PAIS POEMA

Libros de william morris

Autores

william morris

amor completo
¿Has anhelado, a través de los cansados días, / la visión fugaz del rostro amado? / ¿Has clamado por un instante de paz / en medio del dolor de las penosas horas? / ¿Has rogado por el sueño y la muerte / cu
canción de muerte
¿Qué es aquello que viene del oeste arrasando todo? / ¿Y quiénes son estos que marchan firmes y extraviados? / Traemos el mensaje que los ricos han enviado / Abatiendo a los condenados a despertar y sab
dos rosas rojas a través de la luna
Había una dama que en un gran salón vivía, / de ojos grandes, apariencia alta y esbelta; / que siempre cantaba de mediodía en mediodía, / Dos rosas rojas a través de la luna. / Cierta vez un caballero lle
ecos de la casa del amor
El Amor nos regala cada don que nos permite vivir. / El Amor nos roba cada don que nos evita sufrir. / El Amor desata los labios en palabras de vanidad. / El Amor ata los labios cuando se dice una verda
el amor es suficiente
El amor es suficiente: aunque el mundo disminuya, / Y los bosques no tengan voces salvo la voz de la pena, / Aunque el cielo sea demasiado negro para que los débiles ojos / Perciban el rubor dorado de l
el cuervo y la hija del rey
Cuervo: Hija del Rey, sentada en la alta torre, / Mientras el verano es el escudo de muchos, / ¿Porqué te lamentas mientras las nubes pasan? / Entre la costa y el campo los altivos cisnes cantan, / ¿Porqu
el dolor y el tiempo no luchan
¿Qué parte de la pavorosa eternidad / son esos extraños minutos que he ganado, / aturdido con la duda del amor y el dolor, / cuando puedo ver tu rostro delicado / un momento antes del adiós? / ¿Qué parte de
el mensaje del viento de marzo
Bella es ahora la primavera, y la tierra mira / con los ojos de un amante el rostro del sol; / la luz se perpetúa, y la esperanza abraza / los acres de verde que de a poco florecen. / ¿Siempre seremos fel
la historia de sigurd el volsungo y la caída de los nibelungos
En eso el sol ascendió y aligeró toda la tierra, / y la luz brilló hasta los cielos desde los bordes de la gloriosa circunferencia; / pero ellos se alzaron juntos, y con ambas palmas extendidas, / bañad
la melodía de las siete torres
Nadie va hacia allí ahora: / Qué queda allí para ver? / de las filas de almenas desoladas / y el pesado techo de plomo gris? / "Por lo tanto", dijo la Bella Yolanda de las Flores, / esta es la Melodía de la
muerte infame
Éramos cuatro en torno al lecho, / El sacerdote se arrodilló junto a él / Su madre de pie en la cabecera, / Frente a sus pies aguardaba la novia; / Estábamos seguros de que había muerto, / Aunque sus ojos p
un jardín junto al mar
Conozco un pequeño jardín de cerca, / Exuberante con el lirio y la rosa roja, / Donde yo vagaba, si me permite decirlo, / Desde la mañana a la noche húmeda de rocío, / Teniendo conmigo a un compañero erra