Espectro que entra de rondón, agresivo
invisible visitante,
repeluzno indiscreto, que estropea
mi tête-à-tête conmigo mismo,
bestia chantajista, que te comportas
como si la casa fuera tuya,
persiguiendo cruelmente
a tu víctima de una habitación a otra,
fastidiando monótona,
cotorra mezquina,
sucio diablo, que ensucias
hermosos ensueños, tornando la mente
en un cenagal de inquietud,
debilitando mi ansia de trabajo,
sombra sin forma ni sexo,
que excluye el consuelo,
borrando las bellezas de la Naturaleza,
neblina gris entre Dios y yo,
problema pestilente que no
se aviene a ser relegado,
qué difícil es soportarte.
La rutina es la única técnica
conocida que permite
a tu anfitrión no hacerte caso ahora:
mientras mecanografío cartas de trabajo,
pongo la mesa para uno,
engullo un almuerzo irreflexivo,
olvido por un momento tu presencia,
pero solo estoy a salvo de ti
cuando duermo profundamente.
La historia aconseja paciencia:
los tiranos vienen, como las plagas, pero nadie
puede llevar la batuta por siempre jamás.
De hecho, estás a punto de venirte abajo,
tienes los días contados: mañana
regresa Chester, mi amigo.
Entonces estarás acabada: en un abrir y cerrar de ojos
te pondrá de patitas en la calle.
Celebraremos tu ocaso
con música, jolgorio y diversión.