la muerte en vida
Las acciones más viles, como las hierbas venenosas,
florecen bien en el aire de la prisión:
es solo aquello que es bueno en el hombre
lo que allí se desperdicia y se marchita:
la pálida angustia custodia la pesada puerta,
y el guardián es la desesperación.
Porque matan de hambre al pequeño niño asustado
hasta que llora tanto de día como de noche:
y azotan al débil, azotan al tonto,
se burlan del gris anciano,
y algunos se vuelven locos, y todo se vuelve malo,
y ninguna palabra se puede decir.
Cada celda estrecha en la que vivimos
es una inmunda y oscura letrina,
y el aliento fétido de la muerte en vida
asfixia cada traje a rayas,
y todo, excepto la lujuria, se convierte en polvo
en la máquina de la humanidad.