Después de todo el país es muy bello,
si de mí dependiera
creo que no abandonaría estos lugares,
el aire aún no está contaminado,
los árboles son hermosos hasta en invierno
—que para ellos es sólo la espera de la resurrección—
las aves cruzan los caminos
siempre las mismas
inmortales
y la gente es amable
(o por lo menos no recuerdo nada del odio, de la usura).
A mí me gustaría quedarme con ustedes.