¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio el que madruga con la aurora,
Aunque las musas digan que enamora
Oír cantar a un ave la alborada!
¡Oh qué lindo en poltrona dilatada
Reposar una hora, y otra hora!
Comer, holgar…, ¡qué vida encantadora
Sin ser de nadie, y sin pensar en nada!
¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
Ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo
Me arrastra bostezando; y de tal modo
Tu estúpida modorra al entrarme empieza,
Que no acabo el soneto… de per…