thomas lovell beddoes
a la fantasmal luz de la lunaEs medianoche, mi esposa; / yacemos bajo / la tempestad radiante y sin temor, / en el cálido trueno: / (¡No tiembles ni llores! ¿Qué puedes temer?) / El mayor deseo de mi corazón / es verte pálida, recostada /
un reloj golpeando la medianocheEscuchao el eco de los pasos del Tiempo, / Esos momentos se han perdido / En el desconocido sepulcro de los años. / Tu nombre se ha desvanecido en el olvido, / Hundido para siempre en las aguas del pasado