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thomas stearns eliot

deuteronomio

Mucho ha vivido el viejo, viejo Deuteronomio,
Muchas vidas de gato en una larga historia
Precede su prestigio a la Reina Victoria,
Y lo cantan baladas compuestas en su encomio.
Enterró a nueve esposas el gran Deuteronomio-,
Y aún puede que fueran más bien noventa y nueve;
Hoy su innúmera prole prospera y se conmueve,
Y aplaude nuestra aldea su bien ganada gloria.
A la vista de aquel plácido rostro viejo,
Tomando el sol ahí, pacífico y ufano,
El anciano del pueblo gruñe: “¡Por mi pellejo...!
Será o no será... ¿Sí es...? Mi mente falla,
Lo admito. Pero... es el veterano,
O creo que sería, con el pelo ya cano,
El quintañón Deuteronomio, ¡vaya!”
El gran Deuteronomio se sienta en las callejas,
O en la Calle Mayor, en día de mercado;
Mujan los bueyes, balen las ovejas,
Los perros y pastores las apartan a un lado;
Rodarán sobre el prado los coches y camiones,
Pues la gente del pueblo las calles ha cerrado
­Para que nada inquiete ni estorben los montones
El reposo del gato, tan cansado
Que no repara en ese general manicomio.
Entonces el anciano del pueblo gruñe: “¡Zas!
¿Será posible, o qué supones?
¡Válgame diablos rojos!
¡Aunque con la vejez no ven mis pobres ojos,
Intuyo que el causante contumaz
De todo esto es Deuteronomio!”
El gran Deuteronomio descansa sobre el suelo
Del Bar del Zorro Verde para dormir un pisto;
Y cuando la clientela reclama un licorzuelo
Antes de irse, la patrona: “Insisto
En que todos se marchen por la puerta trasera,”
Advierte, “porque yo, señores, no resisto
Tener que perturbar esta imagen señera,
Y llamaré a la guardia, si necesario fuera”-
Y todos se deslizan sin chistar por lo visto,
A fin de preservar la felina modorra
Que debe tutelarse por encima del momio,
Quiéralo o no el cachorro de la muy verde zorra:
Y el anciano del pueblo gruñe: “¡Por San Ignacio,
Ya me voy del espacio
Del Zorro y de la Zorra,
Pero con estas piernas me marcharé despacio,
Para no despertar al gran Deuteronomio”.