«Oh, ¿quién puede mirar hasta saciarse»,
dicen el granjero y el pescador,
«la costa nativa y la colina local,
envidiar el miembro dolorido o el callo en la mano?
Padre y abuelo se mantuvieron firmes en esta tierra
y aquí los peregrinos de nuestras entrañas firmes se mantendrán.»
Eso dicen el granjero y el pescador
cuando están en su momento de mejor fortuna:
pero la grave respuesta de la Muerte viene a la deriva
en la mala pesca o la cosecha perdida
o en un mayo desafortunado.
La tierra es una ostra sin nada en su interior,
no nacer es el mejor sino del hombre;
el final del esfuerzo es una orden de alguacil,
tira el azadón y baila mientras puedas.
«Oh, la vida es muy corta para los amigos que comparten»,
piensan los viajeros de corazón,
«la cama común de la ciudad, el aire,
el vivac en la montaña y la playa de baño,
donde todos los días surgen incidentes de cada
ingeniosa conversación y gesto memorable.»
Eso piensan los viajeros de corazón,
hasta que el rencor o la circunstancia los aparta
de su constante humor:
y en ese momento arranca astuto
el rumor coercitivo de la Muerte.
Un amigo es el viejísimo cuento de Narciso,
no nacer es el mejor sino del hombre;
una pareja activa es una ignominia,
cambia de pareja, baila mientras puedas.
«Oh, tiende las manos a través del mar»,
grita el amante exaltado,
«tiéndelas hacia tu herida y hacia mí.
Verde es nuestra hierba, y sensual nuestro breve lecho,
el arroyo canta a sus pies, y a su cabeza
se alimentan las afables bestias vegetarianas.»
Así grita el amante exaltado
hasta que muere la tormenta de placer:
desde el pilar de la cama y las rocas
el eco tentador de la muerte se mofa,
y su voz contesta.
Cuanto mayor el amor, más falso para su objeto,
no nacer es el mejor sino del hombre;
tras el beso viene el impulso de estrangular,
quiebra los abrazos, baila mientras puedas.
«Veo el mundo culpable perdonado»,
cantan el soñador y el borracho,
«bajan las escaleras del cielo,
el laurel brota de la sangre del mártir,
los niños brincan allí donde estuviera el doliente,
los amantes naturales y las bestias todas buenas.»
Así cantan el soñador y el borracho
hasta que el día trae su sobriedad:
como un loro con la respuesta de la Muerte
desde el miedo recién alumbrado y la mentira amadrigada,
los bosques y sus ecos resuenan.
Los deseos del corazón son retorcidos cual sacacorchos,
no nacer es el mejor sino del hombre;
el segundo mejor es una orden formal,
las pautas del baile, baila mientras puedas.
Baila, baila, que la figura es fácil,
la melodía es pegadiza y no se detendrá;
baila hasta que se desprendan del techo las estrellas;
baila, baila, baila hasta que no puedas más.