william wordsworth
agua, puro elemento…Agua, puro elemento, dondequiera abandonas / tu mansión subterránea, hierbas verdes y flores / de brillante color y plantas con sus bayas, / surgiendo hacia la vida, adornan tu cortejo; / y en el estío, c
ahora, mientras los pájaros…Ahora, mientras los pájaros cantan alegres melodías / y los pequeños corderos retozan / como si bailaran al son de un tambor, / a mí me invade la pena: un lamento me brindó alivio pasajero / y ahora recob
amonestación y respuesta«¿Por qué sobre esa vieja piedra, / durante toda la jornada, / William, así solo te sientas / y entre sueños el tiempo pasas? / ¿Dónde están tus libros? ¡La luz / a este ciego mundo legada! / ¡Arriba! Aspira
aves acuáticasVed cómo los plumosos habitantes del agua, / con tal gracia al moverse, que apenas se diría / inferior a la angélica, prolongan / su curioso placer. Describen en el aire / (y a veces con volar osado, que
camposanto en el sur de escociaAcotado del hombre y al borde de una sima / donde el torrente espuma, veréis el cementerio. / Allí la liebre alcanza su más tranquilo sueño / y los elfos, nevados de luna, entran y danzan / para crédulos
cielo tras la borrascaUn solo paso, que me libertó de los límites / de aquel ciego vapor, abrió a mis ojos / un tan vivo esplendor como no viera nunca / el despierto sentido ni el alma en sus ensueños. / Fué la visión, de pron
el barranco encantadoNo era ficción de tiempos remotos: una piedra / de azul celeste, al fondo del barranco sin sol, / muestra aún claramente las pisadas / que los pequeños elfos, en la escena pulida / dejaron, al danzar con
el muchacho danésEntre dos páramos hay una quebrada / Y un espacio que parece sagrado / A las flores de las colinas, / Y sagrado al cielo encima. / En este valle pequeño y abierto / Hay un árbol por la tempestad golpeado; / E
el preludioHay en la suave brisa una ventura / o visita que roza mi mejilla / y es casi sabedora de ese gozo / que trae desde los campos y del cielo. / Sea cual sea su misión, a nadie / hallará más agradecido, hastiad
ella era un fantasma del deleiteElla era un fantasma del deleite / cuando por vez primera la vi, / ante mis ojos resplandeciente: / una adorable aparición enviada; / para adornar un instante; / Sus ojos eran como estrellas del creúsculo, /
extraños arrebatos de pasión he conocidoExtraños arrebatos de pasión he conocido: / y sólo me atreveré a susurrar / sobre el oído de otro amante / lo que una vez me sucedió. / Cuando ella me amaba percibía, / frescos como la rosa en junio, cada d
halconesUna abeja zumbadora, un pequeño y susurrante arroyo / un par de halcones girando al vuelo / en clamorosa agitación alrededor de la cima / de una alta roca-su aérea citadela; / por cada una y todas estas c
iba solitario como una nube…Iba solitario como una nube / que flota sobre valles y colinas, / cuando de pronto vi una muchedumbre / de dorados narcisos: se extendían / junto al lago, a la sombra de los árboles, / en danza con la brisa
la casa de un párroco en el oxfordshireDónde empieza la tierra sagrada o dónde acaba / la profana, no hay línea visible que lo muestre; / mézclase el césped y los senderos se enlazan, / y donde quiera vague tu paso sigiloso, / el jardín y el d
la excursión«Cuando medito a solas en el hombre, / en la naturaleza, en esta vida, / veo alzarse ante mí series de imágenes / que acompaña un resquicio de delicia / pura, sin mezcla de tristeza. Y soy / consciente de a
las dos sepulturasTal como en una soleada hondura / se oculta, defendido de los vientos de Marzo, / un tierno cordero / resguardado por su familia, / igualmente ese montoncito de tierra / se halla al amparo de otro muy próxi
lucíaVivía en las regiones solitarias, / por donde nace el Dove, / una doncella a quien nadie alababa / y a quien querían pocos: / violeta junto a una musgosa piedra, / medio oculta al viandante, / bella como un l
oí mil notas mezcladasOí mil notas mezcladas, / Mientras en la arboleda me sentaba reclinado, / En ese dulce ánimo en que los serenos pensamientos / Traen ideas de tristeza a mi pensamiento. / A sus bellas obras la naturaleza
sorprendido por la alegríaSorprendido por la alegría, impaciente como el viento, / me volví para emprender el regreso. / ¿Y con quién, excepto contigo, / enterrada en lo profundo del silencioso sepulcro, / en ese lugar que ninguna
¡oh ruiseñor!¡Oh ruiseñor! Tú eres / de ardiente corazón: / tus notas nos penetran, nos penetran, / tumultuosa, indómita armonía. / Cantas como si el dios del vino / te dictara un mensaje de sátira amorosa: / una canción
¿por qué estás silenciosa?¿Por qué estás silenciosa? ¿Es una planta / tu amor, tan deleznable y pequeñita, / que el aire de la ausencia lo marchita? / Oye gemir la voz en mi garganta: / Yo te he servido como a regia Infanta. / Mendi