámbar y turquesa falsas / las atraen. / “Casi parecen auténticas”: ¡Estas llamativas baratijas!
n. y.
¡Ciudad mía, mi amor, blanca mía! ¡ah, esbelta, / óyeme! Óyeme y un alma te infundirá mi soplo. / Suavemente en el caramillo, ¡escúchame! / Ciudad mía, mi amada, /
portrait d'une femme
Vuestra mente y Usted son nuestro mar del Sargasso, / Londres ha soplado sobre Usted esta veintena de años / Y barcos brillantes le han dejado esto o aquello en
retrato de una mujer
Tu mente y tú son nuestro Mar de los Sargazos, / Londres ha flotado en torno a ti durante estos últimos años / y brillantes naves te han dejado esto o aquello c
sabiduría antigua, algo cósmica
So-Shu soñó / y habiendo soñado que era un pájaro, una abeja y una mariposa, / quedó incierto de por qué debía tratar de sentirse otra cosa, / de ahí su contento.
saliste de la noche…
Saliste de la noche / y había flores en tus manos, / ahora saldrás de una muchedumbre, / de un tumulto de dichos sobre ti. / Yo que te ví entre las cosas primordial
satiemus
¿Y qué si supiera tus discursos palabra por palabra? / Y si tú supieras que los conozco ¿hablarías? / y qué si supiera tus discursos palabra por palabra, / y todo
separación en el río kiang
Ko-jin fluye al oeste desde Ko-kaku-ro / Se borran las flores de humo sobre el río / Su solitaria vela empaña el cielo lejano / Y ahora veo tan solo el río / El lar
silet
Cuando contemplo mi negra, inmortal tinta, / brotada de mi imperecedera pluma −¡ah, bien distante! / ¿Por qué detenernos del todo por lo que pienso? / Basta
un objeto
Esta cosa, que tuvo un nombre y no un corazón / ha adquirido familiaridad donde pudo haber afecto, / y nada ahora / disturba sus reflexiones.
un pacto
Yo hago un pacto contigo, Walt Whitman. / Ya te he detestado lo suficiente. / Llego a ti como un niño crecido / Que ha tenido un padre testarudo; / Ya tengo edad pa
una muchacha
El árbol ha entrado en mis manos, / la savia ha ascendido por mis brazos, / el árbol ha crecido en mi pecho− / hacia abajo, / las ramas brotan de mí, como bra
y así en nínive
¡Ay! Soy un poeta y sobre mi tumba / las doncellas esparcirán pétalos de rosa / y los hombres mirtos, donde la noche / mata al día con su negra espada. / “¡Mira! es
y cuando kien ouen subió al trono…
Y cuando KIEN OUEN subió al trono / su tío procedió a destronarlo, diciendo: / Como Tcheou-kong cuidaba a Tching-ouan su sobrino… / protegerlo de las trampas de s
y los días no son tan plenos
Y las noches no son tan plenas / Y la vida se desliza como un ratón de campo / Sin agitar la hierba.
yo soy tu alma, nikoptis. he velado…
“Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado / Estos cinco milenios y tus ojos muertos / No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo, / Y tus miembros ligeros, que
zapatillas negras: bellotti
En la mesa de más allá, / tras haberse quitado las zapatillas de ante, / con los pies enfundados en medias blancas / y cuidadosamente posados sobre una servilleta
¡mi ciudad, mi amada, mi blanca!…
¡Mi ciudad, mi amada, mi blanca! / ¡Ah, delgada, / escucha! Escúchame, y con un soplido te echaré dentro un alma. / Delicadamente sobre la caña, ¡préstame atenció
“gracias, venga lo que viniere” y volviéndose…
“Gracias, venga lo que viniere” y volviéndose, / como un rayo de sol sobre flores colgantes / ensombrece cuando el viento las alza a un lado. / Me dejó. No, venga