gabriel bocángel
a un ruiseñorAbril volante, viva primavera, / tan viva, que engañado en tus colores, / te dio el tiempo el castigo de las flores, / que el invierno a su vida parca es fiera. / No moriste, volaste a más esfera, / pues Fi
al viento su esperanza y su porfíaAl viento su esperanza y su porfía, / siguiendo Apolo a Dafne, encomendaba; / el miedo, con que el paso aceleraba, / su blanco pie de plumas guarnecía. / De su madeja el oro reducía / el viento a rayos con
alzad, señor, vuestra sión divinaAlzad, Señor, vuestra Sión divina / adonde, ingrato a tanto beneficio, / la deidad hizo el hombre sacrificio, / y, siendo él fulminado, la fulmina. / No logre la ambición de peregrina / la culpa en ese, aun
amante ruiseñor que das al vientoAmante ruiseñor que das al viento / las quejas donde vive mi esperanza; / que, aunque el viento es imagen de mudanza, / sólo en él mi dolor vive de asiento. / En ti turbó la paz de tu elemento / aquel brazo
aunque de europa el robador divinoAunque de Europa el robador divino / siente el desdén, a Europa disculpaba; / queriendo ser vencida, peleaba, / que hay defensas que muestran el camino. / Del rencor femenil es tan vecino / el gusto que en
bárbaro el fénix a su fin aplicaBárbaro el Fénix a su fin aplica / incendios, por nacer de su occidente; / que fiar de un ocaso un nuevo oriente, / noble acción, pero bárbara, se explica. / Mas Fabia, sol de España, se dedica / hoy a tu l
bruto feliz, venciste; ya se inclinaBruto feliz, venciste; ya se inclina / todo animal a ser tu viva historia. / No te cupo en la vida la victoria, / la victoria escondiste en la ruina. / Muerte que ha menester fuerza divina / deidad tuvo de
cese ya de un engaño repetidoCese ya de un engaño repetido / la confusión, oh Fabio, y sus horrores / no turben los divinos resplandores / de la verdad que profanó mi olvido. / Experiencias ilustran el sentido; / peligro es hoy lo que
como en estancia, que de mármol finoComo en estancia, que de mármol fino / ostenta el suelo, rapazuelo ocioso, / con ágil mano y ademán brioso, / azota el breve torneado pino; / y, mientras ve que el circular camino / dura en la esfera que ba
como enfermo que anhela en lecho ardienteComo enfermo que anhela en lecho ardiente / alcanzar con excesos mejoría, / y su engaño no más, o su porfía, / le alivia, con que crece el accidente; / y como el ciervo, que la flecha siente, / huye en vano
crece el dolor y, en orden a su aumentoCrece el dolor y, en orden a su aumento, / el mismo mal me presta resistencia. / ¿Quién hasta agora ha visto la paciencia / convertirse en especie de tormento? / La costumbre de un largo sentimiento / hizo
creció el infierno aquí, nilo violentoCreció el infierno aquí, Nilo violento / de llamas, y tan ciego en lo enemigo / que de sus iras no dejó un testigo / ni a sus estragos permitió un lamento. / No pareció del cielo tal portento / (aun en veng
crédito fue de la naturalezaCrédito fue de la naturaleza / tu Oriente, pues de ti su pompa fía; / tu muerte providencia, que temía / sus dones apurar en tu largueza. / Lauro más inmortal de tu cabeza / logra tu Fama que tu Monarquía: /
creyó el jordán que vez segunda oíaCreyó el Jordán que vez segunda oía / la voz de Juan, que en vos determinaba; / que, a pesar de distancias, enfrenaba / a iguales pasmos su corriente fría. / Pudo dudar, pues os oyó este día, / y pues a Jua
culpa, celia, tu error y no tu dañoCulpa, Celia, tu error y no tu daño; / única te formó naturaleza. / Pues dime, ¿por qué quiere tu belleza / darte segunda con tan nuevo engaño? / No se rompió el espejo, no, y extraño / que eche menos tu vi
del ya postrero sueño en que yacíaDel ya postrero sueño en que yacía / el solícito amante se burlaba / Anaxarte, mirando que robaba / la nieve su postrera rosa fría. / Ella, rebelde siempre despedía, / no la dureza, mas el alma brava, / y al
detén, jáuregui docto, el curso altivoDetén, Jáuregui docto, el curso altivo / de tu pincel que eternidad reparte, / cuando naturaleza, cuando el arte / cede al lino espirante, al metal vivo. / Tus milagros simétricos no escribo, / porque sabrá
dio el agua procurada sepulturaDio el agua procurada sepultura / -ya no es fábula huésped- a Narciso. / El que imitar su clara muerte quiso, / el valor poseyó por hermosura. / Venturoso murió, pues le procura / reducir un empleo y un avi
dos naufragios se oponen igualmenteDos naufragios se oponen igualmente / a aquella que en beldad venció a Narciso, / cuando en las aguas imitarle quiso, / dando a sus soles líquido occidente. / Licio la ve en el mar menos presente / que en s
en vivas ondas de ofendida granaEn vivas ondas de ofendida grana / desata a Lisi procurada herida. / Menos siente la púrpura perdida / que el tener experiencias ya de humana. / Quedó cual rosa que expiró temprana, / tarde avisada de desva
entonces vivo, porque muero, cuandoEntonces vivo, porque muero, cuando / me enseña amor a más morir, viviendo; / que no es pena el morir, es vida, habiendo / morir que se dispone, no acabando. / Morir procura amor, siéndole blando / fin, que
escrito en roma está, yo lo he notadoEscrito en Roma está, yo lo he notado / -y aun me extrañé de incrédulo testigo-, / que el que a más llegare con su amigo / le tenga el pecho en parte reservado; / porque si acaso le reduce el hado / a padec
ese de la amistad indicio raroEse de la amistad indicio raro, / ígneo docto, palacio de Agustino, / que a ser espejo, más que riesgo, vino, / pues salió de peligro, siendo claro, / lisonja es contra Esculapio avaro; / cuando, más que el
ese reloj que mano soberanaEse reloj que mano soberana / (dádiva siendo) le selló de indicio, / y, haciendo más de ley el beneficio, / el estruendo excusó de la campana; / esa cadena que, en labor no vana, / suspende al tiempo su vol
esta partida imagen de la vidaEsta partida imagen de la vida, / reloj luciente o lumbre numerosa, / que la describe fácil como rosa / de un soplo, de un sosiego interrumpida; / esta llama que al sol desvanecida, / más que llama parece m
este morir, esta postrera suerteEste morir, esta postrera suerte / es imagen del miedo repetida; / en cuanto a ser imagen tan temida, / pues la imaginación la hace tan fuerte. / ¿Cuándo en, pues, el morir? (porque se acierte). / ¿Al quere
este, que a voz en grito (¡o bulequino!)Este, que a voz en grito (¡o Bulequino!) / aclamas de Juan de Austria, en prominente / ciudad augusta: Joven altamente / (si humanidad con todos) es divino. / Maborte le ciñó de acero fino / su victo
felice yo, si de mis sueños tiemploFelice yo, si de mis sueños tiemplo / lo rápido en aqueste precipicio. / Templo fue aquel ayer, hoy es su indicio. / ¿Adónde huyo, si padece el templo? / Justo, aunque adverso, Jove, te contemplo, / si el a
fénix divino que en mortal orienteFénix divino que en mortal oriente / desvanece en luz tu sepultura, / y heredada en sí misma tu hermosura / burla nuestro dolor y tu occidente. / La pompa funeral, el llanto miente, / pues no estaba tu ser
filis, en cuyo amante muerte fieraFilis, en cuyo amante muerte fiera / robó más alma que dejó a su vida, / y de su esposo la mortal herida / en huérfanas reliquias hoy venera, / vio un retrato, una imagen lisonjera, / de verdadero amor somb
gerardo, quien su engaño repetidoGerardo, quien su engaño repetido / gime, aunque gima presto en mil horrores, / merece el sol de eternos resplandores, / a favor de la noche de su olvido. / Mas, quien no rompe fueros al sentido / en vano p
grandes los ojos son, la vista breveGrandes los ojos son, la vista breve / (o amor la abrevia, porque a herir apunta); / arco es la ceja, y el mirar es punta / a quien amor sus vencimientos debe. / A su mejilla el nácar, nácar debe; / adonde
habla, bulto animado, no tu esquivoHabla, bulto animado, no tu esquivo / silencio a tu moderno padre ofenda; / déjame hablar a mí porque se entienda / cuál el pintado es o cuál el vivo. / Tú no sientes, ni yo, puesto que vivo / de dar a mi d
hablando con su dama ya difuntaCobrote el cielo en tu primer mañana / humana flor, no muerta, interrumpida, / en fe de que viviste aquí ofendida / ese instante no más que fuiste humana. / ¡Qué temprano quedó tu nieve, o grana / de las ir
hasta cuándo esta tinta, dime, fabio¿Hasta cuándo esta tinta, dime, Fabio, / pondrá tu engaño sobre tu cabeza? / Quien hace la traición naturaleza / tema del tiempo el alevoso agravio. / Mas ya que con discurso poco sabio / ultrajas de los añ
hasta que mueres tú, joven valienteHasta que mueres tú, joven valiente, / el morir y el rendirse fue una cosa; / ya dos serán, pues muere y no reposa / ese primer cadáver y viviente. / Tan sólo tú, después de tu occidente, / dejas la Parca a
hoy a tu brazo infiel, hebreo esquivoHoy a tu brazo infiel, Hebreo esquivo, / yace Dios otra vez; no cual primero / divino fénix, en ardor severo / de altas cenizas se repite vivo. / Hoy nos llama a su amor lo discursivo, / pues amante murió t
hoy, fabio, te casaste con lisenaHoy, Fabio, te casaste con Lisena, / que ayer te dio de amor dulces venenos; / en vasos viles de ponzoña llenos / mal la abeja de amor su miel ordena. / No te aseguro yo la mar serena, / ni que con tal baje
hoy, noroña, el sangriento rey de fierasHoy, Noroña, el sangriento Rey de fieras / confunde su ruina con su gloria. / No te costara el golpe la victoria, / si el amago del golpe dividieras. / Premio al deseo no capaz esperas, / hoy renovando de H
huésped, no yace aquí, falta severoHuésped, no yace aquí, falta severo / aquel que, con doctísima experiencia, / al mismo Apolo que le dio la ciencia / sólo en tiempo le deja ser primero. / Porque durase de la muerte el fuero, / incompatible
huye del solHuye del Sol, el Sol, y se deshace / la vida a manos de la propia vida, / del tiempo, que a sus partos homicida, / en mies de siglos las edades pace. / Nace la vida, y con la vida nace / del cadáver la fábr
huye por minas de cristal y granaHuye por minas de cristal y grana / en Finea diluvio sucesivo; / piedra que excluye el propio humor nativo / por quedarse más piedra, más tirana. / Helado pedernal, herido mana / vivas centellas que le fing
jacinta, aquel artífice violentoJacinta, aquel artífice violento, / negando el agua misma que derrama, / a la engañada sed dio tanta llama / que esconde en el cristal otro elemento. / No se querella el labio del tormento / de ver, que le
la voz a italia, cuando el eco a españaLa voz a Italia, cuando el eco a España, / fía el sagrado cisne que venero. / Dúdase dónde se escuchó primero, / si el eco es voz, pues como voz engaña. / No es hoy la maravilla más extraña / de Urbano, que
lloras, filis, que el pueblo te murmuraLloras, Filis, que el pueblo te murmura / la vida, la opinión y el ejercicio, / y que da, temerario, a todo indicio, / como a delito, su mordaz censura. / Y es que llega tu audaz desenvoltura / a querer que
lloro, filis, mas es sin aparienciaLloro, Filis, mas es sin apariencia, / que sé dolerme, mas quejarme ignoro; / lloro hacia el corazón: sepa que lloro / el dolor, pero no la diligencia. / Aunque es agua no opone resistencia / al fuego que e
mendoza prodigioso, a quien la famaMendoza prodigioso, a quien la fama / jamás es mucha, bien que en todo es toda, / a cuya estirpe sabia sea o goda / ciñe equívoco el sol su virgen rama, / ¿cómo arde tanto el sol? ¿Alumbra o ama?, / que aun
miré un laurel, cuyo desdén sagradoMiré un laurel, cuyo desdén sagrado, / de espesa rama, Apolo no vencía. / Allí para el desdén Dafne aún vivía / y a Febo aún no perdona su cuidado. / ¿Qué mucho que mi amor desengañado / ensordezca a experi
no donde plumas de oro el tajo bañaNo donde plumas de oro el Tajo baña, / cisne de Lusitania peregrino, / es mayor, porque muera de divino / cuando su voz postrera al mar engaña. / Si cisne muere allí, cisne de España / en don Álvaro nace pe
no puede ser; y miente el sentimientoNo puede ser; y miente el sentimiento, / que el dolor, como ciego, no es testigo, / o padece excepción como enemigo / que presenta la lid al sufrimiento. / Temo de Filis un falso pensamiento, / y más cuando
no se debió a la bala tu caídaNo se debió a la bala tu caída / (que no es seguro el plomo en lo ligero); / sin llave estaba, rayo más severo, / que deja ociosa tu segunda herida. / Muriendo naces hoy, fiera escogida; / el brazo te reser
noble ciudad, de reyes coronadaNoble ciudad, de reyes coronada, / firme a la clara luz de dos fortunas: / por glorias llenas de menguantes lunas, / después por soles godos ilustrada. / Desde hoy contemplo que una y otra espada / en manos
ocios son de un afán que yo escribíaOcios son de un afán que yo escribía / en ruda edad con destemplada avena; / arbitrio del amor, que a tal condena / a aquel que la templanza aborrecía. / Canté el dolor, llorando la alegría, / y tan dulce t
oh tú, que el polvo amado mudamenteOh tú, que el polvo amado mudamente / prescribes, duro origen de mi llanto, / ya que la muerte te autoriza tanto, / cómo sabes mi aplauso, cómo siente, / cuenta a Lisi mi amor; ya no consiente / desdén inju
oyendo en el marYa falta el sol, que quieto el mar y el cielo / niegan unidos la distante arena: / un ave de metal el aire estrena, / que vuela en voz cuanto se niega en vuelo. / Hijo infeliz del africano suelo / es, que h
propone el autor discubrir en los afectos del amorYo cantaré de amor tan dulcemente / el rato que me hurtare a sus dolores / que el pecho que jamás sintió de amores / empiece a confesar que amores siente. / Verá como no hay dicha permanente / debajo de los
recoge el temerario lino aladoRecoge el temerario lino alado, / Palinuro, que miró el mar furioso, / y agravio hará (que le hace el poderoso) / sólo de verte a tu defensa armado. / Calle el remo, aun el voto esté callado, / que es traba
róguete, oh lisi, que tu edad floridaRóguete, oh Lisi, que tu edad florida / gozases antes de esta edad helada; / despreciaste mi aviso, y, entregada, / te miro al daño tarde arrepentida. / En la vejez, que llega no entendida, / dos daños sien
sabio marqués, con quien apolo parteSabio Marqués, con quien Apolo parte / el laurel que corona numeroso, / porque otro medio círculo glorioso / reservas a sus previstas glorias Marte; / decidme: ¿por qué siempre amor reparte / la pena, el ll
sceva, después de la postrera heridaSceva, después de la postrera herida / con que dejó su fama rubricada, / así vendió su muerte, así su espada, / ya que compró su gloria con su vida. / «¿No hay quien lleve -exclamó- de mi caída / la nueva a
señor, estoy de vos tan alcanzadoSeñor, estoy de vos tan alcanzado, / cuando el discurso a contemplar permito, / que, aunque me habéis sufrido de infinito, / representáis paciencia de olvidado. / Yo que dormí, de vuestra voz llamado, / hoy
tu obstinado cadáver nos advierteTu obstinado cadáver nos advierte / que hay vida muerta, pero no vencida, / pues solo en tu valor, solo en tu vida, / algo miró después de sí la muerte. / Fuerte es la Parca, pero tú más fuerte: / no se deb
un tirano formó de bronce ardienteUn tirano formó de bronce ardiente, / estudiando el mayor horrendo insulto, / un toro, en cuyo horrible y hueco bulto / arder miró al infausto delincuente. / Por no moverse a pena del doliente, / ni dar a l
venciste, filisVenciste, Filis. Ya en el pecho mío / hoy la primer terneza se introduce, / y cual hielo en que el sol infante luce / lloro, mas con valor rebelde y frío. / Mengua mi obstinación, no mi albedrío; / que este
venganza fue de amor, flechada en vanoVenganza fue de amor, flechada en vano, / ese atrevido y castigado fuego / donde, más que deidad, mostró ser ciego, / cuando tu agravio le fió a tu mano. / Un elemento es enemigo humano / para mover a un so
viendo españa la pérdida tempranaViendo España la pérdida temprana / de Carlos, que hoy los astros acrecienta, / a deidad memoriosa se lamenta / que en Templo no mortal reside ufana. / Divina en ciencia y en respuesta humana, / no sólo con
vivo de amor tan libreVivo de amor tan libre, y he vivido, / que voluntario pruebo su dolencia, / dando ejercicio a tanta resistencia / como huelga en mi pecho endurecido. / Miro la llama a la distancia asido, / siendo costumbre
vuestra carrera creo y la imaginoVuestra carrera creo y la imagino, / pues sólo deja señas de creída. / Yo os vi tan uno que os sobro una vida, / veloz Marqués, alado Bernardino. / La saeta en el viento cristalino / no sólo alcanzaréis, ha
ya de puro dolor, dolor no sientoYa de puro dolor, dolor no siento, / que es ya naturaleza mi cuidado, / y a los males estoy tan enseñado / que temo más la dicha que el tormento. / Sobra el desdén y basta el pensamiento / para acabar un pe
ya el polvo no es ruina, sino aliento Ya el polvo no es ruina, sino aliento, / ya lo inmortal de lo mortal se fía. / Aquí paró en acierto la osadía / y esculpió sus ideas el intento. / Próvido elige el barro el instrumento, / buscando
yo aquel que un tiempo con semblante ledoYo aquel que un tiempo con semblante ledo / ice sagrado. amor, de la huída, / mi libertad, que aún vive defendida, / rindo a tu imperio, aunque negarle puedo. / Que si temiendo amar cautivo quedo / en la pe
yo cantaré de amor tan dulcementeYo cantaré de amor tan dulcemente / el rato que me hurtare a sus dolores, / que el pecho que jamás sintió de amores, / empiece a confesar que amores siente. / Verá cómo no hay dicha permanente / debajo de l
¡señor, que viera un pedernal helado…¡Señor, que viera un pedernal helado / sangre de fuego de un acero herido! / ¡Y que a la cera el bronce endurecido / hurte obediencias, del calor tratado! / ¿Qué tiemble un monte al rayo sospechado, / y el
¿de qué seno infernal, de cuyo seno…¿De qué seno infernal, de cuyo seno / fuego infame, te opones al glorioso? / De origen dulce, efecto venenoso, / yo mismo te idolatro y te condeno. / Sólo es verdad en ti, de horrores lleno, / el martirio,
¿qué engaños, celia, qué locuras mueve…¿Qué engaños, Celia, qué locuras mueve / un ciego error, y loco más que ciego, / si, cuando yo compito con el fuego, / estudias exceder la blanca nieve, / si el oro vago das al viento leve, / cuando a su er
¿qué importa al mongibelo estar nevado…¿Qué importa al Mongibelo estar nevado / si en fuego oculto las entrañas arde? / Lo mismo que el amor tiene de alarde / halla de menos en lo venerado. / Más dura en la república del prado / la rosa que el c
¿qué son los celos? el mayor tormento…¿Qué son los celos? El mayor tormento; / áspid que del veneno se alimenta, / con que a otros mata; infierno que atormenta / la memoria, el discurso, el pensamiento. / Quimeras admitir, abrazar viento, / hac
¿quién es, gaspar ilustre, el que fallece…¿Quién es, Gaspar ilustre, el que fallece: / tú en tu dolor o tu fatal hermano? / El no murió, porque con bulto vano / tu pálida memoria nos le ofrece: / tú no, porque en tu oriente resplandece / la luz de