Plantear la pregunta difícil es sencillo:
preguntar al encontrarse
con la mirada simple del conocido
qué tal van
y cómo están;
plantear la pregunta difícil es sencillo,
el simple acto de la voluntad confusa.
Pero la respuesta
es cada vez más difícil de recordar:
en las escaleras o en la orilla
los oídos escuchan
palabras al encontrarse,
los ojos miran
las manos que auxilian,
nunca están seguros
de lo que aprenden
sobre cómo hacer estas cosas,
y olvidarse de escuchar o ver
hace que olvidar sea fácil,
solo recordar el método de recordar,
recordar solo que de otra manera,
solo la mentira curiosamente cautivadora,
temerosos
de recordar lo que ignoraba el pez,
cómo escapó el pájaro, o si obedeció la oveja.
Hasta que, al perder memoria,
pájaro, pez y oveja se tornan espectrales,
y los espectros están condenados a repetir
aquello que les causa dolor.
La cobardía pide a gritos
cielos al viento,
frialdad para el agua,
obediencia para un amo.
¿Restablecerá la memoria
las escaleras y la orilla,
el rostro y el lugar de encuentro;
vivirá el pájaro,
nadará el pez,
y obedecerá la oveja
a su manera ovejuna;
puede recordar el amor
la pregunta y la respuesta,
para que el amor recobre
lo que ha sido sombrío, intenso y cálido de nuevo?