Yo vivo de un engaño y otro engaño
en las horas prolijas de esta ausencia,
y quiere que le deba mi paciencia
lo que sí resistiera un desengaño.
Ahora, ¿qué haré, triste, que de un daño,
jamás temido, temo la experiencia,
y no le son engaños resistencia,
con que yo me defiendo y acompaño?
Yo moriré, yo moriré sin duda,
si el mal me acometiere que sospecho;
mal que no hay pecho humano que no asombre;
mal que al nombrarlo está mi lengua muda.
Ved como sufrirá su esencia el pecho,
si ella sufrir no puede sólo el nombre.