Oh dulcísimo Jesús,
ya eres varón de dolores
que apura sangre vertida;
que amas mucho se conoce.
Si de tu pasión sagrada
contemplando sus rigores,
no te rindiese la vida,
más dura seré que el bronce.
Tus amorosas finezas
siempre pago con traiciones,
que en mi proceder villano
es la moneda que corre:
¡ese bellísimo rostro
que selló con sinrazones
mano aleve y atrevida,
pero yo descargué el golpe!
Por cinco abiertas ventanas
quiere tu piedad que logre
el entrar a contemplar,
Dios mío, tus aflicciones.
Para saber estimar
tus afrentas y dolores
será el camino más breve
tu imitación más conforme.