Blanda e insumergible plataforma líquida
por la cual caminamos, leves,
en confiado avance dentro de ti…
¿Fue en Tiberíades tan densa la sal del mar,
como la tuya?
Ajenos a cuanto no seas tú, vamos
por el llano campo de ti, el submarino
predio del Mar Menor, y Palestina
se enciende de palmeras y de almendros,
en hogueras punzantes de nopales.
Cabras de gris pelaje ceniciento
balan con sus crías al amparo rumoroso
de arboledas primigenias… Duerme el vino
en los odres de tierra, y arcaduces gimientes
rescatan al agua dulce de su encierro.
¡Ay mis ojos ardientes, mi voz de lumbre
por pedernales tiernos a tu contacto, oh mar mío!
Quedarme quieta es el ir entre tus manos
que despiertan al sueño.