País Poema

Autores

wystan hugh auden

la divisoria de aguas

Quien se planta, la encrucijada a la izquierda de la divisoria de aguas,
en el húmedo camino entre la cizaña
ve a sus pies los lavaderos de mineral desmantelados,
retazos de rieles de tranvía camino de un bosque,
una industria ya comatosa,
y no obstante aún viva. Un motor desvencijado
extrae agua en Cashwell; durante diez años
estuvo en explotaciones anegadas hasta este,
su último destino, desempeñado a regañadientes.
Y, más lejos, en algún que otro sitio, aunque infinidad de muertos
yacen bajo la tierra estéril, se escogen ciertos actos,
arrebatados a inviernos recientes; dos hubo
que limpiaron a mano un pozo dañado, aferrándose
al torno del que les arrancaría un temporal; uno murió
durante una tormenta, los páramos intransitables,
no en su pueblo, sino en una estructura de madera,
por niveles abandonados mucho tiempo atrás, husmeó el camino
y en su valle final recibió sepultura.
Vuelve a casa ahora, forastero, orgulloso de tu joven ascendencia,
forastero, da media vuelta, frustrado y confuso:
esta tierra, aislada, no se comunicará,
no dará alegría alguna a quien sin rumbo
deambula en busca de rostros más allá que aquí.
Los faros de tu coche quizá surquen la pared de un dormitorio,
a nadie despiertan; quizá oigas el viento
que llega arrastrado del mar ignorante
para herirse contra una ventana, contra la corteza del olmo
donde, siendo primavera, la savia sube sin trabas;
aunque rara vez. Cerca de ti, por encima de la hierba,
las orejas se aprestan antes de la decisión, presienten peligro.