recuerdas la noche siguiente...
¿Recuerdas la noche siguiente del día que nació mi hermano, papá? Fuiste a verme en casa de mi abuela, me dijiste: ‘vamos a dar una vuelta, hija’ Yo te seguí, como he venido siguiendo tu sombra todos estos años.
Te estacionaste cerca a la Puerta de la Ciudad, y lloraste. Fue la primera vez que te vi llorar de verdad, que entendí tu tristeza, desde ese día guardo tus lágrimas en mi memoria: para recordar que el llanto existe cuando el amor no llega a ser suficiente.
¿Recuerdas lo que me dijiste esa noche, papá? Tomaste mi mano y murmuraste que ningún momento se compara al día en que me compraste mi primer par de zapatos. Lloré, aún recuerdo tus ojos, mirándome.
Ya no sé cuándo me miras, papá. Tus ojos se hicieron grises, se fueron perdiendo en una neblina demasiado espesa. Así que ahora cuando tu mirada perdida intenta buscarme yo recuerdo aquel día. Recuerdo tus ojos cafés y tu voz diciéndome: ‘hija, perdón’
Debo confesarte papá, nunca he podido perdonar a nadie, por eso mi corazón es una caja carcomida habitada por los monstruos que creíste matar bajo mi cama. Pero papá, antes de que la arena de los años y las pesadillas forme en mí un desierto, yo te perdoné.
Siempre regreso a ese lugar, aunque no pueda regresar a ti, quisiera yo también ahora poder tomarte de la mano y…
Papá, aunque la luz se rompa yo seré tus ojos.