escrito a medianoche
Mientras a través del cristal roto suspira la tempestad,
y mis pasos vacilan sobre un suelo de incredulidad,
las sombras de los difuntos giran alégremente sobre mí
con muchas rostros que ya no veré sonreír;
con muchas voces que se han estremecido de emoción,
ahora silenciosas como la hierba que se arrastra sobre sus tumbas.