Revestido de talento como un uniforme,
el rango de todo poeta es bien conocido;
pueden asombrarnos como una tormenta,
o morir tan jóvenes, o vivir solos durante años.
Pueden lanzarse a la carga cual húsares: pero él
debe esforzarse por dejar atrás su don juvenil y aprender
a ser sencillo y poco elegante, a ser
alguien a quien nadie se plantearía prestar atención.
Pues, para alcanzar su más leve deseo, debe
convertirse en el aburrimiento pleno, sujeto a
dolencias vulgares como el amor, entre los Justos
ser justo, entre los Sucios sucio también,
y sobre la endeblez de su propia persona, si puede,
soportar discretamente todos los agravios del Hombre.