Hermoso dueño de la vida mía,
mientras se dejan ver a cualquier hora
en tus mejillas la rosada aurora,
Febo en tus ojos y en tu frente el día,
y mientras que con gentil descortesía
mueve el viento la hebra voladora
que la Arabia en sus venas atesora
y el rico Tajo en sus arenas cría;
antes que de la edad Febo eclipsado
y el claro día vuelto en noche oscura,
huya la aurora del mortal nublado;
antes que lo que es hoy rubio tesoro
venza la blanca nieve su blancura,
goza, goza el color, la luz, el oro.