País Poema

Autores

wystan hugh auden

no hay cambio de lugar

¿Quién soportará
calor del día y peligro de invierno,
el viaje de un lugar a otro,
o aceptará de buen grado permanecer
hasta la noche en el promontorio sobre la bahía,
entre la tierra y el mar
o aguardar fumando hasta la hora del rancho,
apoyado en una verja encadenada
en el linde del bosque?
Corren los metales,
bruñidos u oxidados al sol,
de una ciudad a otra,
y por todo el camino las señales franquean el paso;
nada cruza, sin embargo,
entre estos lugares salvo sobres
arrebatados a la puerta y leídos dentro sin resuello,
y tempranas flores de primavera que llegan aplastadas,
el desastre tartamudeado por los cables,
y la pena mostrada en un destello.
Pues si llegara el viajero profesional,
al preguntarle cerca de la lumbre, permanece mudo,
declina con una sonrisa secreta,
y mientras tanto
las conjeturas sobre nuestros mapas se tornan más extrañas
y amenazan peligro.
No hay cambio de lugar:
nadie sabrá nunca
qué conversión aguarda la brillante capital,
qué fea fiesta puede estar conmemorando la banda del pueblo;
pues nadie va
más allá de la estación terminal o el cabo de los embarcaderos,
ni irá ni enviará a su hijo
a través de las colinas, más allá del almiar podrido
donde, con perro y escopeta, el guardabosques empolainado
grite: «Vuelve atrás».