En calma está la noche, en las calles no hay sonidos,
En aquella casa vivió mi tesoro.
Hace mucho que Ella abandonó el pueblo,
Pero la casa, sin embargo, no se ha movido.
Allí también hay un hombre mirando fijo hacia arriba,
Retorciendo sus manos presa del dolor.
Me horrorizo al contemplar su rostro:
-La luna me muestra el mío-.
¡Tú, mi Doble! ¡Tú, pálido compañero!
¿Por qué imitas mi querida aflicción,
Aquella que me atormenta en este lugar
Desde hace tantas, tantas noches atrás?