PAIS POEMA

Libros de carmen conde

Autores

carmen conde

adolescencia
En el Alba de su vida el deseo / le surgió en su boca la sonrisa / por hallarse ante el amor. / Era niña que vivía hasta en sueños / su ardor, y la sangre palpitaba / al hallarse con su amor. / Sin el Alba ni
adolescentes
Sobre la eterna piedra del mundo tan compacto / la traza débil, fresca, de tu desnudo cuerpo. / Todo es muy duro y agrio, se rebela enemigo, / y te alzas tan joven y segura, tan tierna… / No es verdad que
albañiles en mar menor
Porque todo está igual, porque siempre será lo mismo, / pasan y sonríen, pasan y se alejan con sus días iguales / sobre espaldas cansadas de doblegarse al sol y al trabajo… / Levantan casas para los otr
amante
Es igual que reír dentro de una campana: / sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles. / Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo / y yo te transparento: soy tú para la vida. / No se acaban tus ojos
amor
Ofrecimiento. / Acércate. / Junto a la noche te espero. / Nádame. / Fuentes profundas y frías / avivan mi corriente. / Mira qué puras son mis charcas. / ¡Qué gozo el de mi yelo!
ante ti
Porque siendo tú el mismo, eres distinto / y distante de todos los que miran / esa rosa de luz que viertes siempre / de tu cielo a tu mar, campo que amo. / Campo mío, de amor nunca confeso; / de un amor rec
aunque te diga no, empéñate en sí
Aunque te diga No, empéñate en Sí, / y si te empujo, procura tú vencerme. / Así que te rechace de mi vida / azotará mi espíritu el perderte. / ¡Intuyo que una hoguera tan perfecta / nunca nadie podría ya en
ausencia del amante
He vuelto por el camino sin yerba. / Voy al río en busca de mi sombra. / Qué soledad sellada de luna fría. / Qué soledad de agua sin sirenas rojas. / Qué soledad de pinos ácidos, errantes… / Voy a recoger m
blanda e insumergible plataforma líquida…
Blanda e insumergible plataforma líquida / por la cual caminamos, leves, / en confiado avance dentro de ti… / ¿Fue en Tiberíades tan densa la sal del mar, / como la tuya? / Ajenos a cuanto no seas tú, vamos
canción al hijo primero
Hijo de la tierra, / te arrojó el Jardín. / Aunque veas sombras / no quieras lucir. / Tu madre era bella, / la secan los vientos. / Tu madre era tierna, / se quema en el yermo. / Tu madre mordía / la flor del manza
canto funeral por mi época
A Vicente Aleixandre / Yo misma reclamando a los arcángeles, / ¿qué soy más que una voz descompasada? / La tierra suma tierras sin raíces, / oscuros vendavales de tormentas… / Los cuerpos van sin alma, son
clavan su presencia palpitante…
Clavan su presencia palpitante / sobre un oro cansado de ceniza, / pájaros oscuros que se mecen / en el dorso del agua estremecida. / Silencios sus gargantas amontonan, / inertes van las alas en sus flancos
conformidad
¡Cuánto, Señor, te debo por todos los momentos / en que pudiste hacerme sufrir y no lo hiciste! / Las horas del dolor suman tiempos tan lentos / que más que por la edad se enveceje por triste.
confusión
Ahora empezarás, mi vida, / a no dejarme vivir. / A que los días y sus noches sólo sean / el ahogo feroz de tu encuentro. / De tu incorporación a mí, / de tu revestimiento de mí. / A que mi sangre no sepa det
contemplación absorta
Apenas si las distancias, apenas si entre los campos / se suman el mar y el cielo componiendo lejanías… / Todo está cerca, las manos alcanzan a todas partes. / Sólo es profundo el estar junto a ti, tú n
cuando eres, como ahora, hermoso y fuerte…
Cuando eres, como ahora, hermoso y fuerte, / yo te amo. / Cuando el viento se doblega para ti, / cuando a la tierra tú la rindes, yo te amo. / Yo te amo por osado, / y te amo por heroico, por audaz y porque
densísimo, que sin moverme apenas…
Densísimo, que sin moverme apenas / dentro ya de ti, sostienes mi andadura / cargada de pesantez. / No solamente tierra en declive me soportas, / sino edades: milenios, como los tuyos, / flotamos en ti… Sua
desierto sájara
Sí. Yo tuve un mar sobre mi arena. / Un mar grande sin límites, compacto. / La tierra de oro que abrasa soledades / estuvo henchida augusta del mar que ya no soy. / Picaban gaviotas mi cuerpo remeciente, /
devenir del mar menor
Creciendo en densidades, de tal forma / que en un siglo cercano serás sólido. / Plinto gigantesco y azul con suave rosa / mojándote la piel en el crepúsculo. / Toda tu blandura maleable, / la que ahora sopo
días de levante
El levante no admite señores sobre ti. / ¡Él solo te señorea! / Desierto gris, o pardo, sosegado torso tuyo; / y el levante / runfándote su amor, contigo. / Yo, sí. Yo, que floto sin moverme, / dentro del vie
dominio
Necesito tener el alma mansa / como una triste fiera dominada, / complacerle con púas la tersura / de su piel deslumbrada en mansedumbre. / Es preciso domarla, que su fiebre / no me tiemble en la sangre ni
el universo tiene ojos
Nos miran; / nos ven, nos están viendo, nos miran / múltiples ojos invisibles que conocemos de antiguo, / desde todos los rincones del mundo. Los sentimos / fijos, movedizos, esclavos y esclavizantes. / Y,
ellos, siempre tres, son tus ángeles costeros…
Ellos, siempre tres, son tus ángeles costeros. / Los tres grandes molinos que te vuelan, / se arrebatan de sol, giran ebrios de azul, / salobres velas / en las manos del viento que te baña. / Molinos que en
en la tierra de nadie
En la tierra de nadie, sobre el polvo / que pisan los que van y los que vienen, / he plantado mi tienda sin amparo / y contemplo si van como si vuelven. / Unos dicen que soy de los que van, / aunque estoy d
en la tierra de nadie, sobre el polvo…
En la tierra de nadie, sobre el polvo / que pisan los que van y los que vienen, / he plantado mi tienda sin amparo / y contemplo si van como si vuelven. / Unos dicen que soy de los que van, / aunque estoy d
encuentro
¡Gloria de tu hallazgo! / Bautismo inicial de la primavera / en oleaje de pájaros. / Se movieron las selvas inefables. / Se deshizo el otoño de sus plumas / cubriendo inviernos cándidos. / Venías tú, gentil c
entre la playa de la horadada y el puente de la greda
Cuando aún le sobra al día para seguir siendo hermosísimo / una sangre color de rosa que tiñe delicadamente al mundo, / y vivifica alcores, arrebola calas a donde el mar se reclina, / y pone entre el gr
entrega
Guardaré mi voz en un pozo de lumbre / y será crepúsculo toda la vida. / Ya girarán más leves los cuchillos / porque no encontrarán dónde herirme. / Erguida de rocíos negros, / para ti cantaré. / ¡Que no me b
estamos todos callados escuchándote que hables…
Estamos todos callados escuchándote que hables / y aunque no entendemos todos, tú nos va enumerando / tan viejos misterios tuyos, hueso puro de la vida / que el sol consume incesante al costado de tu vo
fuga en los jardines
Las más jóvenes, deseándoos, avanzan / por estas avenidas de árboles fragantes. / Evaden primavera que a las flores oxida / con un ardor oliendo a frutas, a corceles. .. / ¡Qué salvaje presencia la de las
gracia
Van a cantar las aves. Lo siento en mis costados. / Porque me tiemblan alas que nunca vi crecer. / Y súbitos los árboles sacuden sus mensajes / para que yo los coja y lleve por el viento. / Van a brotar m
hallazgo
Desnuda y adherida a tu desnudez. / Mis pechos como hielos recién cortados, / en el agua plana de tu pecho. / Mis hombros abiertos bajo tus hombros. / Y tú, flotante en mi desnudez. / Alzaré los brazos y so
hay dolores fluidos, del color de la sangre
Hay dolores fluidos, del color de la sangre, / que transcurren del pecho dulcemente, ligeros. / Y hay dolores oscuros, sinuosos, tan lentos / que poco a poco empapan hasta un henchirnos ebrio / Dolores de
historia
Este mar es un mar arracimado / en dos brazos de tierra, clamorosos / de jaloque y leveche…; es un espeso / vino viejo de sales y de yodo. / Es un mar para jóvenes intactos; / y es un mar para seres que ya
hombre con violín
Esos hombres del violín llevan su voz en el brazo / como la vena firme de una canción muchacha. / Van celándola dulces, con los ojos cerrados, / todos brasa y suspiro del ensueño que llueve / diminuto roc
horizonte doble
Campo y mar tan unidos en un cántico / pocas veces halló el hombre en el mundo. / Marinero y labriego, juntamente; / con la tierra y la red, oficio unísono. / Los sembrados del mar y de los campos / a una m
identificación
¡Mis ojos no te buscan sobre la tierra inmensa! / eres tú mis ojos dilatándose. / Mis ojos te contienen; si lloras tú por ellos / soy yo que me libero de mí para que llores. / ¡Cuán tú soy yo conmigo, amo
indescriptible
Esperar es peor que nacer, / porque solamente espera el que se muere / de esperar sin hacerse con la vida / otra cosa que esperar. El esperarte. / Y atada a esa tu espera que me gasta / y que gasta tu vida
inquietud
¿Dónde se guarda la estrella mía, / mi cristal de amor? / La noche me niega su torso de aurora / y vamos extrañas, desprendidas, / sin coincidir jamás. / ¿Para qué, si a nada le soy amor / soy yo amor en lo d
la entrega
Porque el cuerpo, / todo el cuerpo albergándole a la vida / su oscura aunque preclara omnipotencia, / siempre está aquí, estará siempre. / Y quien ama y quien desea, quiere / poseer y entregarse poseyendo. /
límite
Esfera ceñida de esferas que no pueden / escaparse de la esfera única. / Manos esféricas ciñéndose a unas piernas / que se abrazan redondas, perfectísimas. / Si esta esfera que soy ya, que fui yo siempre,
lluvia en mayo
¡Cuán hermosa tú, la desvelada! / Te lleva y te moldea dulce viento / encima de jardines y de estatuas. / Tu cuerpo es el de Venus en la orilla / eternamente mar dentro del alba. / Acude siempre a mí, séme
lo infinito
Tú vives en el alba. / Los pájaros te aclaman. / De túnicas de aves te viste la alegría. / ¡Qué aurora la que exaltas! / ¡Qué noble luz la tuya! / Te escuchan las mañanas y las noches / porque eres como un ci
madre
1. Recuperada / Sí. Eres el hueso de mi madre, / pero tu voz ya no es su voz tampoco. / La memoria de ella te rodea… / ¡Su joven estatura, su alegría, / aquel ímpetu que me dio la vida! / su palabra fue marca
nos miran…
Nos miran; / nos ven, nos están viendo, nos miran / múltiples ojos invisibles que conocemos de antiguo, / desde todos los rincones del mundo. Los sentimos / fijos, movedizos, esclavos y esclavizantes. / Y,
nostalgia de mujer
Mil años ante Ti son como sueño. / Como de aguas el grosor de una avenida. / Hierba que en la mañana crece, / florece y crece en la mañana / aunque a la tarde es cortada y se seca. / ¿Qué es el tiempo ante
ofrecimiento
Acércate. / Junto a la noche te espero. / Nádame. / Fuentes profundas y frías / avivan mi corriente. / Mira qué puras son mis charcas. / ¡Qué gozo el de mi yelo!
pactemos, mi mar…
Pactemos, mi mar. / Corrobórame íntegro el pacto. / Cuando me vaya a la selva de casas / y de acuciantes urgencias anónimas, / has de acudir, tal y como te veo, / apenas mi corazón desmaye, / levantándome ant
parto de la muerte otra
Para nacerte otra vez, / quiero que vayas delante / de mis pasos por la tierra, / que, aunque pequeña, es muy grande. / Aquí estás acompañada / con mi presencia diaria, / pero huérfana de ti / yo sería, si qued
posesión
Caías en mí. / Eco de tu pesantez mi vida / era una canción precipitándose / en la eternidad. / Inmerso en mi silencio / eres el cielo que sostiene un arroyo, / que levanta un árbol. / En que un lucero corta su
primer amor
¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia! / Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo / sin haberlo soñado, sin que nunca / un ligero esperar prometiera la dicha. / Esta dicha de fuego que vacía tu
quieta, porque te miro siempre, hasta durmiendo…
Quieta, porque te miro siempre, hasta durmiendo, / veo a los otros llegar hasta ti / quitándose sus vestidos diferenciantes, / y penetrando en tu pulpa sostenedora… / ¡Si no esperara el milagro, lloraría!
roce de límites
Esto que se termina soy yo. No puedo pasar de mí. / He llegado hasta mis propios bordes; / rebosaría, derramándome, si quisiera / a la Puerta de Dios llamar. / Una mirada en sí; unos sentidos todos / dentro
seres en el mar
Desnudas las exiges, por vestirlas de ti / a las criaturas. / Por echar en sus hombros estos mantos / transparentes y puros, transformando / en el alma la carne; / arrebatándoles el polvo milenario de la gl
sobre mi mesa diaria, aprestada sobre el mar…
Sobre mi mesa diaria, aprestada sobre el mar, / hay los peces preparados por Alberto / y los peces adobados por Fuensanta. / Vino y pan, con el manjar dulcísimo / que se hacen por estos campos. / A mi mesa
suma transida
Encerrarte en palabras… / ¡Que tú, tú, quepas en verbos, nombres, / y adjetivos intactos! / Que yo lo pueda decir todo: / lo nuestro, esto que hacemos / y estaremos haciendo siempre, / eternísimamente: / hablar
te sigo, con la nostalgia de siglos…
Te sigo, con la nostalgia de siglos / que no fueron ni serán míos… / ¡No tener una edad inacabable para quererte! / Permanecer a tu orilla como a la de un joven / que corre hacia sus límites, mi limitado
todas las miradas
Las miradas son árboles que se deshojan. / Hay que penetrar lo compacto, / que taladrar el misterio para descubrir el suelo / cubierto de álamos, de olmos, / de palmípedos cedros. / La prieta vegetación hum
veinte de setiembre en las encañizadas
Es día que en setiembre se celebra / cada año. / Bol de golas, oferta de cosechas de la mar. / En la mesa del rico, convidados / los que siempre comieron sus relieves. / Volvieron las repletas pantasanas, / s
viajes por ti
Confundiéndose el agua del cielo, con el agua del mar. / Nadándolas en el barco que avanzaba en el silencio / con enajenado éxtasis, con frenético empeño / de que nunca acabara, de que siempre estuviera
vino un hombre del mar, labriego tuyo…
Vino un hombre del mar, labriego tuyo, / a traerme noticias de tu fondo. / Y de inmensa pradera fabulosa / de color y de vida, hizo el regalo. / ¡Qué bandadas de peces se repliegan / en los bancos de arena
voy ausentándome de mí
Voy ausentándome de mí. / Poco a poco, el lastre de ensueño cede / su sitio a la realidad doble / que es mi vida en transcurso. / ¡otro ser dentro de mi carne / fragua su carne, su piel, / su corazón diminuto
yo no te pregunto adónde me llevas
Yo no te pregunto adónde me llevas. / Ni por qué. / Ni para qué. / ¿Tú quieres caminar?, pues yo te sigo. / Llevo luceros, luceros, en la mano derecha. Y llevo estrellas, / estrellas, en la mano izquierda. /
¡cuán delicada luz es la del joven!
¡Cuán delicada luz es la del joven / y qué perfumada sombra la suya / junto a la mía, opaca, envolviendo el ascua / del indomable anhelo! / ¡Cuánta fragilidad en su paso, / en su atención a lo inaudible / que