PAIS POEMA

Libros de heinrich heine

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heinrich heine

ahora, ¿adónde?
Ahora, ¿adónde? El torpe pie / quisiera llevarme a Alemania. / Mas la razón, prudente, mueve / la cabeza, como diciendo: / Es cierto que acabó la guerra, / pero quedan cortes marciales, / y dicen que escribis
aquel poderoso hechizo
Aquel poderoso hechizo / olvidar no podré nunca: / la oía por vez primera, / y era su voz suave música / que el pecho oprime, y los ojos / con dulces lloros enturbia, / sin que el alma se dé cuenta / del bienes
con motivo de la llegada de un amigo
-Oh, amigo mío, el de las largas piernas, / El de las largas piernas de progreso. / ¿Por qué a París tan azorado vienes? / ¿Qué hay tras el Rhin de nuevo? / ¿Ha sonado por fin en nuestra patria / De liberta
cuestiones
A orillas del mar desierto, / Junto al piélago intranquilo, / Un joven lleno de dudas / Se detiene pensativo, / Y así a las ondas inquietas / Dice con aire sombrío: / -«Explicadme de la vida / El arcano no sabi
dos hombres hay ante la iglesia, y visten
I / Dos hombres hay ante la iglesia, y visten / los dos traje purpúreo. / Es uno de ellos el monarca; el otro… / el otro es el verdugo. / Dice al verdugo el rey: -«Ya las postreras / oraciones escucho; / están
el caballero herido
El caballero herido / Muchas historias he oído; / ninguna, como ésta, cruel: / un hidalgo bien nacido / está de amor malherido, / y su dama le es infiel. / Por infiel y por traidora, / a la que insensato adora /
el doppelgänger
En calma está la noche, en las calles no hay sonidos, / En aquella casa vivió mi tesoro. / Hace mucho que Ella abandonó el pueblo, / Pero la casa, sin embargo, no se ha movido. / Allí también hay un hombr
el emperador de la china
Mi padre fue un zoquete, templado y receloso; / Mas yo el champagne apuro, y sé un monarca ser. / ¡Oh mágica bebida! yo descubrí gozoso, / Que cuando alegre libo el néctar espumoso, / La China se embriaga
el rey haraldo
En brazos de fada hermosa / yace el noble rey Haraldo; / en el fondo del mar yace, / y los días van pasando. / Ni vivir ni morir puede, / tal la fada lo ha hechizado; / y en ese dulce martirio / lleva ya doscie
el tambor mayor
¡Qué cambio! miradle, es el cansado, / Viejo tambor mayor: / Allá cuando el imperio florecía, / Rozagante y feliz se contempló. / Erguido, y en los labios la sonrisa, / Orgulloso movía su bastón; / Los galone
epílogo
Enterrar quiero mis cantos, / Quiero enterrar mis quimeras; / Féretro insondable quiero, / Fosa necesito inmensa. / Ha de guardar muchas cosas / El ataúd bajo tierra; / Quiero que tenga más fondo / Que el tonel
godofredo rudel y melisenda de trípoli
¡Oh castillo de Bley! Tus aposentos / aún con flotantes pliegues cubren hoy / viejos tapices, que con diestra mano / la condesa de Trípoli bordó. / Los bordó con la aguja y con el alma, / bañándolos en lágr
insomnio
Cuando de noche pienso en Alemania, / No desciende a mis párpados el sueño; / Mis ojos no se cierran, mas los mojan / Mis lágrimas de fuego. / El tiempo va pasando; ya doce años / Desde que vi a mi madre tr
intermezzo lírico
Érase un caballero macilento, / Trémulo, triste, silencioso y lento, / Que vagaba al acaso, / con inseguro paso, / Siempre en hondos ensueños sumergido, / Tan desairado y zurdo y distraído, / Que susurraban f
l'intermezzo
Preludio / Es en el antiguo bosque, / Es en la selva encantada; / Se respira, el grato aroma / Que la flor del tilo exhala, / Y fulgor maravilloso / De la luna solitaria, / Mi corazón va llenando / De delicias ol
la barca
¡Carcajadas y canciones! / Los rayos del claro sol / Sobre las aguas derraman / Su sonriente fulgor: / Alegre barca las ondas / Mecen con su oscilación; / Con mis amigos mejores / Sentado en ella voy yo. / Choca
la diana
Bate sin miedo el tambor, / Y abraza a la cantinera: / He aquí la ciencia entera; / Esta, del libro mejor, / Es la acepción verdadera. / Que de tu tambor el ruido / Despierte al mundo dormido: / Toca con ardor
la fortuna
¡Ah, señora Fortuna! inútilmente / desdeñosa te muestras. Tus favores / conquistaré con ánimo valiente / como todos los bravos luchadores. / En la reñida lid caerás domada; / ya forjo el yugo al que serás u
los dioses griegos
Bajo la luz serena de la luna / Como el oro en fusión el mar rïela, / Resplandor que el fulgor del claro día / Con la molicie de la noche mezcla, / La vasta playa misterioso alumbra, / Y en el azul del
los tejedores de silesta
Silenciosos, sin fe, no brilla el llanto / De aquellos hombres en los ojos secos. / Crujen sus dientes, fúnebres canciones / Ante el telar sentados van diciendo: / «Vieja Alemania, tu sudario helado / Ya te
mi alma se parece al mar
Mi alma se parece al mar: / tiene olas y tempestades; / pero en sus profundidades / muchas perlas se han de hallar.
mi padre fue un zoquete, templado y receloso
Mi padre fue un zoquete, templado y receloso; / Mas yo el champagne apuro, y sé un monarca ser. / ¡Oh mágica bebida! yo descubrí gozoso, / Que cuando alegre libo el néctar espumoso, / La China se embriaga
nueva primavera
En su amor la mariposa / Vuela de la fresca rosa / Sobre el cáliz perfumado; / Un rayo del sol ardiente / La baña amorosamente / Con su resplandor dorado. / Pero ¿a quién ama la rosa? / ¿Quién el amor de la her
pon en mi pecho niña, pon tu mano
Pon en mi pecho, niña, pon tu mano. / ¿No sientes dentro lúgubre inquietud? / Es que .en el alma llevo un artesano / que se pasa clavando mi ataúd. / Trabaja sin descanso todo el día; / y en la noche trabaj
soñé una vez con ardientes amores
Soñé una vez con ardientes amores / con bellos bucles, mirtos y resedas / dulces labios y palabras acerbas / tristes melodías de tristes canciones. / Disperso e inerte ha mucho está mi sueño / disperso está
soy ilsa, la princesa que hechizada
Soy Ilsa, la princesa que hechizada / guarda el río en sus antros misteriosos; / ven conmigo a mi espléndida morada, / y seremos felices y dichosos. / Ven a bañar en mi raudal fecundo / tu frente atribulada
un azraíta
Al jardín todas las tardes, / cuando quiere anochecer, / la hija del sultán hermosa / baja y pasea por él. / Junto a la fuente sonora / detiene el paso tal vez / y los limpios surtidores / ve saltar y oye caer.
una mujer
Se amaban con frenética pasión; / ella era una ramera; él un ladrón; / cuando él fraguaba alguna fechoría, / se echaba ella en la cama, y se reía. / Pasaba el día en huelga y sin afán, / y la noche en los b
¡ah, señora fortuna!, inútilmente…
¡Ah, señora Fortuna!, inútilmente / desdeñosa te muestras. Tus favores / conquistaré con ánimo valiente / como todos los bravos luchadores. / En la reñida lid caerás domada; / ya forjo el yugo al que serás
¡cuán tristes, oh primavera…
¡Cuán tristes, oh Primavera, / cuán tristes son hoy tus goces! / Vírgenes atribuladas / en ansioso tropel corren, / la túnica desceñida, / los cabellos en desorden, / y con ayes lastimeros / «¡Adonis!» gritan «
¡estad tranquilos!
De Bruto con el sueño dormimos confiados; / Mas despertó, y a César hirió con su puñal; / Que los romanos eran malsines desalmados, / Insignes tiranófagos sin ley y sin piedad. / No vive entre nosotros ro