PAIS POEMA

Libros de thomas lovell beddoes

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thomas lovell beddoes

a la fantasmal luz de la luna

Es medianoche, mi esposa;
yacemos bajo
la tempestad radiante y sin temor,
en el cálido trueno:
(¡No tiembles ni llores! ¿Qué puedes temer?)
El mayor deseo de mi corazón
es verte pálida, recostada
en el más suave féretro,
a la fantasmal luz de la luna.
¿Es el viento? No, no;
solo dos demonios, que soplan
a través de las costillas del asesino
de un lado a otro,
a la fantasmal luz de la luna.
¿Quién anda ahí, dijo asustada,
agitando y despertando al pobre muerto?
Es su pala, cavando
(¡No tiembles ni llores! ¿Qué anhelas?)
donde se entrelazan las hierbas,
una cama agradable, doncella mía,
que los niños llaman tumba,
a la fría luz de la luna.
¿Es el viento? No, no;
solo dos demonios que soplan
de un lado a otro entre las costillas del asesino,
a la fantasmal luz de la luna.
¿Qué estiras sobre la blancura
de su hermosa garganta?
¿Una cadena de seda para cubrir
el brillo de su pecho?
(No tiembles ni llores: ¿qué temes?)
Mi sangre se ha derramado como vino;
me has estrangulado y asesinado, amor mío,
me has apuñalado, querido,
bajo la fantasmal luz de la luna.
¿Es el viento? No, no;
solo su duende que sopla
a través de las costillas del asesino,
bajo su propia luz de luna.