País Poema

Autores

wystan hugh auden

feliz

Hugerl, ya durante una década
de visita en mi cama,
una bendición imprevista
en una vida afortunada,
pues cómo y cuántas veces
me has hecho feliz.
Feliz de saber que disfrutamos
mutuo placer:
las mujeres pueden atrapar a sus amantes
con una pasión fingida,
pero los hombres estamos hechos de tal manera
que no podemos engañar.
Feliz de que nuestros mundos de hechizo
son tan diversos
que ninguno siente la tentación de abordarlos:
no sé distinguir
un Jaguar de un Bentley,
y tú nunca has leído.
Feliz de que cuando robaste
(también me desvalijaste a mí),
y te atraparon y te encerraron:
ambos aprendimos una lección,
sin la que a estas alturas bien podríamos seguir
siendo Strich y Freier.[*]
Feliz, con todo, de que empezáramos así,
de que nuestros senderos se cruzaran,
como personajes de Hardy,
en un momento en el que
tú necesitabas dinero
y yo quería sexo.
¿Qué hay ahora entre nosotros?
¿Amor? Amor es una palabra demasiado
harapienta. Un romance
a carta cabal desde luego no es,
ni deseo desnudo tampoco:
yo diría que encajamos,
y cuánto aprecio a Christa
que te quiere pero sabe,
buena chica, cuándo ausentarse.
No cabe imaginar
arreglo más tierno: si los mojigatos
murmuran, es ist mir Wurscht.