la historia de sigurd el volsungo y la caída de los nibelungos
En eso el sol ascendió y aligeró toda la tierra,
y la luz brilló hasta los cielos desde los bordes de la gloriosa circunferencia;
pero ellos se alzaron juntos, y con ambas palmas extendidas,
bañadas en la luz que regresa, ella gritó en voz alta y dijo:
¡Salve, oh, Día y tus Hijos, y tus parientes de las cosas de color!
¡Salve, oh, Noche que aguardas, y tu hija que lleva tus alas vacilantes!
Mira hacia abajo con ojos indómitos
y danos los corazones victoriosos, y el botín por la cual vivimos.
¡Salve, Señores del Hogar Divino, y ustedes, Reinas de la Casa de Oro!
¡Salve, tú, querida y próspera Tierra, y la riqueza de tus campos!
¡Danos, a tus nobles hijos, la gloria de la sabiduría y la palabra,
y los corazones y las manos que sanan, las bocas y las manos que enseñan!