la casa vacía
¡Mirá esta casa, cuán oscura está
bajo sus árboles de arqueadas ramas!
Ni una temblorosa hoja le grita
a ese Vigilante en los cielos.
«Aparta, aparta tu mirada inquisitiva,
inocente de los caminos del paraíso,
No reveles, luna, tan salvajamente brillante,
los secretos escondidos a la vista.»
«Secretos —suspira el viento nocturno—,
vacío es todo lo que encuentro
Cada cerradura por la que silbo
gime una llamada, débil y triste,
Ninguna voz me responde,
Solo el vacío.»
«Una vez, una vez…», canta el grillo,
Y lejos y cerca la quietud se llena
con su pequeña voz, y entonces
vuelve a caer el silencio.
Sombras mudas que se arrastran lentamente
marcan el paso de las horas.
Cada piedra se pudre pausadamente.
Y los vientos que soplan débiles
algún diminuto átomo sacuden,
descascarando el techo y las paredes.
¡Cuán oscuro
está bajo estos gruesos y arqueados árboles!