País Poema

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wystan hugh auden

la carta

Desde el primerísimo descenso
a un nuevo valle con el ceño fruncido
por causa del sol y el camino errado,
con toda certeza permaneces: hoy
yo, acuclillado tras un aprisco, he oído
pasar un súbito pájaro,
clamando contra la tormenta, y visto
el arco del año cual circunferencia cumplida
y el ajado circuito del amor reiniciado,
infinito sin giro discrepante alguno.
Veremos, pasaremos, como hemos visto
la golondrina en la teja, el verde
estremecimiento preliminar de la primavera, pasó
una camioneta solitaria, el último
trajín del otoño. Pero ahora,
para truncar el ceño sosegado,
el pensamiento que empezaba a encontrar plenamente grata la noche,
llega tu carta, que habla como tú,
habla de mucho, aunque nada venidero.
Ni las palabras son cercanas ni los dedos insensibles;
si el amor no ha recibido a menudo
una respuesta injusta, se le engañó.
Yo, decoroso con las estaciones, me muevo
diferente o con un amor diferente,
tampoco pongo muy en duda el asentimiento,
la sonrisa de piedra de este dios campestre
que nunca fue más reticente,
siempre temeroso de decir más de lo que quería.