País Poema

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wystan hugh auden

oh, el valle en verano donde mi john y yo

Oh, el valle en verano donde mi John y yo
junto al profundo río paseábamos sin cesar
mientras las flores a nuestros pies y los pájaros en lo alto
discutían dulcemente sobre el recíproco amor,
y me apoyé en su hombro: «Oh, Johnny, vamos a jugar»:
pero él frunció el ceño cual trueno y se marchó.
Oh, aquel viernes cerca de Navidad como bien recuerdo
cuando fuimos a la función de tarde del baile de caridad,
la pista era tan lisa y la orquesta tocaba tan fuerte
y Johnny estaba tan guapo que me llenó de orgullo;
«Abrázame más fuerte, querido Johnny, vamos a bailar hasta el amanecer»:
pero él frunció el ceño cual trueno y se marchó.
¿Olvidaré alguna vez en la Gran Ópera
cuando la música brotaba de cada maravillosa estrella?
Diamantes y perlas descendían deslumbrantes
sobre cada traje de seda argentina o dorada;
«Oh, John, estoy en la gloria», susurré para decir:
pero él frunció el ceño cual trueno y se marchó.
Oh, pero era tan hermoso como un jardín en flor,
tan alto y esbelto como la gran Torre Eiffel,
cuando el vals acometió vibrante el largo paseo
oh, sus ojos y su sonrisa me atravesaron el corazón;
«Oh, cásate conmigo, Johnny, te amaré y obedeceré»:
pero él frunció el ceño cual trueno y se marchó.
Oh, anoche soñé contigo, Johnny, mi amor,
tenías el sol en un brazo y en el otro la luna,
el mar era azul y la hierba era verde,
cada estrella sacudía una pandereta redonda;
en un hoyo a diez mil millas de profundidad yacía yo:
pero frunciste el ceño cual trueno y te marchaste.