Me dije: “Ya por fin la vida mía
el objeto encontró de su ternura;
es él quien llenará con su dulzura
para todos los siglos mi alegría”.
Pero un año pasó desde aquel día;
monótona tornose mi ventura,
y vi junto a su carne prematura
huerto en sazón que mieles ofrecía.
Déjame en mi camino. Por fortuna
ni el Código Civil ha de obligarte
ni tuvimos familia inoportuna.
El tiempo ha de ayudarte a subsanarte.
Nada en mí te recuerda -salvo una
leve amplitud mayor- en cierta parte.