sorprendido por la alegría
Sorprendido por la alegría, impaciente como el viento,
me volví para emprender el regreso.
¿Y con quién, excepto contigo,
enterrada en lo profundo del silencioso sepulcro,
en ese lugar que ninguna vicisitud puede perturbar?
El amor, el amor fiel, en mi mente te recordó,
¿pero cómo pude olvidarte? ¡A través de qué poder,
aún en la más insignificante división de una hora,
me ha engañado, vuelto ciego, ante mi peor pérdida!
Fue el peor dolor que la tristeza alguna vez transportó,
salvo uno, solo uno, cuando me sentí destruido
sabiendo que el tesoro sin igual de mi corazón ya no existía;
que ni el tiempo presente, ni los años no nacidos,
podrían devolver a mi vista ese rostro celestial.