primer amor
Aunque fue nutrida, como la luna errante,
por la cría homicida de lo bello,
ella caminó un poco, enrojeció otro poco,
y se detuvo en mi camino,
hasta que llegué a pensar que su cuerpo
albergaba un corazón humano y vivo.
Pero desde que mi mano lo tocó
y encontró un corazón de piedra,
intenté muchas cosas
y ninguna resultó,
ya que se vuelve lunática
la mano que por la luna viaja.
Ella sonrió y así me transformó,
me volví un inepto,
hablando solo, balbuceando solo,
con la mente más vacía
que el circuito celeste de los astros
cuando la luna va errando.