PAIS POEMA

Libros de wystan hugh auden

Autores

wystan hugh auden

mientras paseaba una noche

Mientras paseaba una noche
Bristol Street abajo,
las multitudes en la acera
eran campos de madura mies.
Y allí a la orilla del río rebosante
oí cantar a un enamorado
bajo un puente del ferrocarril:
«El amor no tiene fin.
»Te querré, cariño, te querré
hasta que China y África se encuentren,
y el río salte sobre la montaña
y canten los salmones en la calle,
»te querré hasta que el océano
esté doblado y tendido a secar
y las siete estrellas pasen graznando
cual gansos por el cielo.
»Los años huirán como conejos,
pues en mis brazos tengo
la Flor de los Tiempos,
y el primer amor del mundo entero».
Pero todos los relojes de la ciudad
empezaron a runrunear y repicar:
«Oh, no dejes que el Tiempo te engañe,
el Tiempo no se puede conquistar.
»En los pliegues de la Pesadilla
donde está desnuda la Justicia,
el Tiempo observa desde la sombra
y tose cuando tú besarías.
»En los quebraderos de cabeza y en la preocupación
la vida se derrama distraída,
y el Tiempo se saldrá con la suya
ya sea hoy o mañana.
»En más de un verde valle
se adentra la nieve atroz;
el Tiempo quiebra la urdimbre de las danzas
y el radiante lazo de la que se zambulle.
»Oh, hunde las manos en el agua,
húndelas hasta las muñecas;
mira, mira fijamente el cuenco
y pregúntate qué has dejado escapar.
»El glaciar llama desde el armario,
el desierto suspira en el lecho,
y la grieta en la taza de té abre
brecha hacia la tierra de los muertos.
»Donde los mendigos se rifan billetes
y Jack está encantado con el gigante,
y el muchacho inocente despotrica,
y Jill se abre de piernas.
»Oh, mira, mira en el espejo,
oh, mira en tu desdicha;
bendita sigue siendo la vida
aunque no puedas dar tu bendición.
»Oh, asómate, asómate a la ventana
mientras las lágrimas escaldan y asustan;
amarás a tu avieso vecino
con tu avieso corazón».
Entrada, muy entrada la noche,
los amantes ya se habían retirado;
los relojes habían cejado en su repicar,
y el profundo río siguió su curso.